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Sobreviviendo a los colectivos

"Deberían prohibir el uso (abuso en realidad) de coches oficiales y obligar a los funcionarios a manejarse en transporte público", expresó un usuario en redes.

Martes 26 de Enero de 2021

“Otra vez me dejó el cole en la parada de avenida De las Américas, en la zona de la Virgen”. Indignada, una vecina hizo saber su enojo por el deficiente funcionamiento de los colectivos del transporte urbano de pasajeros en Paraná. Y explicó la razón por la que se quedó a pie: “Iba lleno de gente, incluso mucha de ella parada. Es una vergüenza. Todo bien con el protocolo y todo lo que digan. Pero si van a subir poca gente, pongan más frecuencias. Si empiezan las clases presenciales va a ser un caos”.

El mensaje es un reflejo de lo que padecen muchos paranaenses y vecinos del área metropolitana, a diario para llegar a su trabajo, o que usan el colectivo por cuestiones particulares. En su relato la mujer también contó que para llegar a horario a trabajar, en la zona céntrica, tuvo que compartir el remís con otra chica que estaba en la parada. Así presta el servicio la Línea 6, que conecta la zona sur con el centro cívico, y que hace bastante tiempo sigue sin normalizar las frecuencias. Pero el problema se reitera con el resto de las líneas urbanas, y el impacto se traslada a la gente.

Es entendible que por el cumplimiento de los protocolos sanitarios las unidades deben limitar su capacidad, pero como usuario del transporte público debo decir que esas normas muy pocas veces se cumplen. Los asientos de doble fila se completan en su totalidad, y son muchos los usuarios que viajan parados en horarios pico; cualquiera puede comprobar esa situación. Un artículo publicado el domingo en Diario UNO daba cuenta de esta cuestión, que claramente se puede agravar en el caso que comiencen las clases presenciales.

En Paraná, capital de provincia, es casi una odisea poder tomar un colectivo a horario. El problema siguen siendo las frecuencias por las pocas unidades que circulan en la calle. Una situación que había comenzado a mejorar entre octubre y noviembre, en el marco de las nuevas flexibilizaciones por la pandemia, se volvió un dolor de cabeza en enero. Menos unidades para un caudal de usuarios que sigue aumentado, aunque llamativamente los horarios del servicio siguen siendo reducidos: el primer servicio sale a las 5.30 de cada cabecera y el último termina el recorrido a las 22. Bronca es lo que sienten los usuarios por un problema crónico, que se repite todos los años, y en el que tienen responsabilidad compartida tanto los empresarios como el municipio de Paraná.

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Vecinos hacen saber su enojo por el deficiente funcionamiento de los colectivos en Paraná.

Vecinos hacen saber su enojo por el deficiente funcionamiento de los colectivos en Paraná.

En un momento donde están creciendo los contagios de coronavirus, los vecinos señalan con preocupación que las unidades están sucias y sin mantenimiento. “¡Es terrible!!! Mucha espera y eso no es nada. La mugre de las unidades; hay un cartel que diceee, esta unidad está desinfectada o algo así. Jajaja”, se descargó una mujer en el Facebook de UNO.

Los comentarios abordan de manera ingeniosa un tema que hasta ahora no han podido resolver las últimas gestiones municipales. En su rol de garante de un buen servicio, la gestión actual intervino para destrabar el conflicto que paralizó el servicio en 2019. Luego llegó la pandemia y las empresas establecieron un cronograma de emergencia que suspendió el transporte por varios meses. Claramente el reclamo de los usuarios es que los colectivos circulen con cierta regularidad, y en esa parte el Municipio debe garantizar que esto se cumpla. Una buena medida sería definir controles respecto a las frecuencias, condiciones de la unidades y estado de las garitas. Es un derecho de los ciudadanos contar con un transporte público acorde a las necesidades de movilidad que requiere una ciudad en plena expansión.

“Deberían prohibir el uso (abuso en realidad) de coches oficiales y obligar a nuestros funcionarios a manejarse en transporte público. No solo bajarían los gastos sino que los pondría de cara con la realidad y a interpelar con Juan Pueblo que es quien les llena el estómago a varias de sus generaciones”, se expresó otro de los usuarios en las redes. Quizás apelando a la lógica, gobernantes junto a empresarios piensen de una vez por todas en el laburante, en el vecino; para comprobarlo basta con irse hasta cualquier parada y con toda la paciencia del mundo esperar a que pase el bendito colectivo.

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