Dina Puntín/ De la Redacción de UNO
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Un franciscano en Paraná para recordar al santo de Asís
Se conmemora hoy el día de San Francisco de Asís, el santo de los pobres, de quien tomó el nombre el cardenal Jorge Bergoglio para transformarse en el Papa Francisco.
San Francisco nació en Asís (Italia) durante la Edad Media y fue el fundador de la orden de los franciscanos y de la orden femenina de las clarisas, caracterizadas ambas por su voto de pobreza y austeridad.
Hijo de un comerciante rico se destacó por ser un joven de cierto renombre en su ciudad. En 1202 fue encarcelado a causa de un altercado entre las ciudades de Asís y Perugia. Luego decidió entregarse al apostolado y servir a los pobres.
Luchó contra diversos cultos que no fueron aceptados. La prisión provocó un cambio en su vida en el que decidió renunciar a los bienes heredados de su padre y predicar el apostolado y la vida sencilla.
Finalmente, el papa Inocencio III aprobó su predicación. Francisco de Asís fundó la orden, en abril de 1208, en la ermita de Santa María de Los Ángeles, llamada también de la Porciúncula.
En la mañana de ayer, Diario UNO se reunió con Luis Coscia, religioso franciscano-capuchino y sacerdote, nacido hace 80 años en el sur de la provincia de Santa Fe.
Cordial, alegre, con un gran sentido del humor y mucha sapiencia, reflexionó sobre los valores de Francisco de Asís y su aplicación en la vida diaria.
“En estos días estoy reflexionando sobre recuperar la sensibilidad. De eso tratará la charla que tendré mañana (por hoy) con los docentes. Y cuando digo recuperar la sensibilidad estoy retomando lo que dijo el papa Francisco en la isla de Lampedusa, al referirse a la globalización de la indiferencia. ¿Cómo era el Francisco de la Edad Media? ¿Qué estaba pasando? ¿Cómo era su familia, sus padres? ¿Cómo era él? Cada persona tiene distintas características y falta de cualidades. Y una cosa de él muy importante, y que tenemos todos, es la sensibilidad. Nosotros reconocemos que por los sentidos entran las cosas y después elaboramos el pensamiento. Francisco era un hombre de gran sensibilidad y por lo tanto nada le era indiferente. Se nota cuando alrededor de los 21 años entra en un estado profundo de búsqueda y enfermedad, fracasa en muchos de los ideales que buscaba y quería saber qué iba a ser en la vida. Ya estaba desheredado de su padre, decepcionado el padre con él y estaba hastiado de las farras.
Entonces su gran pregunta fue ¿qué hago? ¿Para qué sirve mi vida? Y esa sensibilidad es muy importante para entender la escena del leproso. Porque un hombre tan sensible como él sentía repugnancia inmensa con los leprosos, por el olor y la podredumbre de esa carne. Él quiere huir de eso, pero siente que ahí hay alguien, más allá del olor. Entonces baja de su caballo, lo abraza, lo besa y va a poner en su testamento este momento clave en su vida. ‘Lo que antes me producía repugnancia, ahora se me convirtió en dulzura del alma’. A raíz de eso uno ve como orientaba la sensibilidad hacia toda persona. Pero después lo vemos hacia la creación, de ahí el Hermano Sol, la Hermana Tierra. Lo que nos identifica a todos es que somos hermanos. Todo ser es hermano, eso es esencial, lo demás es accidental. Por ejemplo, hermanos ladrones, es accidental, en cambio ser hermano no se puede borrar nunca, todos venimos de Dios. Estoy hablando de esto, de cultivar la sensibilidad. De ahí viene la fraternidad para Francisco y el camino a la paz. Porque donde hay paz hay fraternidad, transparencia del corazón”.
Celebración
En la capilla de Montiel 1695, en el barrio Gaucho Rivero, las Hermanas Franciscanas de Gante organizan la celebración de hoy a las 11 y a las 13 un almuerzo comunitario. Mañana habrá una procesión desde las 16. Luego se hará la Santa Misa y habrá un acto cultural. El Instituto Cristo Redentor no dictará clases hoy y habrá misa desde las 19 en la Capilla de Ramírez 2735.
