Javier Aragón/ De la Redacción de UNO
La gran deuda pendiente
Hablar del sistema jubilatorio en estos tiempos de inflación, crisis económicas y financieras, parece ser una discusión que se debe dar para más adelante, sencillamente porque la gran mayoría de la población activa no sufre y no padece los problemas de ser abuelos.
Se ha hecho carne que a los jubilados, que no tienen gremios que los defiendan para una paritaria, ahora se les otorgue dos veces al año un aumento que siempre es menor al de los índices inflacionarios. Queda a criterio del gobernante de turno cuánto se le da a los “viejos”. Siempre parece una sobra, una limosna.
No soy un especialista previsional, solo trato de tener sentido común y de observación.
Ayer pasaba por la peatonal y vi cómo los abuelos se encontraban en el PAMI amontonados, tratando de ser atendidos en un día frío y con una medida de fuerza (legítima) de los trabajadores del organismo.
¿Se merecen esto nuestros abuelos, ser “forreados” de esta manera por un sistema social que permite todo tipo de maltratos a los denominados adultos mayores?
Hay que destacar que la actual gestión de gobierno nacional mejoró algunas cuestiones: amplió el número de jubilados, impulsó el aumento de los emolumentos dos veces al año y mejoró en algo la prestación sanitaria y de cobertura social a través del PAMI y de la Anses. Muy bien y así debe ser, pero no es una acción estratégica, es simplemente cumplir con una tarea que debe tener una administración gubernamental. También hay que señalar que cuando la oposición estuvo en el gobierno, hizo quitas obligadas a una parte de los sueldos, retrasó los pagos. O en el menemismo, con la apertura de las nefastas Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones (AFJP).
Dicho esto, es que se puede criticar con absoluta objetividad lo que no hicieron antes los políticos, como los actuales.
Habrá que recordarles a los que toman las decisiones que alguna vez llegarán a ser abuelos, pero, claro, van a percibir remuneraciones que siempre estarán relacionadas con sus aportes de funcionarios y no con los sueldos medios de la clase trabajadora.
Estuve buscando datos reales y un especialista previsional de Paraná me indicó que en la Argentina hoy hay 6,4 millones de jubilados nacionales, de los cuales el 74% cobra la mínima, es decir 2.700 pesos.
Voy a dar el ejemplo de mi padre, que trabajó toda la vida en el campo, pagó una parte de los tributos previsionales y gracias a Néstor Kirchner se pudo jubilar con un porcentaje menor y acogiéndose a la moratoria.
Pero lo que nadie me puede explicar es porqué el sistema previsional hoy está para promover programas que en el sentido social pueden ser importantes, pero se hace con plata de los jubilados.
Hoy la realidad marca que una persona pasiva cobra 2.700 pesos. ¿Cómo hacen para vivir? Seguramente con el apoyo de los familiares. Pero es indigna esa suma, es una falta de respeto al que trabajó toda la vida, para querer llegar a la vejez con una remuneración que les permita cubrir sus necesidades y deseos.
Me duele y me molesta que la mayoría de los políticos se llenen la boca hablando de las mejoras previsionales, cuando la realidad marca un olvido de años. El tema es que nadie hace nada hoy para saldar la gran deuda social que se tiene con los abuelos, con los viejos, adultos mayores o como diablos quieran llamarlos. Estamos en un país lleno de derechos, de eslóganes, de protocolos y teorías. Lo cierto es que en la práctica todas las gestiones han dejado para otros tiempos dar las respuestas que los jubilados se merecen, por derecho propio y por respeto. Que Dios los perdone.












