Carlos Matteoda/ De la Redacción de UNO
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Que el sueño radical de “volver a ser alternativa de gobierno” empezó complicado en 2013 no es un descubrimiento deslumbrante. Por el contrario, varios elementos confirman día a día que el centenario partido atraviesa -en sintonía con los aprestos electorales- un momento difícil que pue
A la encrucijada radical se suma la amenaza de fuga al macrismo
En pocos días, el intendente de San Isidro, Gustavo Posse, manifestó su acercamiento al macrismo, y otro jefe comunal radical de arraigo territorial como el intendente de Junín, Mario Meoni, se mostró abiertamente al lado del titular del municipio de Tigre, Sergio Massa, a quien instó a pasarse abiertamente al acto antikirchnerista, donde además Meoni comparte la construcción política con Jesús Cariglino, el intendente peronista no kirchnerista de Malvinas Argentinas, provincia de Buenos Aires.
Entre otros datos que dan cuenta de las complicaciones que viven los herederos de Leandro Alem, se cuenta la decisión de la exdiputada nacional Silvana Giudici de sumarse como funcionaria al gobierno de Mauricio Macri, aunque en este caso con el atenuante de que el radicalismo desconoció que había sido nominada para ocupar en cargo en Radio y Televisión Argentina -representando a la oposición parlamentaria- y finalmente se terminó designando allí al exdiputado nacional Gustavo Cusinato.
En medio de esta incipiente fuga hacia el macrismo, también los radicales discuten si deben asumir la elección legislativa a través de frentes electorales o presentándose solos. Los escenarios en Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires o Santa Fe son los que mayor espacio logran en los medios nacionales, pero otros distritos, incluido Entre Ríos, no escapan a esta discusión.
Aguad hace punta
Si el diputado cordobés Oscar Aguad llega a un acuerdo electoral con el PRO en Córdoba, y Posse hace los mismo en Buenos Aires, puede darse no sólo un éxodo más de dirigentes -uno más de tantos- sino un corrimiento ideológico mucho más fuerte que el generado por Cobos, en el que los radicales K reivindicaban banderas del progresismo. En términos ideológicos, la fusión del radicalismo con el PRO puede representar una ruptura tan fuerte como la que en su momento protagonizaron Artuto Frondizi y Ricardo Balbín, dando origen a la división entre la UCR Intransigente de Frondizi, y la UCR del Pueblo de Balbín.
Hoy por hoy son muy pocos los radicales que se animan a comparar lo que puede ocurrir este año con lo sucedido en 2006, y menos aún a especular con una reiteración de la historia de la UCRI y la UCRdP. Pero los indicios respecto de esa posibilidad son fuertes, sobretodo si se considera el panorama de debilidad electoral que el radicalismo presenta hoy en los principales distritos del país.
Todas las encuestas dan cuenta de que en la provincia de Buenos Aires, lo que supo ser el Peronismo Federal, más el grupo político de Francisco De Narváez, más el macrismo, están en el segundo lugar de las preferencias detrás del oficialismo.
El tercer lugar vendría a ser ocupado por el FAP y otras fuerzas de centroizquierda; la UCR, en el mejor de los casos y si Sergio Massa se queda “en el molde” para evitar confrontar anticipadamente con los K, podría aparecer en cuarto lugar.
A nivel de referencia de dirigentes, Ricardo Alfonsín aparece séptimo en intención de voto para legislador; y Margarita Stolbizar (GEN), novena.
En la Ciudad de Buenos Aires , en tanto, el radicalismo tiene un peso cada vez menor. La posibilidad de que el actual jefe del bloque de diputados nacionales, Ricardo Gil Lavedra, pueda ser reelecto en una banca, depende de diferentes acuerdos con fuerzas de centroizquierda, ya que si es por los votos propios, parece estar lejos de esa chance.
En Córdoba, el FAP y el juecismo -con Norma Morandini y Luis Juez a la cabeza, respectivamente- constituyen el núcleo del voto denominado progresista; mientras que el referente más fuerte de la UCR es Aguad, quien parece cada día más dispuesto a la alianza con el macrismo. El segundo referente en importancia es el intendente capitalino Ramón Javier Mestre, quien elegiría un perfil bajo en 2013 para garantizar su gestión sin enfrentar tanto al kirchnerismo.
Aunque Alfonsín hijo se entusiasme en la provincia mediterránea con la eventual performance electoral de Mario Negri, quien impulsa una alianza con el FAP de Hermes Binner, a la hora de contar los porotos son más los que quieren estar en otro lado.
En Santa Fe, el acuerdo posible para el radicalismo es que el presidente del partido a nivel nacional, Mario Barletta, decida ir detrás de Binner en la lista, evitando así la posibilidad de salir cuarto en caso de ir solo.
