La historia de Ramón combina elementos del mejor guión cinematrográfico. La historia de lucha de un pueblo, la admiración por las celebridades del cine argentino y el amor hacia un país que no era el suyo, marcaron a fuego la personalidad de un hombre que eligió a la Argentina como su segundo hogar. Nacido en Palma Soriano, una ciudad situada al sureste de Cuba, Ramón Oniel Columbié Grimón, recuerda retazos de su infancia cuando pegado a la pantalla del televisor veía las películas de Tita Merello, Carlos Gardel y la “Chiqui” Legrand. La memoria es la mejor aliada de Ramón, un incansable soñador que después de recorrer el país se instaló en Paraná con una propuesta cultural y gastronómica que se mantiene vigente: El Rinconcito Cubano.
Ramón, el hombre que cautiva con sus tragos y comidas
UNO/Juan Ignacio Pereira.
Ramón preparó para UNO un Santiago (naranja, granadina y ron), un Chiclé Frutal (frutas, hielo molido y ron) y el clásico mojito.
UNO/Juan Ignacio Pereira.
El Rinconcito abre sus puertas en el corazón de San Benito.
UNO/Juan Ignacio Pereira.
Fiel a una tradición, Ramón cada tanto disfruta fumando un habano.
La entrevista se desarrolla en San Benito, en una propiedad que le consiguió un amigo para que trasladara la propuesta de su bar–restó. Allí en un jardín tapizado de césped, muchas flores y algunas palmeras que le imprimen un tono caribeño al lugar, Ramón rememora sus días en la isla. “Mi vínculo con la Argentina es anterior a que decidiera venir al país. Me interesé por la historia del país desde que tenía 11 años porque mi papá había peleado en la guerra. Había compartido ese momento con Ernesto “Che” Guevara, estuvo un tiempo en la guerrilla del “Che” en Cuba”, introdujo.
En forma cronológica fluyen los recuerdos entre Cuba y la Argentina, de cómo se abrazó al estudio de la Historia y el inquebrantable amor que tiene por la narración oral. En su vida tampoco faltaron los amores y los desamores, y los proyectos personales que lo llevaron a echar raíces en nuestro país. Si bien surgió la propuesta de viajar al país en 2001, el estallido social paralizó sus planes y una gira desde el sur hasta la Quiaca para presentar un espectáculo de cuentos junto a dos músicos. “Era por tres meses y resultaba muy interesante”, recuerda sobre esa oportunidad que finalmente no se dio.
“Teníamos que volar a la Argentina el 28 de diciembre de 2001, pero el día 21 me llaman y me dicen: ‘Mira, acá se pudrió todo’. En ese momento pensé que se habían arrepentido y me estaban chamuyando. Entonces se me da por llamar a un amigo que estaba en Argentina y que hacía tabacos. Lo llamo y me dice ‘yo estoy en el aeropuerto y me voy. Esto se puso en candela’.”, explica entre risas.
De Cuba con amor
Parecería que en la historia de Ramón todos los caminos conducían a la tierra de Ernesto Guevara. Estando en la isla se enamoró de una argentina, con la que luego se casó y si bien la pareja no prosperó, esa relación se transformó con el tiempo en una amistad que aún perdura. Su primer viaje a la Argentina fue en 2007 para acompañarla, aunque luego regresó a Cuba y un año después volvió para instalarse de manera definitiva. “Entre una cosa y otra intenté volver a Cuba como tres veces y siempre aparecía algún motivo para que no me fuera”, reflexiona acerca de esa etapa.
Empezaron a surgir propuestas laborales y una de ellos llegó de la mano de quien era su pareja en ese momento.
“En 2011 a ella le ofrecen un trabajo en el área de Cultura en Santa Fe. No lo puede aceptar porque tenía un problema de salud y porque también tenía mucha carga de trabajo, habla con la gente y me propone a mí. Me aceptaron y estuve trabajando en el proyecto durante nueve años: viajaba por toda la provincia haciendo cuentos en las escuelas. Era una iniciativa que se llamaba Lectura sobre Ruedas, que consistía en hacer espectáculos y talleres de animación en base a la lectura. En esos años también estuve viajando por todo el país, este proyecto era de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (Conabip) y de la provincia de Santa Fe. Al poner la Conabip en su página fotos y videos de mis trabajos, de distintas provincias se fueron interesando y me fueron llamando para contratarme para ese tipo de trabajo” , manifestó.
