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Tarifas, inflación y ajuste: "A pagar con alegría"

Empieza el debate por los aumentos de tarifas y vamos sintiendo cada vez más el acuerdo con el FMI, aunque lo disfracen de "nuevo". Y recién empieza mayo.

Martes 10 de Mayo de 2022

Este martes arrancan las audiencias públicas para debatir la eliminación de subsidios, y por lo tanto los aumentos para los usuarios, de los servicios públicos de gas y de luz, que impactarán en las boletas a partir del 1º de junio. El gobierno nacional presentará su propuesta de ajuste en las tarifas de gas. Este miércoles será el turno de la discusión sobre las subas en la distribución eléctrica. Y el jueves se debatirá la segmentación del tarifazo.

La puja entre Gobierno, gremios, empresas y asociaciones de consumidores por los aumentos diferenciados por sectores socio-económicos y geográficos promete ser intensa y de difícil solución, pero necesaria: no sólo es urgente, sino también lógico, avanzar en un esquema donde paguen más lo que más tienen.

Con la antesala de la inflación más alta en 20 años y un acumulado de 16% en apenas tres meses, mayo llegó con un ramillete de aumentos que encarecen aún más el costo de vida: GNC y naftas (que, como se sabe, repercuten en casi todos los sectores de la economía); telefonía, cable e internet; expensas; medicina prepaga; y hasta Netflix.

Algunos de estos rubros distan de ser esenciales o importantes para buena parte de la población que vive (o sobrevive) con lo justo. Pero cualquiera que compre alimentos o insumos de higiene y limpieza –en síntesis, los productos de la canasta básica- confirma que aquí el encarecimiento es constante, y pega aún más fuerte entre los de abajo que los de arriba.

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La eliminación de subsidios a la energía es una de las condiciones del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) que firmó el gobierno del Frente de Todos para pagar la deuda –que ellos mismos denunciaron penalmente- asumida por la gestión anterior de Cambiemos. Contraer una deuda que es una estafa, y pagarla, son dos caras de la misma moneda. Y el acuerdo “sin ajuste” que prometió el ministro Martín Guzmán comienza a aplicar sus ajustes.

“A pagar con alegría” era la chicana que se escuchaba en los años del gobierno de Mauricio Macri entre 2015 y 2019, para referirse a las constantes y voluminosas subas en los precios de las tarifas de servicios públicos. La usaban, en especial, simpatizantes del kirchnerismo, que con ese juego de palabras se burlaban del slogan de campaña electoral macrista: la “Revolución de la Alegría”. Están frescas en la memoria y quedaron claras las funestas consecuencias de la administración económica del PRO en el bolsillo de la gran mayoría de los argentinos: liberación de tarifas, descontrol de la inflación, “suelta” del dólar y devaluación…

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Aún sufrimos los daños de la política económica de Cambiemos. El ajuste padecemos ahora es causado por la del Frente de Todos.

Ya no se escucha la sorna de los adeptos de Néstor y Cristina Kirchner. Las chicanas que circulan ahora son de los seguidores de Macri y compañía. Se mofan, a la luz de las evidencias, de las promesas de la “vuelta del asado” y la “heladera llena” de la campaña que sentó a Alberto Fernández en el Sillón de Rivadavia.

Mientras se chicanean, alternadamente, los militantes de los dos gobiernos que nos vienen empobreciendo, los que estamos en el medio vemos enflaquecer el poder adquisitivo y masticamos bronca al ver los precios subir por el ascensor y los sueldos por la escalera: una analogía que les cabe a ambos gobiernos.

Las consecuencias políticas del desmadre en el que vivimos pueden ser tan malas como las económicas. Porque la mencionada bronca que sienten millones que sufren el ajuste puede desahogarse mediante propuestas políticas que más vale frenar a tiempo. Si bien infladas y magnificadas por sus medios de comunicación cómplices y sus periodistas adictos, figuras como Javier Milei pegaron un salto en el reconocimiento popular.

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Personajes medio fascistas y violentos que provocaban burlas o simplemente curiosidad desde un panel de televisión ahora ocupan bancas legislativas. Y aparentemente crecen en las encuestas. Aunque se vendan como algo “nuevo” y “distinto” a la “casta política”, las recetas que gritan son viejas y ya probaron su capacidad de daño para las mayorías en nuestro país.

Igual que las recetas del acuerdo con el FMI, que, aunque lo disfracen de “nuevo” e “inédito”, vamos sintiendo cada vez más en la vida diaria. Y recién empieza mayo.

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