Diálogo Abierto

Martín Vich: "Para hacer algo sustentable hay que saber lo que se quiere"

Profesional precoz. Leonas y Leones, un balance. Claves del éxito. La Educación Física que no educa. Los 49, el hockey, el deseo. Martín Vich en Diálogo Abierto

Sábado 28 de Mayo de 2022

En una sociedad en cuyo diccionario el concepto planificación figura como quimera, y el mediano y largo plazo no excede la próxima semana, rescatar opiniones y experiencias como la de Martín Vich aleccionan. “A partir de los 12 años mi vida fue el hockey”, recordó el todavía jugador de Talleres, entrenador del plantel superior de Santa Fe Rugby y artífice en su momento de un exitoso proyecto desarrollado durante 20 años en el predio Toribio Ortíz, de la institución de calle Irigoyen, de la capital provincial. “Falta desarrollar lo motriz, lo coordinativo y correr. Los chicos llegan a los clubes y no saben saltar, ni cuál es la derecha ni la izquierda”, manifestó en cuanto a las falencias de la Educación Física actual.

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Cuando la vida es el hockey

—¿Dónde naciste?

—En Córdoba Capital, viví en varios barrios aunque donde más estuve fue en Quebrada de las Rosas, a la vuelta del Club Comunicaciones, donde comencé a jugar al hockey.

—¿Cómo era en tu infancia?

—Con calles de tierra, casas bajas, muy familiar, donde todos los vecinos éramos amigos y el club a dos cuadras, que me cambió porque antes no tenía vida social.

—¿A qué edad llegaste allí?

—A los once años; antes estuvimos en General Paz y Cerro de las Rosas, hasta que mi papá, médico pediatra, compró casa en Quebrada, luego volvimos a General Paz y se fueron a vivir a Arroyito.

—¿Tu mamá?

—Ama de casa; somos siete hermanos.

—¿Otros juegos?

—Con mis hermanos, a la bolita, las cartas y andar en bicicleta.

—¿Por qué el hockey?

—Por mi hermano, quien fue con un amigo al club y los invitaron a jugar. De ahí en más nunca dejé, durante 37 años.

—¿Te gustaba la secundaria?

—No, a partir de los 12 años mi vida fue el hockey y repetí tercer año. Hacía como que estudiaba y me iba al club desde las dos de la tarde hasta las once de la noche. Cuando terminé, intenté ingresar a Medicina pero no pude porque mi secundaria fue muy mala. Un amigo cuya mamá era profesora de Educación Física me decía que tenía que estudiar eso.

—¿Leías?

—En la infancia, los cuentos que nos regalaba mi mamá.

—¿Sentías una vocación?

—La de veterinario, porque me gustaban los animales y mi papá tenía varios en casa. Cuando mis padres se fueron a vivir a Arroyito no quise dejar de jugar, me quedé a vivir con una tía e ingresé en Educación Física, me fascinó, hice tres años allá y un año en Santa Fe.

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Al revés de la pelota

—¿Qué sentiste al comenzar a practicar?

—Me enganché muchísimo y vivía en el club, porque me cambió la vida ya que no tenía amigos ni otra actividad. A los 16 años comencé a ayudar como monitor, daba clases y a los 18 tuve categorías a mi cargo. Estuve hasta los 18 y armamos la línea completa de caballeros, se disolvió y me fui al Jockey (Club), porque conocía algunos amigos con quienes estuve en el seleccionado. Estuve hasta los 27 años, cuando me vine acá, por Mario Domínguez, quien jugaba allá, se recibió, volvió acá y presentó un proyecto en el Rowing para traerme.

—¿Habías hecho otro deporte?

—Nada, para el fútbol era malo.

—¿Cuándo te convenciste de dedicarte plenamente y de que podía ser una profesión?

—Desde el primer día, es más, estudié Educación Física no por sí misma, porque no me gusta dar clases en la escuela, sino para tener herramientas para el hockey. Siempre tuve una discusión con mi papá en cuanto a que sería mi profesión y él decía que no, porque no hizo deportes. Le parecía una pérdida de tiempo. Hoy vivo de esto y no sé hacer otra cosa.

