Unas buenas zapatillas
José Amado/De la Redacción de UNO
Unas buenas zapatillas, algo de plata para los vicios y, haciendo buena letra, una moto. Podría ser la promesa de un padre a un chico malcriado, pero si se le agrega que la buena letra es andar armado y tirotear al blanco de turno y el obsequio incluye droga, se trata de otra cosa. Los jefes de bandas criminales tientan a los adolescentes y jóvenes de los sectores más vulnerables de la sociedad con lo que otros tienen y ellos no pueden tener. La contraprestación tiene un precio alto, como formar en la primera línea a la hora de algún enfrentamiento callejero, gatillarle a algún deudor o traidor, ofrecer droga en alguna esquina o guardarla en su casa para que los dueños del negocio permanezcan limpios por si acaso.
A esto se le suma el contexto de las adicciones que los llevan a hacer lo que sea para conseguir el elemento que el patrón necesite para obtener un poco de la sustancia a cambio. Pero además se ha creado un sistema donde se hallan, donde se sienten “contenidos”, donde se identifican: hay un referente, que suele ser el jefe; hay música, que en vez de Violeta puede ser el rapero Filli Wey u otra de las bandas que también hacen apología del delito; hay fútbol, que en vez de jugar a la pelota es la tribuna, el aguante y la violencia; hay indumentaria, que es la que al resto de la sociedad sirve para estigmatizarlos; hay aventura, que no es Harry Potter sino “una corrida y un susto” en el arrebato de un celular. Es decir, hay cultura. Como dicen en algunos barrios de Paraná, “ahora los pibes quieren ser soldaditos”. ¿Quieren?
Repasando los últimos crímenes ocurridos en la capital provincial y en Concordia, muchas de las víctimas y de los victimarios son adolescentes y jóvenes que cuando otros están proyectando un futuro, se ven en la calle entre los balazos. Son los que caen, en cualquier sentido: muertos o presos.
Un extremo de esta situación es la que se conoció en Rosario, en la famosa causa de la banda de Los Monos que tiene en su mayoría como imputados a jóvenes de entre 16 y 24 años. Varios de ellos fueron detenidos mientras vendían droga en un búnker de dos por dos, sin baño ni ventanas, solo un pequeño hueco por donde hacer los pasamanos de droga por plata, y cerrados con candado desde afuera. Serán juzgados al lado de los patrones que tienen propiedades millonarias en el sur de Santa Fe. Por esto, la defensora oficial de Manuel, uno de ellos, Matilde Bruera, dijo: “Si esta persecución penal es para eliminar el narcotráfico, estamos errando el camino. Vamos contra los más vulnerables, incluso hasta con los que son víctimas. No se investiga a la organización, ni se analiza si este tipo de explotación puede encuadrarse en la figura de trata (…) Hay que evaluar el marco de la elección que tienen, son jóvenes absolutamente excluidos. Incluso algunos de ellos son adictos”.
Este punto de vista no solo es minoritario sino que también puede ocasionar cierto espanto en un sector de la sociedad y de las instituciones. Sin embargo, no solo una defensora planteó esta cuestión, sino también el fiscal ante el Tribunal Oral Federal N°1 de Capital Federal Diego Luciani y especialista en la temática de crimen organizado y trata de personas, dijo a Infojus Noticias: “Estas organizaciones se valen de la vulnerabilidad de la persona. El único medio de vida que tiene para subsistir es vender droga. En todas las causas de narcotráfico los más visibles son los más vulnerables”.
Hace seis años que existe una ley nacional que reprime la trata de personas, tanto sexual como laboral, que describe la explotación como la reducción de una persona en condición de esclavitud o servidumbre o su sometimiento a prácticas análogas, así como cuando se la obligue a realizar trabajos o servicios forzados. Es opinable si el narcotráfico se puede considerar un trabajo. Tal vez no lo sea para la mayoría, pero puede serlo para quien esta sea la actividad básica (y única en oportunidades) de subsistencia.
La Oficina de Rescate y Acompañamiento a las Personas Damnificadas por el Delito de Trata de la Nación intervino desde 2008 en el rescate de 6.431 víctimas de trata en casi 3.000 allanamientos. Solo en una oportunidad el equipo de psicólogas y trabajadoras sociales visitó un búnker de drogas. Los juzgados y fiscalías nunca más pidieron la intervención de la Oficina en casos de narcotráfico, informó la agencia Infojus.













