Por Alejandro Gamero
Sospechan que el intento de suicidio de Alejandro Amitrano fue una puesta de escena
¿Desesperación o puesta en escena? Es lo que hoy por hoy nadie se anima a afirmar con certeza sobre la conducta y el estado anímico de Alejandro Amitrano.
Los peritajes psicológicos y psiquiátricos dirán, finalmente, ante qué tipo de personalidad estamos, qué clase de persona es, cómo interactúa con su entorno en el peor momento. Por ahora, es un misterio.
El hombre acusado provocar la muerte de su hija, Belén, de 1 año, en 1999 por las golpizas que le propinaba, cayó el lunes pasado luego de permanecer 13 años prófugo de la Justicia mendocina.
Ese día en Paraná, Entre Ríos, salió a sacar la basura de su minimarket y fue detenido en la vereda.
En el calabozo de Paraná no tardó en hacer un nudo con la sábana para colgarse. Su madre, cuentan los que estuvieron allí, llegó a tiempo para evitar la decisión.
A uno de los policías de la DIC (Dirección de Inteligencia Criminal) y a otros de Paraná también les dijo que cuando llegara a la cárcel de Mendoza se quitaría la vida.
Sin embargo, el testeo psicológico preliminar realizado apenas ingresó a Almafuerte no arrojó riesgo de suicidio. Ni su estado emocional ni su personalidad les hicieron sospechar a los profesionales en la primera entrevista que él esté maquinando quitarse la vida.
Al contrario, su ánimo en los primeros días en el penal de Almafuerte distó de ser el de una persona que se debate al borde de la muerte. La cuestión del suicidio fue una gran preocupación para las autoridades carcelarias, atentos a las noticias que habían trascendido en los medios.
¿Actuación o realidad?
La pregunta del millón es si Amitrano lanzó la versión del suicidio en Paraná e, incluso, armó el escenario de la sábana anudada evaluando la posibilidad de esquivar la cárcel y ser enviado a algún hospital psiquiátrico en Entre Ríos del que quizá podría tener más chances de fuga. El interrogante se planteó porque una vez que llegó a Mendoza, no mencionó más el tema.
Esta especulación de actuar la posibilidad de suicidio podría surgir de cualquier persona que busca opciones para evitar ir a parar a una prisión a la otra punta del país, siendo además que es un individuo que lleva más de una década prófugo. Es decir, no hace falta ser un psicópata para pergeñar una estrategia así.
Ni mencionó a su hija
A todas estas dudas que surgieron luego de que Alejandro Amitrano llegó a Mendoza y ya no habló de matarse, sino que, además, el test en la cárcel no reveló el riesgo se sumó que no mencionó el tema en su breve entrevista con el titular del Servicio Penitenciario provincial.
Sebastián Sarmiento mantuvo una reunión con Amitrano de menos de 5 minutos, lo que le resultó llamativo porque, a diferencia de la mayoría de los ingresantes a la cárcel de la clase de Amitrano, que no están vinculados con la actividad delictiva, cuando tienen la entrevista de admisión suelen descargar su impotencia, sufrimiento y justificaciones, la mayoría desemboca en el llanto.
En cambio, Amitrano habló poco y nada, se mostró muy fastidiado y pidió ropa porque tenía lo puesto.
El encuentro con el titular del Servicio Penitenciario no fue a pedido de él, sino por iniciativa de Sebastián Sarmiento que quería verlo personalmente y cerciorarse de su situación y lo que necesitaba.
“Me sorprendió lo breve que fue la reunión”, comentó Sarmiento a Diario UNO y resaltó: “Me pareció una persona fría, muy fría, esa fue mi impresión. De la hija por la que está preso ni me habló, no la mencionó nunca. Le pregunté por esos rumores del suicidio, pero eludió comentar algo. No me dio la sensación de que estuviera anímicamente desmoronado, sino más bien contrariado, muy enojado por lo que está pasando, es decir, preocupado por su situación”.
El jefe máximo de las cárceles mendocinas agregó: “Cuando le consulté si necesitaba, algo me dijo que no, que sólo quería algo de ropa porque estaba con lo puesto”.
De todas formas, Sebastián Sarmiento enmarcó estas consideraciones en una percepción absolutamente personal: “Es lo que me pareció a mí pero no puedo decir lo que siente o cómo él lo siente. Hace muchos años que pasó lo de su hija y acá la gente que llega normalmente viene con el crimen recién cometido”.
Estudios y pericias
Tanto en la cárcel como en el Cuerpo Médico Forense, Alejandro Amitrano será sometido a peritajes psicológicos y psiquiátricos necesarios para establecer su personalidad y su presunto potencial criminal.
En Almafuerte, se le harán los estudios de rigor para posteriormente evaluar cómo encarar su seguimiento, su supervivencia en la cárcel y su recuperación para cuando oportunamente recupere la libertad, ahora, más adelante o dentro de 35 años si fuera condenado.
Por su parte, la fiscalía especial que lleva adelante la causa, comandada por la fiscal Claudia Ríos, también solicitó un peritaje, el cual es probable que recién esté listo a mediados de febrero.
Estas pericias serán cruciales para Amitrano porque aunque parezca de película, los psiquiatras detectan si una persona miente en sus respuestas, oculta la verdad, si trata o no de manipular a su entorno, si es capaz o no de cometer un crimen y después lo vuelcan en sus informes a los magistrados que investigan.