—¿Formadores importantes?

—Muchos. Hubo profes como Marcelo Loyola y Abel Fernández que me enseñaron valores humanos y cómo actuar en determinadas situaciones, cuando estaba en el camino equivocado. En esa época no se destinaba mucha educación física al deporte ya que íbamos, corríamos y hacíamos solo hockey. Si hubiera tenido hace 20 años la preparación física actual mi carrera hubiera sido otra.

—¿Cuándo entendiste la esencia del juego?

—Pasé por distintas experiencias: en Comunicaciones pensaba que porque tenía una habilidad más o hacía tres goles más que otro, era mejor, pero hay gente que te dice que no es así y está en vos entenderlo. Cuando pasé a Jockey (Club) tuve un profe que venía del rugby e insistía mucho en el compañerismo, el respeto y el equipo. En otras etapas te das cuenta de lo que está bien o mal, y lo seleccionás para formarte como persona. De cada profe rescaté algo, bueno o malo, y hoy puedo reconocerlo.

—¿Un partido de la primera etapa?

—El primero, porque iba al revés de la dirección de la pelota (risas), en una cancha chiquita y con arco de banderines.

—¿Y como jugador maduro?

—Al ser campeones en 1998 con Jockey me sentí bien, al igual que todo el equipo; en 1999 fuimos segundos y a partir de ahí el club ganó, de 22 títulos, 20. Fue un cambio rotundo en caballeros en el ámbito nacional, mantiene el proyecto, trabajan con jugadores del club y casi no traen de afuera.

—¿Cuándo te sentiste capaz de conducir?

—Comencé a hacerlo por necesidad económica porque éramos siete hermanos y solo trabajaba mi papá. Comencé ayudando y trasmitía lo que me enseñaban a mí en lo técnico. Siempre me gustó enseñar.

—¿Cómo sobrellevabas el doble rol?

—La mayor parte de mi vida dirigí mujeres. Al principio me costaba un montón separar los dos roles pero con el tiempo lo supe diferenciar y trasmitir. Escuchaba lo que me decían y trataba de trasmitirlo. Tengo que haberme mandado muchas macanas porque nadie me decía si algo estaba mal. Actualmente eso cambio, porque hay un coordinador que guía.

—¿Tu mejor época como jugador?

—La que más disfruté fue en la adolescencia, porque siempre me sentía bien, y estando en el Jockey (Club), entre los 20 y 27 años, porque había un preparador físico que venía del rugby y nos exigía bastante. Se juntó todo.

—¿Qué materias de la carrera te resultaron importantes?

—Más allá de ver muchos deportes, Pedagogía y Metodología ayudan a trasmitir y relacionarte con la gente.

—¿Qué enfoque general predominaba?

—En Córdoba era más pedagógico, y en Santa Fe más deportivo y técnico, aunque deben estar integrados.

—¿Qué aplicaste el hockey?

—La didáctica y la pedagogía son fundamentales. En el profesorado no tuve hockey y recién hace unos años cambiaron los planes, con rugby para chicas y hockey para chicos. El manejo del grupo se hace con los años.

—¿Qué rescatás de los nuevos conceptos de entrenamiento, contrastados con la época en que te formaste?

—Cambió todo: nos hacían correr kilómetros y kilómetros, y subir escaleras, cuando hoy corrés lo que el deporte te demanda, al igual que se considera la importancia de la preparación física en las inferiores, que los chicos sepan utilizar su cuerpo y la coordinación. Antes pasabas a primera y no sabías correr. Cuando vinimos acá pusimos un profe para las inferiores. En cuanto al hockey, también hay modas: con Las Leonas fue mucho lo individual, luego se pasó a lo táctico, luego lo físico en cuanto a ser grandota y fibrosa. Antes se buscaba una habilidosa y ahora una atleta, como en todos los deportes, ya que primero eligen por el físico.

—¿Coincidís con esto último?

—Para jugar a nivel internacional, si no estás bien preparado físicamente no lo podés hacer, pero a su vez necesitás recursos técnicos. Tiene que haber un equilibrio entre ambos. No existe el jugador netamente físico que no tenga los conceptos. Quien sabe jugar tiene que estar bien físicamente para llegar a determinado nivel. Y estar bien psicológicamente para llegar o si se trunca la carrera en el camino.

