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Semana Santa: Un recorrido con mucho significado

La visita a las iglesias es una manera de acompañar a Jesús en los momentos de mayor soledad.

Miércoles 17 de Abril de 2019

La tradicional visita a los siete monumentos se realiza en la noche del Jueves Santo y durante el Viernes Santo. Es una manera de acompañar a Jesús en los momentos de mayor soledad y donde redime a los hombres.

Los feligreses que recorren las siete iglesias, cada vez que entran buscan el Monumento Eucarístico o la cruz que esté adornada. Realizan allí la Señal de la Cruz y expresan "¡Alabado y ensalzado sea en este Monumento, el Santísimo y Divino Sacramento".

Posteriormente cada uno puede rezar. De Santos propone seguir las siguientes reflexiones para vivir más espiritualmente.

¡Oh Dios! Que en este tan admirable Sacramento nos dejaste un memorial de tu Pasión: danos, Señor, la gracia de venerar los sagrados misterios de tu Cuerpo y Sangre tan devotamente, que merezcamos experimentar en nosotros perpetuamente el fruto de tu Redención. Por el mismo Jesucristo, Nuestro Señor. Así sea.

Luego leer la meditación correspondiente y tras un silencio de reflexión, orar un Padrenuestro, Avemaría y Gloria.


Primera Iglesia

La oración en el Huerto: Jesús se dirige confiadamente al Padre. "Padre mío, hágase tu voluntad".

Se enfrenta a la muerte, al desprecio, a la tradición, al dolor. Pero, sobre todo, se encuentra ante todos los pecados del mundo: engaños, delitos, impurezas, robos, abandono, olvido, blasfemia, vicios, tradiciones, falsedades...

Esto es lo que realmente le pesa y lo abruma. Es posible que en medio de aquella tristeza pudiera contemplar: la fidelidad de tantos a través de los tiempos, las conversiones, los que recomenzarían después de una caída, los actos heroicos y la entrega incondicional de muchos que vendrían...Quizás todos esos frutos de su dolor ayudaron a Jesús a repetir una y otra vez: "hágase tu voluntad".


Segunda Iglesia

Jesús estaba aún hablando con sus discípulos cuando se presentó este grupo armado, con el traidor, Judas, a la cabeza.

Nos parece imposible que un hombre que ha mirado tantas veces a Cristo, que lo ha conocido tan de cerca, pueda ser capaz de entregarlo. Ser entregado por uno de los suyos fue especialmente doloroso para Jesús. Aquel beso fue el primer golpe, durísimo, con el que se iniciaba su Pasión. Es el beso traidor del amigo, las negaciones de quienes deberíamos estar más cerca.


Tercera Iglesia

Jesús se queda solo. "El Señor fue flagelado, y nadie le ayudó; fue coronado de espinas y nadie le protegió; fue crucificado y nadie le desclavó; clama diciendo: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Y nadie lo socorre" (San Agustín, comentario al Salmo 21, 2-8). Se encuentra solo ante los pecados y bajezas de todos los hombres de todos los tiempos. Lo dejaron y huyeron. Soledad de Jesús. También ahora en nuestros días. No lo dejemos abandonado.


Cuarta Iglesia

El anciano Anás lo interrogó brevemente: ¿Qué enseñaba? ¿Qué pretendía? "Yo he hablado abiertamente al mundo...¿Por qué me preguntas? Interroga a los que me oyeron", contestó Jesús. Entonces, un servidor le dio una bofetada. "¿Por qué me pegas?". Nuestras faltas fueron como los instrumentos de la Pasión: las espinas, los clavos, la mano que lo hiere...


Quinta Iglesia

Entonces algunos se dedicaron a maltratar al Señor: a escupirlo en la cara y a darle bofetadas. Lo había anunciado Isaías: "Ofrecí mi cuerpo a los que me herían... y no aparté mi cara de los que me escupían y me insultaban" (Is. 50,6). Para burlarse de su fama de profeta, le vendaron los ojos y lo golpeaban, mientras le preguntaban: "Adivina, Cristo ¿quién te ha pegado?". Hacemos el propósito de no quejarnos y de ofrecer las pequeñas humillaciones de la convivencia ordinaria.


Sexta Iglesia

El Señor convirtió a Pedro -que lo había negado tres veces- sin dirigirle ni siquiera un reproche: con una mirada de Amor. Con esos mismos ojos nos mira Jesús, después de nuestras caídas. Ojalá podamos decirle, como Pedro: "Señor, Tú lo sabes todo; Tú sabes que te amo!", y cambiemos de vida. ¡Cómo recordaría entonces la parábola del buen pastor, del hijo pródigo, de la oveja perdida! Pedro salió fuera. Se acordó de su Maestro y lloró lleno de dolor.


Séptima Iglesia

Pilatos mandó flagelar a Jesús. Si alguna vez estamos tristes o padecemos una gran contrariedad, miremos a Jesús en estas escenas de la Pasión: "lleno de dolores, perseguido de unos, escupido de otros, negado de sus amigos, desamparado de ellos, sin nadie que vuelva por Él, helado de frío, puesto en tanta soledad, que el uno con el otro os podéis consolar (Santa Teresa de Jesús). Ante el Monumento, donde se reserva al Señor Sacramentado, le damos gracias por su Sagrada Pasión, de la que fuimos causa y con la que nos redimió, le ofrecemos disculpas por el abandono en que con frecuencia lo dejamos en el Sagrario y quizás nuestra poca frecuencia a la Santa Misa y Comunión.

Fuente: Arquidiócesis de Paraná

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