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Miradas: El máximo esfuerzo posible

"La posición del presidente argentino es muy complicada (...) pide consideración a un sistema que no entiende otras reglas que no sean las de usura y saqueo"

Martes 21 de Julio de 2020

El presidente Alberto Fernández dijo ayer ante el Council of the Americas que se debe repensar la lógica financiera del capitalismo, de manera que pueda interpretarse que la propuesta que hace el gobierno de Argentina a los bonistas acreedores es la que implica el mayor esfuerzo soportable. Que más no se puede hacer para honrar los compromisos, como suele decirse.

La posición del presidente argentino es muy complicada, como lo sería de cualquiera en su lugar. Le pide consideración a un sistema que no entiende de otras reglas que no sean las de la oportunidad, la usura y el saqueo.

Lo hace con el supuesto apoyo del Fondo Monetario Internacional, que aconseja a los bonistas dejar de lado parte de sus pretensiones, no para permitir que surja a la faz de la Tierra como una nueva y poderosa nación, sino que Argentina pueda seguir pagando.

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El presidente Alberto Fernández dijo ayer ante el Council of the Americas que se debe repensar la lógica financiera del capitalismo

El presidente Alberto Fernández dijo ayer ante el Council of the Americas que se debe repensar la lógica financiera del capitalismo

El FMI, devenido en amigo que apoya en los momentos difíciles, es un organismo multinacional que surgió de los acuerdos de Bretton Woods para esquilmar a los países pobres mediante una nueva modalidad de extracción de riquezas –novedosa, pero en la misma línea de acción que comenzó con el saqueo de América hace más de cinco siglos- , apuntada a extraer riquezas de los países pobres a través del pago de intereses de un endeudamiento impagable. Y para asegurar ese pago de intereses, el FMI obligó siempre a llevar a cabo recetas que los países ricos jamás aplicaron. Más bien, esas recetas suelen ser lo contrario de lo que los países ricos llevaron adelante.

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Si el FMI permite cierta vitalidad económica, es para garantizar el pago de esos servicios de deuda. Pensar que se puede hacer otra cosa es como pedirle al escorpión que no aguijonee a la rana. Pedirle entonces cierta sensibilidad a los acreedores privados parece ser una prédica en el desierto.

Numerosos planes económicos en Argentina han sido recesivos para garantizar disponer de divisas para pagar servicios de la deuda interminable, sin importar el desempleo, la inflación, ni los derechos no garantizados del pueblo argentino. ¿Por qué sería diferente ahora, o por qué actuarían de manera diferente los bonistas?

En ese contexto, el presidente Fernández envía todo tipo de señales que sirvan para tranquilizar al establishment. Pidió perdón varias veces por su amague de expropiación de Vicentín y asegura que no hará nada que pueda afectar a la economía. También asegura que su gobierno “no está para pelear con nadie, está para resolver un problema (la deuda) de una manera sensata”. Es probable que en este contexto no pueda hacer nada más que lo que está haciendo.

También es probable que su experiencia en la negociación de deuda que llevó adelante Néstor Kirchner le haya servido para evitar males mayores. Y es igualmente probable que la posición argentina pueda ser considerada como más digna que la del gobierno macrista, que tomó el préstamo más grande de la historia del FMI, a devolver en un plazo imposible, porque -finalmente- no perdía el tiempo disimulando lo que realmente pensaba de nuestro rol en el mundo. Aplaudido siempre por sectores que también se llevan una tajada de esta entrega. El “reconocimiento” que nos dan para pedir prestado significó siempre hipotecar el futuro de millones de argentinos,

Y que las cosas no hayan cambiado, que tengamos que seguir estando de rodillas ante el poder económico internacional, en el altar del capitalismo inhumano (nunca fue diferente) no impide, por lo menos por ahora, que uno pueda pensarlo y decirlo.

“¿Querés que me baje los pantalones?, me los bajo”, le dijo en 1985 el ministro de Economía Bernardo Grinspun al enviado del FMI, Joaquín Ferrán. Eso quería, y eso siguen queriendo. La pandemia no los cambió ni un poquito.

Si faltan indicios de que las cosas no están bien, aparecen los personeros locales de estos intereses, los Caputo por ejemplo, elogiando la propuesta.

Que te vaya bien Alberto con estos carroñeros que, al fin de cuentas, siempre actuaron de manera parecida, y es tal vez el gran pueblo argentino el que tiene que preguntarse por qué se llegó a esta situación.

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