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Leonas fundacionales y Leones desaprovechados

—¿Cuándo comenzó a considerarse esa integralidad?

—Tiene que ver con la situación económica de cada club. En mi primera época solo había un profe o un chico de la primera que te enseñaba, incluso no recuerdo si hacíamos entrada en calor. Cuando pasé a Jockey (Club) y en los seleccionados ya había un preparador físico, era más completo pero siempre faltaba algo. Hoy el Jockey es uno de los mejores equipos del país, con nutricionista, psicólogo y todo lo necesario.

—¿Cómo viviste el fenómeno Leonas?

—Fue un antes y un después porque donde vayas hay hockey femenino, a diferencia del masculino, en que el logro olímpico de Los Leones, algo impensado años atrás, no tuvo tanta repercusión. El hockey venía creciendo y con aquello explotó.

—¿Qué confluyó para ser un proceso sustentable?

—Un contexto de entrenadores y valores que trasmitían. Cachito Vigil fue clave para saber llevar el proceso, trasmitirlo, que las chicas le creyeran y trasmitieran el mismo mensaje. De las históricas no está ninguna y pero eso sigue vigente. Hubiera estado bueno que sucediera con los caballeros y no sé por qué no se aprovechó, teniendo en cuenta que estuvieron por encima de Las Leonas.

—¿En Las Leonas hubo algo técnicamente novedoso o disruptivo?

Cacho se basó mucho en la técnica y habilidades individuales, embanderadas por (Luciana) Aymar, distinta y la mejor del mundo por mucho tiempo.

—¿Qué se puede proyectar a otro ámbito?

—Siempre les digo a mis alumnos que se pongan objetivos altos, porque servirá para proyectar la vida en todos los ámbitos. Si querés llegar a un seleccionado nacional, exigite, sabiendo que tal vez no llegarás nunca, pero lo intentaste. Y en ese intento, mejorás y lo hacés con tu equipo. Estudiá Medicina para ser el mejor médico, no del montón. En ese proceso se cumplen otras metas más chicas. En Santa Fe Rugby veo que los chicos no sueñan y tienen pocas aspiraciones, falta ambición, soñar y exigirse. También está la falencia nuestra, los profes, de no generarlas porque somos los primeros que tenemos que motivar.

—¿Referentes deportivos?

—En mi época no tenía mucha televisión; estaba (Diego) Maradona y (Michael) Jordan… en hockey (Carlos) Retegui, (Jorge) Lombi y (Juan) Vivaldi, pero sin fanatismos.

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Talleres, razones de un éxito

—¿Cómo fue la adaptación a Paraná?

—Fue una oportunidad para demostrarme que podía salir de mi zona de confort y me sirvió mucho para desarrollarme y capacitarme como entrenador, y siempre seguí jugando, porque es lo que me gusta. En Rowing estuve dos años y luego pasé a Talleres.

—¿Y en cuanto a lo social?

—Me encanta la ciudad por la tranquilidad. Vine con ganas de instrumentar y mejorar muchas cosas pero en ese momento luché y choqué cuestiones propias de acá, y sigo chocando porque no se pueden cambiar. En algunos aspectos lo logré, como cuando vine acá (Talleres) y con Cristina Righelato hicimos un proyecto muy lindo de 20 años. Comenzamos con 50 jugadoras y llegamos a 350, también con la línea de caballeros.

—¿La clave del éxito?

—Que Cristina me creyó y siguió, con todas mis locuras, como la de poner luces y riego en la cancha, hasta el sintético, con otra subcomisión. En el primer momento las chicas no tenían preparación física y entrenaban dos veces a la semana, una hora, hasta que incorporamos preparador físico y hoy entrenan cuatro a cinco veces por semana, aunque ya no estoy.

—¿De qué depende la sustentabilidad?