Por el contexto económico la propuesta educativa llegó a su fin en 2017, y los viajes se fueron discontinuando. Ramón cuenta que aparecieron problemas de salud y no estaba seguro de seguir viviendo fuera de su patria.
Nunca se dio por vencido y encontró un nuevo hogar en San José del Rincón, en la provincia de Santa fe. Allí ante la falta de trabajo nació su espíritu emprendedor. Empezó a elaborar comida cubana para que la gente llevara. “Y la gente empezó que quería ir a comer allí, querían hablar de Cuba. Entonces empezamos a poner algunas mesas de la casa, teníamos un lindo patio y habíamos hecho con mi expareja una biblioteca popular. Aprovechamos ese ámbito para crear todo un movimiento artístico y que la comida sea un pretexto para incentivar el arte y la lectura”, dijo emocionado.
Todavía mantiene el recuerdo latente de la noche en que se inauguró una biblioteca y una tormenta inesperada quiso arruinar todos los planes. Ni los truenos ni la lluvia pudieron apagar el deseo de compartir unos mojitos y el placer de la lectura. “Todo el mundo se quedó metido en la biblioteca leyendo hasta las 5.30 y tomando. Nunca vi, eso, leer y tomar, la experiencia fue muy linda”, sostuvo.
Del Guateque a Paraná
Estando en Rincón le empieza a tomar el gusto a las reuniones sociales pero adaptadas al formato cubano. Con una clientela fiel, Ramón comenzó a organizar fiestas incorporando las costumbres de su país. Así nació el Guateque de Ramón, una celebración campesina que podía empezar a las seis de la tarde y terminar cuando los cuerpos dijeran basta. Esa idea le generó algunos reproches de su exmujer: “Hacía guateque una vez por semana con banda de son y salsa tocando en vivo, con chancho asado. Era muy complicado hacerlo, pero me daba el gusto; mi mujer me decía ‘vos te vas a enfermar’. Yo le decía ‘estoy feliz con esto, estoy como pez en el agua, me encanta, me gusta’. La mayoría de las veces perdía dinero, porque como era para sentirme bien, cobraba algo para solventar los gastos. Vendía las entradas anticipadas y cuando iba a comprar la mercadería había aumentado. La entrada era muy barata. Con recuperar el dinero de la inversión era feliz, además tenía un buen trabajo y ganaba bien”, relata orgulloso.
En Paraná se enamoró por partida doble: en las barrancas del Parque Urquiza y su vista al río encontró semejanzas del tibolí cuando se avista el Mar Caribe. También conoció a Lilian en una clase de ritmos caribeños en la Escuela de Aerobismo. “Justo fui de casualidad y estaban dando clases. Ahí la conocí, empezamos a vernos y yo estaba viajando, pero no tanto. En 2017 viajamos ambos a Cuba y cuando regresé acordamos que nos viniéramos a vivir a Paraná. Su hijo varón me pidió que me viniera a vivir con ella”, enfatiza.
Fue en ese momento que se activó su faceta emprendedora, participando de las ferias gastronómicas y de diferentes eventos. Al principio llevaban las barra de tragos, pero luego sumaron una propuesta gastronómica. Tuvieron buenas experiencias y etapas en las que debieron a superar adversidades sobre la marcha, como el día que hicieron una fenomenal inversión en frutas para el Día de la Primavera. El 21 de septiembre de 2017 hicimos una gran inversión para irnos al Anfiteatro para celebrar el Día de la Primavera. “Cuando llegamos allá lo habían suspendido y no nos habíamos enterado. Las frutas que habíamos comprado se iban a echar a perder, porque el ron no se podía vender. Empezamos a recorrer algunos sitios de la ciudad para instalar la barra y vender lo que teníamos. Nos fuimos al Thompson, pero vimos que todos estaban con su heladerita, entonces le digo a Lilian: “Ya está, vamos a irnos. Le dije que nos pusiéramos a vender en la entrada de nuestra casa, en avenida de las Américas casi llegando a Los Pipos”.
Se puede decir que esa experiencia gestó las bases de El Rinconcito Cubano.
“Pusimos un tablón y armé la barra desde el portón hacia adentro, por si acaso pasaba algo estábamos dentro de la casa. No pasaba nada, hasta que a las 22 le digo a Lilian ‘vamos a desmontar esto que no va a venir nadie’. Y cuando estábamos entrando las cosas se escucha la frenada de un auto, y pienso enseguida: “‘Ay, se mató”. Salimos, no vimos nada, sólo un auto que para y frena. Me preguntan ‘¿cómo es esto? ¿Se puede tomar algo?’ Le digo que sí, que lo que se vendía estaba en el cartel y me piden un mojito. Y ese paró, y paró el otro, y no paramos hasta las 5 de la mañana. Desde ahí se instaló la barra, tenía clientes de Victoria, de Diamante, que venían a tomarse unos mojitos. Me dijeron que fueron a varios lugares, pero el mejor mojito que tomaron es el de acá”, ilustró.
