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Sábado 08 de Junio de 2019

Las observé días atrás haciendo dedo. Por cuestiones de horario o de recorrido hacía tiempo no veía docentes en las rutas y realmente me causó sorpresa al pasar por avenida Uranga, en Paraná, la cantidad de mujeres con sus guardapolvos blancos con carteles en mano. Los destinos no eran muy lejanos: Colonia Avellaneda, Colonia Nueva, La Picada, Sauce Montrull y algunos otros carteles que no alcancé a leer. Da tristeza pensar que pierden tiempo de estar con sus familias estando a distancias tan cortas. Pero la situación económica les quita la opción de viajar en transporte público, porque aún estando a principio de mes prefieren ahorrar, o no lo prefieren, simplemente no les queda otra porque el sueldo no alcanza.

Las rutas están llenas de docentes que las recorren a dedo, para trabajar, para hacer trámites o concursar. Y lo de “hacer dedo” es lo de menos, porque hay quienes deben ingeniárselas para que alguien los acerque hasta “la ruta” que lo lleva camino a la escuela. Quedan a la buena de Dios y a la espera de muchos buenos samaritanos, todo eso sin dejar de mirar el reloj, porque los minutos corren y deben estar antes de que comience la jornada escolar. Llueven las críticas cada vez que se plantea un paro o cualquier medida de fuerza. Hay frases llenas de prejuicio enquistadas en la comunidad, con el solo fin de desvalorizar la labor del educador: que no quieren trabajar, que tienen tres meses de vacaciones, un régimen de licencia flexible. Cada vez que marchan lo hacen en defensa de sus derechos, pero también por la situación edilicia de las escuelas, por la lentitud de las definiciones en cuanto a la fumigación alrededor de las escuelas rurales…

Mientras tanto, muchos docentes aguardan de lunes a viernes a la vera del camino, en madrugadas de niebla o llovizna, o de heladas que aún no han terminado de caer o en épocas cercanas al verano, durante las siestas de sol intenso, con un calor que agobia. A esas horas frente al aula se debe adicionar el tiempo, variable, pero nunca poco, que les insume a los maestros ir y regresar. Muchos llegarán cansados y es de esperar que la situación conspire con la calidad de la enseñanza.

César Pibernus es secretario de organización de Agmer y a diario publica historias de docentes que desandan camino “a dedo”. “Ivana ya está en el quinto mes de su embarazo, sigue haciendo dedo para llegar a la escuela en la que trabaja de maestra, en San Jaime. …Silvia llegó al ratito a la rotonda de Los Conquistadores para continuar su camino. Lo terminaron juntas atravesando el frío, la humedad y la neblina”, son algunos de sus relatos de los últimos días en Facebook. Lo describe como luchas, batallas rutinarias en medio de ajustes, economías en rojo, con sueldos que no alcanzan y obligan a modificar rutinas. Claro está que la situación económica repercute con crudeza en todos los sectores, aunque el análisis en este escrito esté supeditado a la realidad de los docentes. “Estas son las condiciones reales e inaceptables en las que enseñamos y aprendemos en Entre Ríos”, dice Pibernus. Esas son las condiciones, inaceptables, en que enseñan, en la que defienden la educación que, en un año eleccionario no ocupa el lugar que le corresponde en las propuestas electorales.

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