—De cada uno. Cuando vine acá no había nada, salvo una cancha de pasto natural de la cual sacábamos yuyos con Cristina. Aposté, me ofrecieron mejores condiciones en otros lados y dije no. Para ser sustentable hay que saber lo que se quiere. Sabía que quería estar acá porque me sentía cómodo, la gente me seguía y peleábamos por más. No sé si el proyecto va de la mano de lo que cobrás, sino de las personas con las cuales te relacionás. Lo elegiría siempre más allá de que estoy distanciado del club por decisiones que no comparto.

Paraná y el conformismo

—¿Seguís chocando con los “techos” de la ciudad?

—Paraná no te pone techos sino que se los pone uno mismo.

—Pero te costó, y cuesta, que se entiendan determinadas cuestiones.

—¡Sí, sí, y lo sigo sosteniendo! Paraná, en calidad de deportistas, tiene para ser mucho más de lo que es, más allá de quienes han sobresalido. Hay gente con la posibilidad de hacerlo y se conforma con lo que tiene.

—¿Por qué?

—Somos muy conformistas y ante la adversidad o exigencia nos hacemos a un lado. Siempre me ordené la vida para jugar al hockey y desde los 13 hasta los 27 años, que me casé, nunca falté a un entrenamiento, como jugador y entrenador. Una vez me vine caminando y a dedo desde Santa Fe porque no había colectivos, a un entrenamiento. Con el tiempo aprendí que también estaba la familia y el estudio, con lo cual puedo entender ciertas situaciones, pero si querés ir a jugar a Buenos Aires y estar a ese nivel, tenés que estar cien por cien para el deporte. En Paraná preguntás ¿podés acomodar los horarios? y te contestan “y… no sé…”.

—¿Fortalezas y debilidades del hockey paranaense?

—Siempre nos destacamos por las inferiores y bajamos un poco; la mayoría de los clubes tiene sintético y cantidad de jugadoras. En Santa Fe son más competitivos, por eso peleamos para que haya un dos orillas todo el año y más seguido, pero los dirigentes defienden sus intereses. Falta ambición, profesores y capacitación de los profes.

—¿Tus metas hoy?

—Tratar de mejorar en lo que es trasmitir. En Talleres di un paso al costado porque veía que no podía hacerlo más, así que me fui a Santa Fe, lo cual me costó. Pero me sirvió para crecer más. Y a las chicas de acá también les sirvió. Sigo jugando, sabiendo que nunca llegaré a Los Leones, pero quiero mostrar que se puede entrenar a los 49 años con las mismas ganas de los chicos.

—¿Qué calidad tiene ese disfrute comparado con el de la adolescencia?

—No cambia en nada porque lo sigo viviendo igual, entrando nervioso a la cancha y con las mismas ganas de ganar. Me cuesta más ir a jugar por los hijos, el frío… pero cuando estoy ahí lo disfruto, incluso más que antes, porque cuando perdía me iba caminando empacado a mi casa y no quería ver a nadie. Se aprende con el tiempo.

“Prefiero enseñar hockey gratis que en una escuela”

Vich describió falencias de la Educación Física en el sistema educativo, las cuales se ponen en evidencia con la llegada de niños y adolescentes a los clubes.

—¿Has ejercido como profesor en escuelas?

—No, intenté un par de veces pero cuando vi que estaba… no digo arreglado pero… tenía pocas chances. De todos modos, no me gusta enseñar la actividad teniendo que forzar a las personas, y además la escuela no te defiende. Prefiero enseñar hockey gratis a alguien que realmente tiene el deseo, sin tener que renegar. En el profesorado privado estuve dos años y fue una linda experiencia, aunque en cuanto al sueldo era cambiar la plata, porque justo nació mi hijo.

—¿Qué falencias observás en la Educación Física y cómo repercute en los clubes?

—No tengo mucha información porque nunca he ejercido en escuelas, pero falta desarrollar lo motriz, lo coordinativo y correr, aunque en algunos establecimientos lo hacen. Cuando los chicos vienen al club se nota ese poco bagaje y no saben saltar, ni cuál es la derecha ni la izquierda… por eso en su momento acá pusimos un profesor de Educación Física para trabajar específicamente esos aspectos. Hay mucho ocio en los chicos y si no los sacás de las pantallas y vienen al club, viven echados.

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