“Me voy a montar un bar”
Sus dotes como barman lo hicieron conocido en la zona sur de Paraná. Hasta su casa llegaban clientes de la zona, pero también de otras localidades como Victoria y Diamante. Sucede que en local improvisado que armó en su casa la gente le pedía pasar al baño y él al principio accedía a ese pedido: “Pero uno no sabía que estaban haciendo adentro. Me decían que era muy confiado, que no podía dejar pasar a cualquiera al baño. Empecé a decir que no pasaran al baño, entonces los clientes se iban a la estación de servicio y ya no volvían”.
Entonces decidió instalarse en Avenida de las Américas y Larralde, pero por cuestiones de espacio “tenía que decirle a más de 30 personas que no fueran porque no tenía lugar”.
“Me mudé a calle Intendente Luis Palma en septiembre de 2021, un lugar chico adentro pero con mucho espacio afuera. Afortunadamente el barrio me hizo una recepción impresionante, porque decía ‘aquí en cualquier momento me van a llamar a la Policía, por los ruidos’” explicó.
Tiempo después uno de los músicos que pasó por el espacio le ofreció ocupar el lugar donde actualmente funciona el Rinconcito Cubano en San Benito.
“Quiero que uses mi espacio, si te interesa. Si no son ustedes no se lo doy a nadie”
Un invitado a su cumpleaños y amigo personal de la familia le hizo una particular propuesta. “Quiero que uses mi espacio, si te interesa. Si no son ustedes no se lo doy a nadie”. Fueron varios mensajes de audio que le envió después del festejo de su natalicio. El espacio que funcionaba como salón de fiestas estaba cerrado hace 10 años en una zona céntrica de San Benito, a tres cuadras del acceso por avenida Jorge Newbery. “Le dije a mi mujer, éste lugar es mi lugar, me enamoré. Cuando él me dijo eso yo vi el cielo abierto, porque iba a cerrar en el invierno porque no tenía espacio adentro. Adentro tenía lugar para alrededor de 10 personas”, sostuvo.
Al dueño del local de calle Intendente Palma le dije que no me quería ir del local: “Voy a seguir pagándote el alquiler porque quiero volver en septiembre. Bueno, al final parece que se arrepintió, que tenía otros proyectos. Hablamos y me dijo que tenía que rescindir el contrato. Ni le pregunté porqué, fue un alivio porque estaba haciendo un esfuerzo inhumano para poder sostener los dos alquileres. Acordamos cerrar aquel local y quedarnos con éste”.
Ramón se queda buena parte de la semana en San Benito y espera con ansias la llegada de la primavera para que aumente la actividad del bar. El espacio, donde se ofrecen comidas típicas cubanas y la coctelería de la isla, convoca a espectáculos musicales de todos los géneros. “Entre el invierno y la crisis nos mató. Afortunadamente ya empezó a moverse, el domingo pasado tuvimos gente de Susana, en inmediaciones de Rafaela. Cuando se vaya el frío, la idea es abrir de miércoles a lunes y los martes para descansar”, graficó.
La propuesta gastronómica incluye un plato del día los fines de semana, aunque los comensales eligen la comida cubana, “que es en base a carne de cerdo, que es la carne que no podemos dejar de comer y arroz congrí, con porotos, con bastante pimientos. Después tenemos pizzas rinconcito, empanadas catibias que en un primer momento se hacían con harina de mandioca, de yuca, que es muy cara. Por eso decidimos hacerla casera. Son la diva”.
Agradecimientos
Ramón quiso agradecer a amigos que han colaborado en este proyecto, entre los cuales se encuentran Rubén Del Solar, a Luis Carreras, a Enzo y a todo el equipo de trabajo que lo acompaña. “Agradezco a Lilian, a mi compañera en el arte y en la vida, y en el trabajo. Sin ellos habría sido imposible llevar adelante este emprendimiento. También quiero dejar un saludo a Denis Lizazos Torres que es el presidente de la Colectividad Cubana del Litoral, a Wilmer Terrero Matos y a Pedro Jesús Peréz González y a mi familia en Cuba”.
















