Caso Jéssica Paola Dos Santos
Lunes 12 de Noviembre de 2018

"No encontramos paz, una persona con semejante frialdad no puede estar afuera"

A dos años del femicidio de Jéssica Paola Do Santos, su madre la recordó y no pierde las esperanzas de que se rompa el manto de impunidad

El hombre que mató a Jéssica Paola Do Santos lleva dos años sin castigo. Podría estar leyendo esta nota y sonriendo por haber quedado impune de uno de los peores crímenes registrados en los últimos años en Paraná. Pero la investigación no se detuvo y se fue acercando, de frío a tibio, de tibio a caliente, y no se pierden las esperanzas de que en poco tiempo esa sonrisa se empiece a caer del rostro del asesino. Mucho dependerá de que hable quien tenga que hablar, o será cómplice del femicida.

"Nosotros no encontramos la paz. Una persona con semejante frialdad no puede estar afuera", dice Ester, sentada en la mesa de su casa en la zona sur de Paraná. Estas son semanas difíciles: el cumpleaños de Paola, el de uno de sus hijos que en 2016 no alcanzaron a festejar juntos, el Día de la Madre, el día de su muerte, el día que la encontraron.

"A ella la encontraron el 9, pero la autopsia del forense dio que fue el 6 a partir de las 0 en adelante. Le dieron un tiro en la sien izquierda y murió instantáneamente, y lo otro fue después", dice Ester. Y aclara: "Ella no era ni indigente, ni vivía en la calle. Ella tenía problemas de adicción. La vida completa nos pasamos con ella para rescatarla".

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Paola nació en Chivilcoy el 13 de octubre de 1980. "Pero pudo haber nacido en cualquier otro lugar", cuenta Ester, y explica: "Yo me casé con un artista de circo. Paola nació en el circo Servián, la tenía a ella y estaba embarazada de Johana. Él es brasileño, Do Santos Rodríguez. De repente se vino todo abajo. De por sí ella tendía a ser depresiva, le afectó muchísimo la separación, pero siempre le afectó a llamarse al silencio. Anduvo muy bien en la escuela siempre, iba a la Santa Fe. Al jardín lo hizo en distintos lugares del país, empezó en Bahía Blanca antes de los 2 años, y comenzó el primer grado en la escuela en Paraná".

"Empezó cuando estaba en cuarto año, viste que empiezan como una cosa muy light, hemos hablado tanto con psicólogos y psiquiatras, la depresión es como un imán para que se te peguen algunas cosas, al tener un estado anímico muy por allá abajo. Y bueno, después fueron naciendo los chicos. Ella siempre andaba sola para todos lados", recuerda.

El último tratamiento lo hizo en una institución en Cañada de Gómez, donde estuvo dos años, y luego en forma ambulatoria, viajaba todos los días a Santa Fe. "Hasta que ella dijo 'basta, no puedo más'. Es difícil, es muy difícil salir", dice Ester, y cuenta: "Ella estuvo mucho tiempo en abstinencia, no es que andaba por la calle perdida. Pero ¿qué pasa con la maldita droga? El que no tiene dinero, varón o mujer, roba o se prostituye, no hay otra manera de conseguir dinero para tu adicción, no existe. No sabés las cosas que he conocido buscándola a ella, y con un montón de Ester que hay".

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En ese tiempo, inicios de 2016, fue a vivir un tiempo con su padre en el circo, pero volvió y se fue con Juan, un hombre del barrio Los Arenales. Para el 2 de noviembre habían quedado en festejar el cumpleaños de uno de sus hijos. Pero ese día llovió y no pudo salir de Los Arenales, entonces lo reprogramaron para el domingo siguiente.

El sábado 6 fue la última vez que la vieron con vida. Había ido al barrio Las Flores, porque un matrimonio al que le hacía algunas changas le iba a regalar 500 pesos para que se compre un pantalón por su cumpleaños. "El sábado a la mañana ella llamó por teléfono, le dice a mi nieta 'mañana voy para allá, vamos a comer juntos una tortita'", recuerda Ester.

El sábado a la noche una señora la vio en el barrio. Le dijo que le quedaba bien el cabello rubio, entró a su casa, se miró a un espejo y le contó que quería dejarse su color natural. La vecina le preguntó para dónde se iba, y le señaló hacia el lado del barrio La Floresta o San Martín. "Le dijo 'me voy al kiosquito y después me voy para allá', y no la vio nadie más", cuenta Ester.

Lo que los investigadores están convencidos, es que no salió de ese sector. Es decir, el asesino está en esas cuadras de la zona oeste de la ciudad. Esa noche había policías por todo lados. El prefecto Orlando Ojeda había asesinado a sus dos exparejas, Romina Ibarra en el barrio Mosconi, y Lidia Milessi en el barrio Los Gobernadores, y en la madrugada habían quemado la casa de Ojeda. "Tal vez la idea era tirarla para el lado del río, entonces como estaba plagado de policías, el que la mató no ha sabido qué hacer, e improvisó esa cosa horrorosa", piensa Ester.

