Nada como el espinillo para el horno de barro donde cocer el pan casero. Y qué decir del fogón para el encuentro, de las brasas para la parrilla. Pocos como el espinillo para hornear los adobes que nos darán casa. En el plato y en el techo, espinillos, como espinillos en el paisaje que mejor nos contiene.
Nos llamaron a votar un árbol y elegimos nomás un arbolito
Ceibo en las costas de la red de arroyos, espinillo campo adentro en las lomadas y llanuras. Ceibo: sangre derramada por la independencia; espinillo: sol multiplicado. Espinal y selva ribereña. Uno para el agua, otro para el fuego: el destino ha querido que los entrerrianos seamos expresados en dos árboles, pares opuestos y complementarios que no obedecen fronteras, son de una amplia región, bandean ríos como saltan montañas.
El más común
No es frecuente que el más común se siente en el trono. Entre 28 opciones, 28 especies, los entrerrianos acabamos de elegir al espinillo, el más gauchito. Si fuera persona vestiría alpargatas, boina, pañuelo al cuello.
Como el ceibo da la flor nacional de la Argentina y el Uruguay, y está arraigado muy especialmente en nuestro territorio para pintar intensamente rojo el paisaje en estos días de noviembre; desde ahora el espinillo es el árbol representativo de nuestra provincia. Una de las especies expulsadas de los arbolados urbanos porque (como buen ejemplo del espinal) tiene espinas, está recuperando así un lugar por bello y común entre nosotros. ¿En verdad que las personas no podemos convivir con arbolitos espinudos? Un invento de profesionales y funcionarios que de tanto mirar lo práctico se les pierde de vista la cultura.
La elección del espinillo es una lección: los guerreros hubieran dicho ñandubay, los poetas hubieran dicho sauce, algún especialista hubiera dicho algarrobo, no pocos historiadores hubieran repetido ceibo, y el pueblo anónimo se volcó por el más común, sencillo, achaparrado, el que dice a todos sin desmerecer a ninguno.
Resistencia charrúa
No hay que forzar nada para decir que el espinillo expresa la resistencia charrúa, con su capacidad inigualable de volver, tras la tala rasa, y de guardar semillas por años con capacidad germinativa, para tiempos propicios. Los renovales del monte son espinillares, y por eso amarillos de sol, perfumadísimos. Como dice el poeta, pleno invierno y amarillea el Abya yala del sur, aromando el continente del Pacífico al Atlántico.
Generoso en su aroma, el espinillo evoca al sol en su flor, como evoca el origen de la autonomía provincial en la Batalla del Espinillo. Y es que el arroyo con nombre de árbol fue testigo de la unidad entrerriano oriental un 22 de febrero de 1814, haciendo pata ancha ante la invasión porteña enviada para matar a José Artigas y destruir el federalismo. Como les salió el tiro por la culata, esa batalla dio vida a la región autónoma (mal) llamada provincia de Entre Ríos e inauguró el tiempo federal. Poco después de esa Batalla del Espinillo nació la bandera de banda roja que tan bien reflejan las flores del ceibo, emblema nacional, y el copete del cardenal, ave representativa de Entre Ríos.
En una columna anterior, en este espacio, jugamos con las 28 especies de árboles, a cada cual más apropiada para representarnos, y en verdad nos quedábamos con todas. Del espinillo dijimos, antes de la elección: “admitamos que, si de árboles populares se trata, el espinillo saca ventaja porque además de abundante y empecinado da unas flores increíbles, como pompones amarillísimos acompañados de un perfume que sólo el espinillo y de ahí su otro nombre: aromito. Entonces, ¿es el espinillo el árbol nuestro? Qué belleza, y qué desagravio si por tantos años menospreciamos esta especie precisamente por ser aborigen y crecer en cada rincón. En estos días ya tiene el frutito verdeando, y es cierto que el ceibo corre con una a favor porque florece justo ahora, cuando votamos”.
En la voz de Atahualpa
Un poema del oriental Romildo Risso que solía recitar y cantar Atahualpa Yupanqui, titulado El Aromo, hace referencia a la garra del espinillo para sostenerse en la adversidad (ver recuadro). Como no tiene alegrías, hace flores de sus penas, dice el poeta.
Juan L. Ortiz les habla a los espinillos: “sois el alma misma de mi tierra humilde y sumida en silencio”, les dice.
Hay referencias al espinillo en Aníbal Sampayo, y lo mismo en compositores jóvenes como Melisa Budini.
No importaba qué especie íbamos a elegir, en verdad que la naturaleza no tiene preferencias, ahí nadie es más que nadie, pero el espinillo alcanzó más simpatías en la elección (convocada por el Consejo General de Educación y el Jardín Botánico de Oro Verde, de la UNER); digamos que eso nos llena de satisfacción. Entre Ríos: patria de ceibos, sauces, ombúes, talas, espinillos...
Hornero, ave nacional; cardenal ave provincial. Ceibo, flor nacional; espinillo, árbol provincial. Pares opuestos complementarios.
Compartimos el ceibo con Uruguay, compartimos el mburucuyá con Paraguay, y hoy podemos decir que una de las especies más extendidas por todo el cono sur del Abya yala (América) encontró preferencias aquí y nos permite, ahora más que nunca, hablar del monte nativo y de los ataques que ha sufrido en estos cien años, y sufre. El espinillo es uno de los pocos que regresan con mayor facilidad y avisa. No se rinde.
