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Viernes 30 de Noviembre de 2018

Asumió López Obrador, el izquierdista que promete transformar a México

El nuevo presidente se presenta como la figura para frenar la violencia, la corrupción y la desigualdad. Enfrenta el recelo de los mercados


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El presidente entrante de México, Andrés Manuel López Obrador, es sociable, franco y espontáneo, aunque tal vez demasiado para los mercados financieros, que tambalearon antes de su toma de posesión hoy. López Obrador es el primer presidente desde la Revolución Mexicana que ganó popularidad como líder activista, y ve su llegada al poder como la "cuarta transformación" del país luego de la independencia de España, las reformas liberales que acabaron con el dominio de la Iglesia en 1850 y la revolución (1910-1917). Sus llamados a una cruzada contra la corrupción, la violencia y su preocupación por la gente de a pie toman proporciones de misión moral, con un celo que se traslada a sus proyectos más personales, como un costoso ferrocarril rural, que desconcierta a los críticos.
Entonces, ¿a quién escuchará? Está bastante claro que escucha a los mercados financieros, al menos cuando hacen ruido ante la posibilidad de tener un presidente que en el pasado criticó a una "mafia de poder" en la que incluyó a importantes figuras del mundo empresarial. Una agencia de calificación rebajó la perspectiva de México a "negativa" y el peso y las bolsas cayeron en las últimas semanas luego de las señales contradictorias del equipo de López Obrador, que lo forzaron a ofrecer un mensaje conciliador. "Se va a dar mucha confianza a los inversionistas. Los que inviertan en empresas, acciones, en el mercado financiero tendrán aseguradas esas inversiones y obtendrán buenos rendimientos porque habrá un auténtico estado de derecho", explicó.
AMLO, como se lo conoce popularmente, se jacta de escuchar a la gente y sometió sus proyectos estrella a una serie de "referéndums" no oficiales que ganó con un apoyo abrumador, aunque la participación fue de apenas un 1% del electorado. "Siempre vamos a estar buscando mayor legitimidad, respaldo ciudadano", manifestó. Al mismo tiempo, el hombre que construyó su carrera política sobre la defensa de los pobres enfrenta un desafío enorme e inmediato: los miles de empobrecidos migrantes centroamericanos acampados en condiciones precarias en la frontera con Estados Unidos y los miles más que van en camino. El presidente Donald Trump amenazó con cerrar los cruces fronterizos para impedir su entrada y López Obrador, que en su día fue calificado de impulsivo, parece dispuesto a calmar las tensiones aceptando proporcionar un mejor alojamiento para los migrantes mientras esperan, durante meses y en suelo mexicano, su oportunidad para pedir asilo en Estados Unidos. El exalcalde de Ciudad de México califica a sus críticos en el país de fifí –una palabra coloquial mexicana para describir algo elitista o frívolo– y dice que tienen que pasar más tiempo con los pobres y la gente de las pequeñas aldeas. AMLO, que lideró las protestas contra la contaminación por hidrocarburos en su Estado natal, el pantanoso Tabasco, se muestra amistoso aunque algo obstinado y con una suerte de carisma. Ciertamente, ningún otro político en la historia del país estrechó tantas manos ni recorrió más pequeñas y polvorientas ciudades industriales que él durante más de 12 años de campaña por la presidencia. Ese estilo cercano se hace eco de la autocracia popular de su héroe de la década de 1930, Lázaro Cárdenas, quien nacionalizó la industria petrolera como dirigente casi todopoderoso. Pero muchos están preocupados por el respeto de López Obrador hacia la oposición o los controles establecidos en las últimas décadas para limitar el poder presidencial. "Creo que está reconstruyendo el presidencialismo de hace 30 o 40 años", dijo José Antonio Crespo, analista político, añadiendo que lo combina con su estilo personal "desordenado, ambiguo, contradictorio y caprichoso".
Por otra parte, muchos de los que contribuyeron a su aplastante victoria electoral el 1º de julio esperan su toma de posesión con la enorme esperanza de que cree empleos y mejores salarios. Francisco Javier Martínez Cárdenas, un vendedor callejero de 59 años que utiliza muletas y padece presión arterial alta, esperaba en línea para votar en uno de los "referéndums" de López Obrador la semana pasada. "Es algo innovador", señaló. "Nunca nos consultaban. Antes, cuando los gobiernos decidían algo, uno se enteraba tal vez meses, años después". Gustavo de la Vega, un diseñador industrial que participó en la consulta, pero en contra de algunos proyectos, apuntó: "Tengo mucha esperanza (...) pero él no tiene un cheque en blanco".
Uno de los asuntos en la boleta era el proyecto de AMLO para un "tren maya" que uniría centros turísticos de como Cancún y Tulum con la ciudad colonial de Mérida, las ruinas de la selva de Palenque y Calakmul, en la península del Yucatán. Se anunció la fecha de inicio de la obra, valorada en 7.500 millones de dólares, pese a que no hay una declaración de impacto ambiental ni un estudio serio de sostenibilidad económica ni se consultó con comunidades indígenas como requiere la ley.
López Obrador rechazó a los expertos que lideraron una campaña contra el plan, acusándolos de no estar en contacto con la población. Adoptó un enfoque similar con los principales problemas del país. Por ejemplo, quiere construir una costosa refinería para devolver a México, que ahora importa gran parte de su combustible, a sus días de gloria de la década de 1970, aunque muchos analistas dicen que esto solo sumará problemas a la endeudada petrolera estatal. AMLO no presentó ningún plan para frenar a los grupos que perforan oleoductos gubernamentales un promedio de 40 veces al día, saqueando una importante fuente de ingresos de la nación, además de provocar explosiones ocasionales y de emplear a vecindarios enteros como escudos humanos. Además, fue poco claro en las medidas que adoptará para hacer frente a los cárteles narco, secuestradores y extorsionadores que incrementaron la tasa de homicidios en México a niveles históricos.
Frente a los llamados para que los soldados regresen a sus cuarteles y dejen de ejercer de autoridades civiles, propuso la creación de una Guardia Nacional bajo control militar para sustituir a las policías federal y militar. Pero ese proyecto también carece de detalles. "No tiene estrategias de acción, no dice cómo se van a hacer las cosas", dijo Raúl Benítez, un experto en seguridad.
Hasta el momento, sin embargo, AMLO, de 65 años, sorprendió con su manejo de la política internacional pese a no tener apenas experiencia en ese campo, y se enfrentó a Trump y a su a veces amenazador lenguaje hacia México.



