El kinesiólogo oriundo de Paraná, Entre Ríos, Hugo Peralta, forma parte del cuerpo técnico de la Selección Argentina de Natación desde 2018 y, actualmente, integra la delegación nacional en el Campeonato Mundial de Natación de 2025 en Singapur como el único profesional de la salud que acompaña al equipo.
De Paraná a Singapur: el rol clave de Hugo Peralta en la Selección Argentina de Natación
Hugo Peralta, kinesiólogo entrerriano de 39 años, dialogó con UNO sobre su rol en la Selección Argentina durante el Campeonato Mundial de Natación en Singapur.
Por Gerónimo Flores
Comprometido. Hugo Peralta acompaña y apoya a los atletas en todo momento.
El entrerriano tiene 39 años y una sólida trayectoria en el deporte de alto rendimiento. Antes de abocarse al mundo acuático, trabajó durante muchos años en la Unión Argentina de Rugby (UAR), un entorno altamente competitivo, donde adquirió muchas de las herramientas que hoy aplica en su día a día, capacidad de trabajo interdisciplinario, manejo de grupos bajo presión, planificación individualizada y formación continua.
El cuerpo técnico de la Selección Argentina de Natación
En constante desafío
Hoy, su desafío profesional se desarrolla en un escenario muy distinto. La natación y sus disciplinas asociadas exigen un abordaje técnico diverso y una sensibilidad especial para acompañar a atletas que, en muchos casos, compiten en solitario y con una alta carga emocional.
Hugo Peralta dialogó con Diario UNO
En una entrevista con UNO, Hugo reflexionó sobre su paso por el rugby, las diferencias entre trabajar con equipos y atletas individuales, su rol actual en el Campeonato Mundial de Natación de 2025 en Singapur y los aspectos que, según su experiencia, es urgente fortalecer en las selecciones nacionales argentinas.
—¿Qué aprendizajes te dejó tu paso por la Unión Argentina de Rugby?
—Fue una etapa muy enriquecedora, tanto a nivel profesional como humano. Pude trabajar en un entorno de alta exigencia, donde la preparación física, la prevención y la recuperación tenían un rol fundamental para sostener el rendimiento y la salud a largo plazo. Aprendí la importancia del trabajo interdisciplinario, de la comunicación constante entre cuerpo técnico, médicos, preparadores físicos y kinesiólogos, y, sobre todo, el valor de la planificación individualizada en un deporte tan físico y complejo como el rugby. También, me llevo el aprendizaje del manejo de grupo, del liderazgo en contextos de presión y de la resiliencia que se vive dentro de un seleccionado nacional.
—¿Cómo fue la transición de trabajar con planteles de rugby a un deporte individual como la natación?
—Fue una transición desafiante, aunque muy valiosa. En el rugby, uno trabaja con un grupo grande, donde todo gira en torno a lo colectivo, las dinámicas de equipo, los tiempos compartidos y la construcción de identidad grupal. Al pasar a deportes individuales, el foco cambia completamente, el trabajo se vuelve mucho más personalizado, más introspectivo, y las necesidades del deportista requieren una escucha más profunda, tanto física como emocional. Desde lo profesional, me obligó a repensar estrategias, ya no era solo prevenir o rehabilitar lesiones, sino también entender la rutina, los miedos y la presión que siente un atleta que compite solo. A su vez, en lo humano, el vínculo con el deportista se vuelve mucho más cercano. Por otro lado, en lo emocional, aprendí a leer los silencios, a entender cuándo intervenir y cuándo simplemente estar.
—¿Cuál es tu rol actual dentro del equipo argentino en el Campeonato Mundial de Natación?
—Mi rol es integral y bastante desafiante, ya que soy el único profesional de la salud acompañando al equipo, lo que implica un abordaje amplio y multifacético. Estoy trabajando con tres disciplinas que, si bien comparten el medio acuático, tienen demandas físicas, emocionales y estratégicas muy diferentes, el waterpolo como deporte de equipo, las aguas abiertas como disciplina individual de resistencia, y la natación de pileta, que combina velocidad, técnica y también resistencia. Desde lo profesional, mi trabajo se centra en tres grandes ejes, la prevención, la recuperación y el soporte físico y funcional de los atletas. También, estoy en contacto permanente con los preparadores físicos y los entrenadores para ajustar rutinas y estrategias, y con los psicólogos deportivos para entender mejor el contexto emocional de cada atleta y dar un acompañamiento más efectivo.
—¿Cómo es el día a día en una competencia de este nivel desde el área de kinesiología?
—Es muy intenso y requiere estar siempre disponible para los atletas. Arranca temprano, muchas veces antes del primer entrenamiento o competencia. Primero hacemos evaluaciones rápidas, cómo se sienten, cómo durmieron, si hay molestias, fatiga o algo que prevenir. A partir de ahí, organizo el trabajo en función de los cronogramas de competencia y de los entrenamientos. Hay días en los que las sesiones arrancan muy temprano por la mañana y terminan pasada la medianoche, sobre todo cuando coinciden competencias con sesiones de recuperación, tratamiento o viajes entre sedes.
—¿Cómo se planifica la prevención de lesiones en un torneo tan demandante?
—La prevención en una competencia tan demandante no puede abordarse desde una sola dimensión. Se trata de un trabajo planificado e interdisciplinario que requiere entender al deportista como un todo, físico, mental y emocional. En mi rol como kinesiólogo y profesional de la salud, la prevención empieza incluso antes del viaje, con evaluaciones funcionales, chequeos de movilidad, análisis de cargas previas y diálogo con los entrenadores para conocer en qué momento del ciclo de entrenamiento está cada atleta.
—¿Qué aspectos habría que fortalecer en el trabajo con selecciones nacionales?
—Hay varios aspectos importantes que se deben fortalecer en los seleccionados nacionales si queremos realmente apostar al desarrollo sostenible del deporte argentino. En primer lugar, la contención emocional. Los atletas no son solo cuerpos que rinden, son personas que viven presiones, duelos, expectativas y frustraciones. Es fundamental generar espacios reales de acompañamiento psicológico, no solo en competencia, sino durante todo el proceso de formación. En segundo lugar, el apoyo económico. No solo para quienes ya están compitiendo a nivel internacional, sino también para los deportistas en desarrollo. La inversión en etapas formativas es esencial si queremos tener atletas de alto rendimiento en el futuro. Asimismo, considero crucial fomentar la capacitación continua de los profesionales de la salud que trabajamos en el deporte.

















