Paraná

Testimonios del consumo de drogas y la esperanza de salir

Marcelo y Cristian dieron sus testimonios sobre el consumo de drogas, las dificultades para salir adelante y la ayuda que encontraron en una iglesia evangélica.

Domingo 06 de Febrero de 2022

En el marco de la serie de notas sobre la problemática de las drogas en Paraná, entre las que se publicaron la historia de Pablito, el chico de 15 años que pide que lo internen, y sobre las sustancias con las que se estira la cocaína en Entre Ríos según lo detectado en el laboratorio policial, UNO volvió, una vez más, al predio de la Iglesia Asamblea de Dios, para escuchar la voz de quienes han estado (o están) afectados por el consumo de drogas. Ese lugar está a cargo del pastor Héctor Larrea, quien viene ayudando y rescatando a muchas personas, sobre todo a los que tienen condenas penales, desde hace varios años. Marcelo y Cristian (les cambiamos sus nombres reales) dieron sus testimonios.

“Acá lo que es por el tema de la droga se ve como en todos los barrios, anda, anda y anda la droga, pero en todos lados. Lo que se ve es que cada vez está más avanzada. Yo fui cocainero, tengo 34 años y 15 años tomé cocaína, alcohol, pastillas, desde los 13, 14 años que arranqué cuando mis padres se separaron. La droga te lleva a la delincuencia, perdés tu familia, montones de cosas que uno cuando anda en se camino va perdiendo. A los 25 años perdí mi libertad, estuve cinco años, salí en 2020”, relató Marcelo.

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“Cuando perdí mi libertad eso fue lo que más me llevó a pedir ayuda. Estaba en 2020 en la Alcaidía de Paraná y me llamó a una entrevista la doctora Antonela Manfredi (defensora oficial de Paraná) con la fiscal Mercedes Nin, para darme una posibilidad de que yo pueda reinsertarme en la sociedad pero cambiando, que haya un cambio en mí, la voluntad mía era salir adelante, no consumir más, porque en la cárcel se consume el doble que afuera, hay mucha más droga. Y yo vivía para la pastilla, para la cocaína, para el cigarrillo, salí hecho pedazos”, agregó el muchacho que yo tiene 34 años.

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Un consejo. Héctor les habla a los pibes con una palabra autorizada por su experiencia.

Un consejo. Héctor les habla a los pibes con una palabra autorizada por su experiencia.

Entonces llegó a la iglesia ubicada en la zona del barrio Gaucho Rivero: “Hasta que me ubicaron en este lugar, me trajeron en camioneta esposado y hablé con el hermano Héctor. Uno no esperar estas cosas, que solamente hace Dios, tener esta oportunidad, ser un privilegiado, porque cuánta gente hay que necesita o quiere estar en un lugar así, viniendo del penal o con causas judiciales, con problemas de drogas. Gracias a dios estoy contándola y puedo dar mi testimonio de lo que yo viví.

Héctor, por su parte, destacó el trabajo de la Defensoría Pública de Paraná por “la vocación que tienen de defender a las personas”, a diferencia de un par de décadas atrás.

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Cristian contó su historia: “Mataron a mi padre delante mío, mi mamá estaba con otro hombre y me maltrataba, me empecé a justar con gente mayor y empecé a probar la marihuana, poxi ran, después no tenía, me iba a mi casa, mi hermana dejaba un teléfono y tac. A todo esto yo dejé la escuela, a consumir cocaína, a agarrar la calle desde los 11 años, a juntarme con gente mayor, nunca nadie me habló de Dios.

Luego de caer detenido y ser condenado por robos, Cristian no encontraba un lugar que lo ayude a salir adelante: “Nadie me quería dar una oportunidad, yo tengo tobillera, el hermano Héctor me dio una oportunidad. Hace seis meses que no toco una droga, gracias al hermano Héctor”, afirmó el joven de 28 años, quien agradeció también al defensor oficial Sebastián Lescano y las fiscales “que me dieron una oportunidad para venir acá”.

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Cristian también refirió una parte de su historia que revela otro problema con menos respuestas y soluciones. Su expareja, con quien tuvo una hija, se fue y abandonó a la beba a los dos meses, también severamente afectada por el consumo de drogas. “Para las mujeres es peor”, asegura Marcelo, ya que hay menos oportunidades que para los hombres, o mejor dicho nulas. Héctor dice al respecto: “El tema de las mujeres es que no tengo estructura, nosotros vamos a luchar y ojalá nos den un empuje. Queremos hacer algo así, no por beneficio propio sino de la comunidad”.

Por último, Cristian cuenta: “Lo que tiene el hermano es que nos usa la psicológica, hablando en criollo, porque dice ‘ustedes que estuvieron presos, te meten en un calabozo, te tienen una semana, no te dan puchos, no te dan nada, y no fumás ¿te moriste?’. ‘No’. ‘Y bueno...’”.

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