Aseguran que en la vecina provincia uno de los que puede inclinar la balanza es el exgobernador Carlos Reutemann, quien de manifestarse abiertamente en favor del candidato macrista Miguel Del Sel podría contribuir a que éste gane los comicios, dejando en un segundo lugar al socialismo de Binner y del actual gobernador Antonio Bonfatti. Tercero estaría el peronismo kirchnerista encabezado, entre otros, por Agustín Rossi, y cuartos los radicales. “Solos no sacamos ni el 5%”, dicen que dice Barletta en la intimidad.
Podría haber cambios, por supuesto. Hoy una de las hipótesis es que la eventual candidatura del exgobernador Jorge Obeid a diputado nacional amalgame al peronismo, debilite a Del Sel y haga más competitiva la elección. Pero esa hipótesis no cambia para nada las perspectivas del radicalismo.
Si hasta en Mendoza, donde los radicales creían tener la vaca atada, yendo con el exvicepresidente Julio Cobos de candidato, han surgido dudas en las últimas horas.
Los encuestadores dicen que allí Cobos le gana tranquilo, solito con la lista tres, a cualquier peronista y por diez puntos de ventaja. Pero en las últimas horas aparecieron Víctor Fayad y Roberto Iglesias con la intención de disputarle a Cleto Cobos las candidaturas en la elección primaria que se desarrollará supuestamente en junio.
El argumento del exgobernador Iglesias y del varias veces intendente de la ciudad capital Viti Fayad es que no quieren juntarse con el traidor de Cobos, que cuando se fue de la UCR ellos se quedaron aguantando y que ahora no están dispuestos a ser vagón de cola del exkirchnerista.
La realidad del radicalismo en los cinco distritos electorales más numerosos es también de la otras provincias.
Parece que para que el radicalismo con su actual estructura y actual conducción subsista deberían darse una serie de resultados que le permitan mantener presencia institucional, más allá de que los votos sean cada vez menos. Por ejemplo, que Alfonsín sea reelecto en Buenos Aires en condiciones de dignidad para un excandidato presidencial que porta un apellido ilustre para la UCR; o que Gil Lavedra se mantenga en la Cámara en alianza con diferentes expresiones de centro izquierda; que en Santa Fe la alianza con el socialismo les permita participar del sector que gane las elecciones; que en Mendoza Cobos gane, exorcice su pasado K y selle sus aspiraciones presidenciales para ser el candidato en 2015.
En Entre Ríos la situación no es menos complicada. La interna de noviembre dejó más heridas abiertas que las que pretendían cerrarse. El benedettismo, ganador de esa compulsa, parece otra vez obligado y a la vez muy dispuesto a conducir el partido sólo con referentes de ese sector y, lo que en términos electorales parece más definitorio, a repetir la alianza con el socialismo local que hoy es criticada por amplios sectores del radicalismo entrerriano.
Con esos problemas ya bastaría para tener un horizonte complicado, pero es claro que de producirse una fuga de radicales hacia el macrismo, todos los distritos resultarían afectados.
Cuánto tiempo más puede seguir siendo la segunda fuerza electoral la UCR entrerriana, que viene de un empate técnico con el bustismo en 2011, en proximidades del 18% de los votos, y casi treinta puntos por debajo del urrikirchnerismo.
Si bien sigue siendo la UCR de los segundos lugares en tres últimas elecciones a gobernador; lo fue con 34,3% de los votos en 2003, con el 20% en 2007; y con el 18,8% en 2011. Es el mismo radicalismo que siendo oposición tuvo nueve de los 17 senadores provinciales entre 1995 y 1999; dos senadores entre 2003 y 2007; un solo senador entre 2007 y 2011; y que no tiene ningún representante en la Cámara alta en la presente gestión.
Es el radicalismo que por segundo período consecutivo no consigue tener ni un concejal en Concordia, la segunda ciudad más poblada de la provincia; y que el año pasado no tuvo candidato a intendente en Gualeguaychú, la tercera en cantidad de habitantes.
Ese radicalismo deberá competir, primariamente, por mantener el segundo lugar. No sólo porque en 2011 lo logró por poco más de 2.000 votos, sino porque en la provincia el oficialismo parece tener galvanizado su electorado, o al menos buena parte del mismo, de modo que ni los más entusiastas opositores se arriesgan hoy en público a especular con una derrota del urribarrismo.
En esa pelea, y en medio de la fuga de dirigentes al macrismo, deberá enfrentarse con alternativas que no deben descartarse de antemano, ya sea principalmente una alianza del bustismo con el sector que lideran en Gualeguaychú Emilio Martínez Garbino y Luis Leissa, como también -a priori con menor desarrollo- el properonismo de Mandy Saliva y eventualmente Alfredo De Ángelis.
Como se observa, para el radicalismo entrerriano, el 2013 representa una encrucijada.