Que el espinillo sea tan común aquí no quita que sea también muy común en otras regiones. Veamos lo que dicen, por ejemplo, en Córdoba: “Conocido también como aromo o aromito, el espinillo es el árbol serrano por excelencia. Junto con la jarilla y el piquillín, es el árbol más común de nuestras sierras de Córdoba. De rústica austeridad. Hojas menudas, espinas largas, tronco escueto y corteza leñosa. El espinillo es medido y se excede en tamaño cuando florece, tiempo en el que muestra flores amarillas. Árbol bajo de 4 a 5 metros de altura, copa amplia. Espinoso, con espinas de hasta 2 centímetros de largo, de color blanco. Corteza surcada de color castaño oscuro”.
Loros agradecidos
¿Qué dicen en Chile? “Acacia caven es un árbol nativo de Chile. Es conocido con diversos nombres: espino, churque, cavén, espino maulino, quirinca. En su estado natural crece entre las regiones de Atacama y Biobío, encontrándose también en el noroeste de Argentina, Bolivia, Brasil, Uruguay y Paraguay”. Y bien: nosotros estamos en el nordeste de la Argentina y lo elegimos como nuestro. Del Atlántico al Pacífico, pues: espinillares.
Nos llamaron a elegir entre muchos un árbol, y elegimos un arbolito, casi arbusto según las diversas definiciones. No buscamos el más duro ni el más grande ni el más útil: fuimos por una manifestación de nuestros montes retorcidos y dulces, con madera que es nido trenzado en las loradas, fogón para nosotros, brasa ardiente en los asados, temperaturas altísimas en los hornos de ladrillos.
Gente de costumbres antiguas habla de muchas propiedades medicinales, y sí: nuestros montes son una farmacia, y a eso lo saben mejor nuestros pueblos milenarios. Como saben las abejas de las bondades de sus flores para la miel.
Pero no es la utilidad lo que predominó en esta elección. Parece que algunos, al votar, pensaron en el paisaje integral y supieron oler en el aire ese orgullito manso que decía el nogoyasero Aldo Muñoz, y que se pinta bien en los espinillares. Viejos espinillos y renovales: todo habla de un pago que está vivo, que no se entrega.
El aromo (Romildo Risso - Atahualpa Yupanqui)
Hay un aromo nacido
en la grieta de una piedra.
Parece que la rompió
pa’ salir de adentro de ella.
Está en un alto pelao
no tiene ni un yuyo cerca
viéndolo solo y florido
tuíto el monte lo envidea.
Lo miran a la distancia
árboles y enredaderas,
diciéndose con rencor
¡pa’ uno solo, cuánta tierra!
En oro le ofrece al sol
pagar la luz que le presta
y como tiene de más,
puñao por el suelo siembra.
Salud, plata y alegría
tuíto al aromo le suebra
asegún ven los demás
desde el lugar que lo observan.
Pero hay que dir y fijarse
cómo lo estruja la piedra,
fijarse que es un martirio
la vida que le envidean.
En ese rajón el árbol
nació por su mala estrella,
y en vez de morirse triste
se hace flores de sus penas.
Como no tiene reparo
todos los vientos le pegan,
las heladas lo castigan,
l’agua pasa y no se queda.
Ansina vive el aromo
sin que ninguno lo sepa
con su poquito de orgullo
porque justo es que lo tenga.
Pero con l’alma tan linda
que no le brota una queja
que no teniendo alegrías
se hace flores de sus penas.
Eso habrían de envidiarle
los otros si lo supieran.
Pero con ‘l alma tan linda
que no le brota una queja,
que no teniendo alegrías
se hace flores de sus penas.
Nos despinamos (Urugua Hu)
conozco desde que nací al vecino con espinas
de los pies a la cabeza, espinas, me conoce
corazón del invierno, campea la escarcha
tirita el monte, los pájaros se guardan preguntas
y el de espinas, hay que verlo: florece
aroma el espinillo de aquí al horizonte
espina el aromo y qué aguante
de nidos antiguos
entre bolillas de espuma, sol multiplicado
cuando el sol anda que sí, que no
ya en setiembre las aves en cortejo
elegirán ramitas finas: bienvenido el engarce
vigas de ñandubay o de algarrobo
guaridas entre las uñitas del ñapindá
también de espinas es mi nido
fuego de espinas mi fuego
cuando caliento la olla tres patas
con ramitas caídas
como aconseja el oriental
le debo al espinal, estoy en deuda
bautizamos espinas a sus modos y qué dirá el tembetarí
si en el Paso Quebracho lo llaman teta de perra
y qué dirán las tunas de higos rojeantes
las caranday con la manteca de sus cogollitos
y qué ese manantial de arrope, el chañaral
cómo nos llamarán el tala en su frutero
el verdor trepado del guaraniná, peliaguda farmacia
qué dirán ellos de los lisos, qué dirán
de los faltos de espinas
para el bello enredo de la vida
si a la hora de anidar
cruzar, hilar, entrelazar, la hora
de entonar en el coro, ay: nos despinamos
pleno julio, calostro el monte y en qué estación
nos colma el espinillo
justo cuando suplica uno por flores














