Luis Lafferriere

Luis Lafferriere: "Solo una sociedad movilizada puede modificar el rumbo que llevamos"

El profesor Luis Lafferriere habló sobre las crisis recurrentes de un modelo que hace "ricos cada vez más ricos (muy pocos) y más pobres".

Lunes 04 de Julio de 2022

Analizar y comprender la realidad económica, en un país acostumbrado a vivir de crisis en crisis, es el aporte que hacia la comunidad, realiza todos los años el Programa de Extensión de cátedra Por una nueva economía, humana y sustentable, de la carrera de Comunicación Social, de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER). Está a cargo del profesor Luis Lafferriere, titular de las materias de Economía y Periodismo Económico en esa casa de estudios.

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Ante los últimos acontecimientos como la suba del dólar, la crisis por las importaciones, la inflación y el deterioro de los ingresos, en un contexto de cada vez más amplios bolsones de pobreza en el país, y de creciente exclusión social, UNO entrevistó a Luis Lafferriere para que sus reflexiones ayuden a pensar y repensar los escenarios actuales y futuros.

–—¿Por qué atravesamos una nueva crisis económica, pese a reconocer que en realidad vivimos en crisis permanentes en los últimos años? ¿Cuáles son sus características y en qué difiere ésta, de otras?

—La crítica situación económica coyuntural que se agita en los medios en las últimas semanas, es apenas un mero reflejo de la profunda crisis estructural que azota a la sociedad argentina desde hace tiempo. Un estado crítico muy preocupante, que es el resultado de un largo proceso de destrucción del viejo modelo de Industrialización por Sustitución de Importaciones (ISI), y del surgimiento de un nuevo modelo económico y social que se despliega en nuestro país a lo largo de este siglo.

Para entender esta dura realidad, donde la mitad de la población sobrevive en la pobreza, y varios millones de compatriotas pasan hambre todos los días, hay que mencionar varias causas.

Recordar, primero, que estamos viviendo en el marco del orden social capitalista, que tiene lógicas que priorizan dos cuestiones principales: la búsqueda de la máxima ganancia en la actividad de los agentes económicos, y la búsqueda del máximo crecimiento en las políticas aplicadas.

Visto de otra manera, esto quiere decir que hemos adaptado una forma de organización que tiene como valor fundamental la maximización de la ganancia por encima de cualquier otro objetivo. Es decir, eso es más importante que las relaciones sociales, que la situación de vida de la gente, que la salud, que el ambiente y que la propia vida.

Y tiene también como prioridad el logro del mayor crecimiento posible, pero sin interesar qué se produce, cómo se produce, cómo se distribuye, qué se destruye para producir eso, y qué impacto social tiene. Crecimiento implica en términos materiales sacar cada vez más recursos y a velocidades mayores, quemar cada vez más energía, y arrojar cada vez mayor cantidad de residuos y desechos en el ambiente. Esto da como resultado una estructura económica cada vez más concentrada, una situación ambiental insostenible y una estructura social con crecientes desigualdades.

—Se trata de un modelo mundial, que en el caso de Argentina tiene su proceso, y particularidades.

—En nuestro país el capitalismo se ve agravado por su situación de dependencia, proceso que viene desde la organización nacional y la inserción de nuestro país en el orden mundial capitalista en la segunda mitad del siglo XIX.

Esa situación pasó por distintas etapas. Durante casi medio siglo, desde los años ’30 hasta mediados de los ’70 del siglo XX, el modelo ISI posibilitó mejoras indudables en gran parte de la sociedad, llegando a los años 70 con bajísimos niveles de pobreza (del 3 al 4% del total), escaso desempleo, movilidad social ascendente generalizada, sistema educativo ejemplar en relación al resto del continente, una clase media extendida, un sector industrial dinámico, un sistema científico-tecnológico promisorio, una situación laboral que garantizaba a casi todos los trabajadores protección y adecuadas condiciones de ingreso y empleo.

Pero ese modelo fue agredido por una plan sistemático que buscó la destrucción de sus principales bases de sustentación (industria sustitutiva, mercado interno fortalecido y estado intervencionista apoyando esos pilares). La última dictadura hirió de muerte al modelo, que siguió en una larga y profunda crisis hasta que las políticas de los años ’90 demolieron lo que aun quedaba en pie.

Pero en ese último cuarto de siglo se fueron generando las condiciones que harían posible el nacimiento de un nuevo modelo, que se despliega a fines del 2002 y pasa por distintos momentos.

