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Golpes, encierro y abusos en la voz de una sobreviviente

Rita contó el calvario que padeció durante las semanas que convivió con su expareja, Ángel "Tati" Rodríguez. Espera justicia y una condena.

Jueves 18 de Febrero de 2021

Entre el 23 de noviembre de 2020 y el 11 de enero, Rita vivió un infierno por las violencias ejercidas por Alan Nicolás Rodríguez. Pudo escapar de los golpes, los abusos y el encierro y logró que lo apresen para poder rearmar su vida. Como muchas mujeres, eligió contar y hacer pública su historia para lograr justicia.

“Hace un año conocí a una persona, me parecía la más buena del mundo, súper atento conmigo, me ayudó muchísimo. En noviembre discutió con sus padres y me pidió si podía empezar a quedarse a dormir acá, yo le dije que no había problema. Habremos estado viviendo dos semanas bien. Se le salió la cadena cuando me agarró el teléfono y encontró unos mensajes de Facebook del pasado, mensajes viejos, yo soy viuda, tengo 35 años, he tenido varios trabajos. No hubo forma de hacerle entender, y ese día me partió por la mitad el teléfono, y le sacó las baterías a los celulares de mis hijos. Ahí terminó mi comunicación con la vida, el 23 de noviembre. Se apoderó de las llaves de mi casa y no me dejó ir a trabajar”, contó Rita, que trabaja en la cocina una escuela.

“Él es albañil, se iba y nos dejaba encerrados con llave adelante y atrás, sacó la cerradura de una puerta y le puso candado, se apropió totalmente de nuestra vida, ya no teníamos contacto con nadie, venía mi familia y les decía que yo no estaba. Yo salía solamente a hacer mandados con él, que usaba mis tarjetas y a lo último no quería ni ir a trabajar porque decía que yo podía tener un teléfono. Si iba al baño tenía que ir con él. Era una cosa para él. Ni mi hija, ni a mí ni a su hija nos dejaba usar polleras. Fue un proceso que se fue dando. Tuve relaciones varias veces sin consentimiento”, relató la mujer.

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Rita contó a UNO la violencia que sufrió en su propia casa, en un encierro y soportando golpes.

Rita contó a UNO la violencia que sufrió en su propia casa, en un encierro y soportando golpes.

Uno de los peores días de violencia, que a su vez fue el principio del fin del calvario, fue el del cumpleaños de Rodríguez, y así lo recordó: “Llegó el 10 de enero y decidió que iba a hacer una comida con sus familiares. Yo sí iba a la casa de su madre porque queda a cinco cuadras, ellos me veían los moretones. Él consumía muchas pastillas con alcohol, y ese día era otra persona. Primero la golpeó a la hermana, se empezaron a ir todos, me encerró con llave y se fue. Cuando volvió, contó que tenía un arma y le había ido a tirotear al novio de su hermana. Le había pegado a la madre, le pegó un tiro al hermano más chico. Regresó a las horas, empezó a buscar más pastillas, encontró un teléfono mío que no andaba y lo rompió en la calle. Los chicos dormían, fue toda una madrugada. Intenté salir como a las 5 de la mañana porque se puso a cargar su teléfono, me manoteó, me golpeó y me encerró con llave”.

Luego llegó el padre del agresor a la vivienda y Rita pudo sacarle las llaves a Rodríguez porque estaba bajo efectos de los psicofármacos, pero no le sirvió de nada: “Le dije al padre ‘por favor ayúdeme, no ha dejado de pegarme en toda la noche, no tengo teléfono para llamar a la Policía’. Me dijo ‘Ese es tu problema, no el mío. Salí a la calle y pedí ayuda’”, recordó la mujer.