El miércoles 9, un hombre que iba a caballo por un sendero del Parque Varisco, a comprar una garrafa, miró para un costado y vio una mano. Se acercó y vio el resto: partes de un cuerpo en bolsas de supermercado.

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La familia de Paola no tardó en enterarse. "Cuando la encontraron, una chica que había ido a la escuela con mi nieta más grande la llama por teléfono y le dice: 'Vos sabés que encontraron una mujer muerta en tal lugar y a mí me parece que es tu mamá'. Me fui a la Fiscalía, en ese momento no enlazás las cosas, y estaba cerrada. A las 9 de la noche le terminó diciendo esta chica que la habían encontrado descuartizada. Cómo le decíamos a la hermana, a mí me preocupaba más mi hija y el padre que tenía problemas de corazón. Y cuando regreso de Fiscalía ya estaba acá Álvaro Piérola, me abrazó fuerte y dijo 'Estoy tan impresionado, nunca vi una cosa así, queremos que nos termines de decir que es ella'. Y sí, era ella".

Sin descartar nada, la investigación se dirigió hacia todos los lugares posibles donde Paola estuvo o se movía, pero no se encontraron indicios para sospechar de nadie.

"A partir de ahí se hicieron infinidades de allanamientos, a todos lados. Todo el tiempo se acercaban los de Homicidios, me llaman, me dicen 'Ester tenemos esto ¿escuchaste tal nombre?'. La causa no ha parado, yo no voy a permitir que pare. Ha habido avances, pero no hay ningún detenido. Como me dice Ángel Ricle, 'nosotros podemos conocer a un montón de personajes, pero lo único que tenemos es la bala que le sacamos de la cabeza'. Y después está que alguien diga que ha visto algo, pero no se animan. Yo he visto cosas saliendo de mi trabajo, llamo al 911 y aviso. Gente que vende droga en la puerta de la escuela, peleas. Pero hay gente que no se anima", dice Ester, que no pierde las esperanzas, pero ha dejado de "andar como un investigador privado".

También aguarda que alguien se quiebre: "De repente no es uno, son varias personas. Porque hay que guardar semejante hecho. Que se mate a una persona por algún conflicto, es hasta normal, pero ver cómo a una persona la desmembran debe ser espantoso", dice, y señala algo que hasta ahora no han tenido: "Va un poco de suerte también".

En este sentido, cabe destacar que por pedido de la Fiscalía, el Ministerio de Seguridad de la Nación ofrece una recompensa de 500.000 pesos para quien aporte "datos útiles que permitan dar con el autor y o autores del homicidio" de Paola. Una cifra importante en tiempos de crisis, para lo que es en realidad una obligación. Se indica que las personas que quieran suministrar información, deberán comunicarse telefónicamente con el programa nacional de coordinación para la búsqueda de personas ordenada por la Justicia al número 0800-555-5065 o al número 134.

"Ella era buena, generosa, se desenvolvía con mucha educación", recuerda la madre. Luego se para y toma una foto del aparador. "Esa fue la última fotito que le sacaron las hermanas en el circo, fue en febrero de 2016". Paola, con una cruz colgando al pecho, sonríe a la cámara.

Se sienta de nuevo, piensa y dice: "Ya no se trata de la Gorda, sino que esa persona esté pensando que le salió bien, o es más, hasta le llegó a gustar eso que hizo, un enfermo de esos no puede estar libre".

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La dolorosa carta que escribió la mamá de Jéssica
El 6 de noviembre, al cumplirse dos años del femicidio, Ester escribió en Facebook una carta a su hija.
"Hola gordita, no voy a preguntarte cómo estás, porque sé que desde que te mudaste, solo paz encontraste ¿lo recordás?
No lo dudo, por eso estoy tranquila. No quiero mentirte, las cosas acá no están bien. Los terrenales no hemos podido, a pesar del tiempo, ver la o las caras de quienes hicieron irte, mucho antes de lo previsto. Igual gordi... no te pongas mal, sabes que las mamás somos más que exageradas.
Estoy segura dirás Estercita no, no llorés. Tenés razón Pao, después de todo ¿qué son dos años? No son nada, nada para los gobernantes, nada para quienes deberían garantizarnos la Justicia, aquí en la tierra.
Gordi, sabemos que para vos y muchos de los que están allá, lo que te digo es real. Pero bueno mi amor, acá se suele decir es lo que hay.
Te juro nena, quisiera dejar de ser una mamá rota. Me dejo llevar por mis sentimientos, y con vehemencia deseo mi gordita, en la próxima por fin darte la gran noticia. Un manto de alivio, por favor, al fin fueron escuchados nuestros ruegos. ¡Se hizo Justicia! Vimos a los ojos a quienes te dieron el pasaje de ida, aquél 6 de noviembre de 2016.
Mi gordita, cada segundo que pasa es agonía. Te extraño, te extraño".

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