Gran expansión inicial, amesentamiento, estancamiento y crisis

Pasó por distintas etapas y diferentes gobiernos de varias camisetas partidarias, manteniendo ciertas características esenciales que marcarán el rumbo de decadencia, degradación, saqueo y periódicas caídas al abismo, que muestran los años que llevamos de este nuevo siglo.

No obstante, las crisis periódicas profundas que se viven arrojan diferencias claras de beneficiados y perjudicados, que agravarán las enormes desigualdades sociales.

—¿Cómo influyen o impactan indicadores como el dólar, exportaciones o importaciones?

—El modelo tiene algunos sectores considerados esenciales y más ‘competitivos’ internacionalmente, como la monoproducción de transgénicos, la extracción de hidrocarburos, la explotación megaminera, la depredación de bosques y recursos ictícolas, etc, que destinan su producción mayormente al mercado externo, generan muy poco empleo genuino, están en manos de un reducido número de grandes empresas mayormente extranjeras, pagan muy pocos impuestos y se llevan la mayor parte de la renta que acaparan al exterior. A eso se suman los grandes capitales especulativos que tienen rentabilidades excepcionales y gigantescas, sin mover un músculo, por el simple paso del tiempo, que luego terminan también en el exterior. Y lo hacen a costa del sacrificio del resto de la sociedad.

Resultado de este modelo es que los dólares que generan nuestras exportaciones, si bien son importantes en relación a lo que importamos, lo que da una balanza comercial favorable significativa, no alcanzan luego para cubrir los requerimientos del puñado de grandes actores corporativos y especulativos que dominan nuestra economía y se benefician de las políticas públicas.

Esa voracidad de los poderosos para acaparar la mayor parte del excedente generado por el esfuerzo social y con los recursos de nuestro territorio, provoca periódicamente crisis externas, devaluaciones fuertes del peso, y su consecuencia dolorosa para la sociedad: fuerte inflación, con transferencia de ingresos hacia los sectores más concentrados a costa de la pérdida del poder adquisitivo de la gran mayoría de los argentinos.

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—¿Cómo está en la actualidad la inversión en Salud, Educación, Acción Social y qué relación tienen además, con la redistribución de la riqueza que tanto se habla y poco se cambia? Es decir, la concentración cada vez mayor en pocas manos, del total de la riqueza que se produce en el país.

—Estos temas tienen relación con el rol que juega el Estado en la convalidación y la consolidación de este modelo neocolonial. Al gestarse una economía concentrada en sectores extractivistas en poder de un puñado de corporaciones y en actividades especulativas parasitarias gigantescas, las consecuencias son claras: no se genera trabajo genuino ni siquiera para cubrir a la pequeña cantidad de población que tenemos con necesidades laborales. Desde que culmina la primera etapa de expansión del modelo, por los años 2007-2010, en adelante, y en el marco de una economía abierta con reducidos niveles de proteccionismo, los nuevos puestos de trabajo se vinculan al sector público o a actividades de baja competitividad y productividad.

El Estado, entonces, en este nuevo modelo, debe cumplir funciones esenciales para la consolidación del mismo. Por un lado, mantener los privilegios y subsidios fabulosos a las grandes corporaciones y al capital especulativo. Por el otro, destinar recursos para mantener el orden social con más empleo público innecesario y con subsidios masivos a desocupados. Para eso necesita recursos. Y la gran fuente de recursos que son los tributos no alcanzan.

La mayor parte de la recaudación tributaria proviene de impuestos indirectos, que gravan al consumo final. Y uno de los impuestos directos que puede contrarrestar esa inequidad, como es el Impuesto a las Ganancias, recauda una ínfima proporción de lo que deberían pagar los que más tienen y más ganan. Diversos estudios demuestran que casi ni pagan ese impuesto, ya sea por exención, por elusión o por evasión lisa y llana. Entonces la carga impositiva recae sobre los consumidores finales o sobre las micro, pequeñas y medianas empresas, los trabajadores autónomos, los cuentapropistas y los sectores de menores recursos en general.

Pero como esa situación termina provocando un déficit de las finanzas públicas, los sectores que más se han beneficiado con este modelo y con el Estado, demandan que hay que hacer ajustes sobre los gastos sociales, recortando subsidios a desocupados, sueldos estatales y haberes jubilatorios.

En este esquema, la inflación es una herramienta de los sectores más concentrados de la economía para transferir recursos a su favor desde la gran mayoría de la población. Pero también es un proceso que tiene como socio fundamental al Estado, que a pesar de las declamaciones y de los anuncios de políticas antiinflacionarias, ha venido convalidando y hasta promoviendo la inflación, puesto que con ella aumenta de manera sostenida su recaudación aunque la economía no crezca.