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En esos momentos, Rodríguez le preguntó a Rita si había visto su arma. Ella no sabía, pero le dijo que buscara debajo de la cama. Aprovechó ese instante para huir: “Cuando fue a la pieza, corrí, él salió corriendo atrás mío”, contó Rita. No obstante, en los instantes posteriores chocó con la indiferencia de personas que no la auxiliaron: “Me metí en la primera panadería de Ramírez y Peyret y pedí ayuda. Dije ‘me está siguiendo mi expareja, por favor, me quiere matar’. Y me dicen que los comprometía. Corrí media cuadra más, había una chica y le dije ‘por favor llamá al 911 que me están siguiendo para matarme’, y me ignoró por completo. Él me corrió hasta el busto de Perón, calle 17 de Octubre. En eso pasó un patrullero y le levanté la mano, pero no paró porque no me vio, pero él pensó que iba a parar y se volvió”.

Recién allí tuvo la primera ayuda: “Vi una señora sentada tomando mates al lado de una iglesia, le pedí por favor que llame a la Policía. La mujer me dijo ‘yo llamo al 911 pero vos esperá en Ramírez y Cochrane frente a los chinos porque yo no quiero ningún problema, vi cómo ese loco te corría para matarte’. Vino el 911 en seguida y los mandé para mi casa, yo estaba sin remera, descalza, lo encontraron rompiendo todas las cosas. Vino la División Trata de Personas, les dije que iba a denunciar porque estaba viviendo un calvario y esa era mi oportunidad de salir”, relató Rita.

La llevaron a la comisaría segunda, donde destacó la atención que recibió, luego buscaron a sus hijos y la llevaron a Tribunales. Esperaron hasta las 16 (era domingo), hasta que la atendió el secretario del fiscal de Género, Leandro Dato.

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Tras sufrir violencia, ella eligió hacer pública su historia para lograr justicia.

Tras sufrir violencia, ella eligió hacer pública su historia para lograr justicia.

“A él lo llevaron para identificación y lo largaron, o sea que estaba suelto, lo único que tenía era una orden de restricción, a mí no me servía para nada. Se lo planteé al chico, llamaron a una médica forense y me dijeron que había salido la orden de detención porque constataron el abuso sexual. Hasta que él no estuvo preso no me volví a mi casa, me quedé en la puerta de Tribunales”, recordó.

Al día siguiente declaró ante Dato y con la ayuda de la Dirección de Asistencia a la Víctima Rita estuvo alojada en distintos hoteles con sus hijos. Luego a Rodríguez le dieron 60 días de prisión preventiva domiciliaria, con tobillera electrónica, en la casa de sus padres. “El fiscal y la jueza Firpo se aseguraron de que él no salga de la Alcaidía sin la tobillera”, dijo la mujer. Lo imputaron por Abuso sexual y Privación ilegítima de la libertad en contexto de violencia de género.

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“Ahí tuve dos semanas terribles porque me cascotearon la casa varias veces. A los dos días sentí ruidos y vi por la ventana a una persona salir de la puerta de mi casa. Apreté el botón antipánico, llegó la Policía y me dice que me quede tranquila. Apreté por segunda vez el botón antipánico, vino la Policía, a la media hora me llaman por la ventana y me dicen que habían encontrado trepándose a mi casa dos tipos, uno había agarrado para la Villa 351 y al menor lo agarraron cerca, que dijo que son conocidos de él (de Rodríguez)”.

Poco después Rita se enteró de que si su expareja no iba a la cárcel, su vida corría serio peligro: “Tenía planeado mi muerte, le contó a su mejor amigo cómo me iba a matar, que él ya estaba perdido, que no iba a ir preso por violador, sino por asesino. La novia del chico se solidarizó conmigo y me dijo ‘Sergio me contó que el Tati el viernes se va a escapar, no le importa nada, el viernes te mata’”.

Rita llevó los mensajes como evidencia al fiscal Dato. A su vez, se contactó con los abogados Patricio Cozzi, María Obaid y Pablo Obaid, quienes la representan en la causa. Pidieron urgente una audiencia y le revocaron a Rodríguez la domiciliaria, por lo que deberá cumplir los 60 días de preventiva en la unidad penal. El 12 de marzo se revisará la medida cautelar.

Rita destacó el trabajo y la atención del fiscal Dato, así como de los abogados que la representan. La suya es una historia terrible con una causa que recién comienza y espera que termine en una condena. A su vez, demostró que el sistema de atención y protección a las víctimas puede funcionar bien y salvar vidas en peligro por la violencia de género.

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