Mantiene viva la llama
“Hace 37 años que promuevo la memoria de los sacerdotes Carlos Murias y Gabriel Longueville, asesinados en 1976, del laico Wenceslao Pedernera muerto una semana después y de monseñor Angelelli”, expresó Coscia quien forma parte de la Asociación Martín Cunz, desde donde se promueve una sociedad más justa, solidaria y responsable. Es por eso que en cada lugar que visita reparte material informativo, en este caso sobre el juicio por el asesinato del obispo Enrique Angelelli, que promete iniciarse el lunes 4 de noviembre.
Su relación especial con el Papa
En una charla distendida, en la pequeña capilla a San Francisco de Asís, Luis (porque Padre hay uno solo) recordó a Jorge Bergoglio, hoy papa Francisco.
—¿Qué sintió el 13 de marzo cuando conoció la noticia de que el cardenal Bergoglio se transformaba en el nuevo Papa?
—Estaba en Montevideo, en un colegio y estaba por irme a la Casa de los Capuchinos cuando me dijeron “quedate que hay fumata blanca”. De pronto aparece en la televisión una pizarra con los nombres de los papables y me quedé tranquilo porque pensé “ninguno de estos va a ser”. Por un lado deseaba que fuera Bergoglio pero me parecía muy difícil. Cuando conocí la noticia me conmovió muchísimo
—Encima eligió llamarse Francisco.
—Francisco de Asís es universal, no pertenece a la Iglesia Católica, es un patrimonio de la humanidad. De los musulmanes, de los judíos, también. Por eso la importancia de la elección. No fue Francisco Javier por los jesuitas como se pensó en un momento, fue Francisco. Pero me pasó que cuando salió el cardenal francés a leer quién era el Papa elegido, escuché Gregorio y dije “Sonamos”, pero no, había dicho Bergoglio (se ríe).
—Usted ya conocía el pensamiento de Bergoglio porque cuando asumió como párroco en Santa María de los Ángeles en Coghlan , el le pidió también una iglesia para los pobres.
—Claro. Nosotros nos conocemos desde 1976 en Chamical, La Rioja cuando él era Superior Provincial de la Compañía de Jesús. Fue poco antes del asesinato de monseñor Enrique Angelelli y del asesinato de los dos curas Carlos Murias y Gabriel Longueville (ver recuadro).
Y por mi parroquia lo vi mucho. Siempre estuvo para servir. Recuerdo que murió la mamá de un sacerdote, era una señora muy querida nuestra y por eso la velamos en la parroquia. El que estaba de compañero mío no lo conocía a Bergoglio, hacía poco que había llegado. Entonces el curita hablaba con este sacerdote que rezaba por Ana María junto a toda la gente y le dice “querés hacer un responso”, “no”, le contesta Bergoglio, “sigo acá con la gente”. Estuvo largo rato, se acercó al cajón, la besó a Ana María y se fue. Afuera venía un señor de la parroquia y le dice, “che, ese que se va es Bergoglio”, “¿qué Bergoglio?”, pregunta. “El arzobispo”. Salió corriendo para ofrecerse a llevarlo porque era tarde. Pero él se tomó el subte. Tener olor a oveja, quiere decir esto.
Luis Coscia desde 2012 es vicario parroquial en Nuestra Señora del Rosario de Pompeya. “Oficialmente me retiré de la parroquia Santa María de los Ángeles a fines de 2012, tiempo en el que compartí muchos momentos con Bergoglio”, expresó.
Un santo para cada vela
Del 4 de junio de 2011 al 4 de agosto del mismo año estuvo inconsciente.
De todo ese lapso que duró dos meses, recuerda algunas caras y lugares. También sabe que se hicieron muchas cadenas de oración.
Por eso, entre carcajadas relató: “Le debo una velita a cada santo y al diablo también”, hizo una pausa y luego agregó: “Porque me iba enterando que le pidieron a monseñor Angelelli que es el más cercano a mi corazón, pero a medida que pasaban los días se acercaban y me decían ‘Hice una novena a Juan Pablo II, y yo al Gauchito Gil’”.