Y a la vez le sirve para licuar los gastos sociales, los sueldos estatales y los haberes de los jubilados.

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—¿Cómo podría desencadenar la actual situación económica, con este rumbo, y si cree que la población es consciente tanto de las consecuencias del actual proceso como también de las promesas que se hacen hoy en vistas a la campaña electoral 2023?

—La actual situación económica es preocupante. Estamos muy mal, puesto que las actividades económicas son las que se realizan a los efectos de generar los bienes y servicios necesarios para que toda la población viva dignamente. Tenemos un territorio con suficientes recursos para que vivan dignamente por lo menos diez veces más de los que lo habitamos. Pero la mitad de la población vive en la pobreza, dos tercios de los menores habitan en hogares pobres y muchos millones pasan hambre todos los días. Pero a la vez, las actividades más privilegiadas y en manos de grandes corporaciones están depredando nuestros bienes comunes y contaminando gravemente el ambiente (tierra, acuíferos, aire y seres humanos).

Como el proceso continúa sin cambios, no es muy difícil prever que los males serán cada vez más grandes y graves. El saqueo del país no tiene límites y los saqueadores muestran una voracidad que no se detiene. Ganan cifras inmensas en pesos y al querer llevarlas afuera presionan sobre los dólares, que nunca alcanzan. Eso genera crecientes devaluaciones y su correlato en mayor inflación. Todo ello provoca ricos más ricos (muy pocos) y muchos más pobres. Pero aún así, como los dólares no alcanzan, la presión es para mayores ajustes, que terminan con recesión y fuerte caída del consumo interno. Lo que lleva a disminuir las importaciones y dejar más saldos exportables. Así el país consigue más dólares para abastecer la demanda insaciable de los grandes capitales, corporaciones, grupos económicos y usureros internacionales.

Y como igualmente no alcanzan, el Estado es presionado para aumentar su endeudamiento, conseguir dólares prestados, para que se los lleven los saqueadores y después deba pagarlos el pueblo argentino, que no recibió ni una migaja de la fiesta de los poderosos.

De manera que por las propias características y dinámicas del modelo, convalidadas por las mismas políticas públicas, el pésimo estado de situación de la economía y la sociedad, sólo se puede agravar si seguimos haciendo más de lo mismo. Lo que requiere una toma de conciencia respecto de que la sola vigencia de las elecciones cada dos o cuatro años, no garantiza para nada la solución a los graves problemas que golpean a la gran mayoría de la sociedad.

Sólo una sociedad movilizada, con activa participación y reclamando por sus derechos y por políticas en beneficio del conjunto, puede llegar a modificar el rumbo que llevamos.

—Hablamos de crisis, en sentido de inflación, pérdida del poder adquisitivo, devaluación, etc. Para responder al nombre que identifica el curso de Economía para Todos. Hacia dónde vamos?

—Si quienes vienen gobernando mantienen las mismas políticas en esencia. Si además las perspectivas son que se turnen en la gestión pero manteniendo el modelo sin cambios importantes. Si se intentan cumplir con los acuerdos firmados con el FMI, que implican profundizar la orientación del modelo neocolonial, los ajustes sobre los sectores mayoritarios, y la mayor entrega y depredación de nuestros recursos. Todo eso anticipa un futuro mucho más doloroso para el pueblo argentino, donde la cúpula de los más ricos está cada vez más estrecha y elevada, donde la otrora amplia franja de sectores medios tiende a desaparecer y caer en la pobreza, y donde la amplia base de pobres e indigentes seguirá creciendo en paralelo al crecimiento de la degradación social.

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“Argentina. ¿Hacia dónde vamos?”, la convocatoria

Una nueva edición del Programa de Extensión de cátedra Por una nueva economía, humana y sustentable, de la carrera de Comunicación Social, en la Facultad de Ciencias de la Educación de la UNER, comenzó a desarrollarse el mes pasado.

Se realiza bajo la convocatoria Argentina. ¿Hacia dónde vamos? Una mirada desde la economía política.

Se trata de una actividad abierta a la comunidad, gratuita, y que no requiere inscripción previa.

El programa se propone “lograr una creciente y activa participación social, con el mayor protagonismo y la mayor democratización de los espacios comunes, como única garantía para que el rumbo que sigamos responda a las necesidades y expectativas de las mayorías. Para ello, entender el contexto nacional es una necesidad urgente”.

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