Una investidura con baño de masas y bastón indígena

Andrés Manuel López Obrador, de 65 años, recibirá la banda presidencial que porta desde 2012 Enrique Peña Nieto, del Partido Revolucionario Institucional (PRI, centro) en el Palacio Legislativo de San Lázaro para un solo período de seis años. En la ceremonia estarán jefes de Estado o de gobierno de varias países, entre ellos el rey Felipe VI de España. Estados Unidos enviará al vicepresidente Mike Pence y a la hija del presidente Donald Trump, Ivanka. Después de su investidura, el fundador del partido Movimiento Regeneración Nacional (Morena) se dará un baño de masas en Ciudad de México y recibirá un bastón de mando indígena. AMLO convocó a los ciudadanos a un festival artístico y cultural por la tarde en la Plaza del Zócalo y les hablará desde el balcón del Palacio Nacional, algo que no hacen desde hace décadas los presidentes mexicanos.
Luego, López Obrador se trasladará desde el Palacio Legislativo de San Lázaro al Palacio Nacional para recibir a los jefes de Estado y de gobiernos invitados. Aunque se esperaba que hiciera el recorrido caminando, finalmente lo hará en automóvil por una cuestión de seguridad. Después de la recepción y su discurso desde el balcón presidencial, saldrá a la plaza a recibir un bastón de mando tradicional que le entregarán representantes de pueblos indígenas.

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