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Éramos los náufragos y llegó el comandante

"...Ese deseo colectivo estaba dirigido a una debilidad del héroe deportivo... Todos los récords, sí, pero un lugar vacío en la estantería.

Lunes 12 de Julio de 2021

Queríamos que Lionel Messi tuviera una copa porque había ganado todo en su club y no alcanzaba un merecido título con nuestra Blanquiceleste. Ese deseo colectivo estaba dirigido a una debilidad del héroe deportivo, un punto flaco. Todos los récords, sí, pero un lugar vacío en la estantería.

Hace rato que vemos en Messi a un deportista de primera. Para estar como está, hay que remarla. Sólo con privaciones se llega a este estado físico, se cultiva este talento. En los últimos minutos de cada partido, en la Copa América, Messi ha corrido como si estuviera fresco, y eso no se logra sin sacrificio. Entonces, es comprensible: queríamos una copa para la Argentina y nos poníamos en paternalistas y la queríamos también, como un adicional, para Messi.

Este muchacho es querible. Humildón, sin gestos que hieran, y deslumbrando al mundo con un cerebro, unos ojos y unos pies que hablan de su condición especial: donde Messi pone el ojo, pone la bala.

Los que desconfiábamos de su tocayo Lionel Scaloni, por su aparente falta de experiencia, podemos decir que este (también) santafesino eligió buenos jugadores, sin dudas. Nos tapó la boca. Aparte de Messi, que es una obviedad.

Scaloni tiene algo de entrerriano, algo de José Pekerman, por la capacidad de formar equipo, de trabajar de modo colectivo, de hacer de un montón una comunidad. Eso dice mucho, y hoy vemos que, además, paga bien: tenemos la Copa, y la alzamos en un estadio emblemático. Claro que con Scaloni están Roberto Fabián Ayala, Walter Samuel, Pablo Aimar, los tres muy apreciados y queridos por distintas razones, y en nosotros con un plus del “Ratón”: por entrerriano, por paranaense.

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El viejo del equipo

Ganamos varios partidos por un pelito, para qué negarlo. Así como hoy aplaudimos a la Selección, digamos que, con menos suerte, estaríamos pidiendo la cabeza de Scaloni. Somos crueles, ¿no? El fútbol está muy ajustadito, y si no veamos la final en Europa entre Italia e Inglaterra. Fueron a penales, y de los dos jugadores que entraron en el equipo de Inglaterra en el último minuto del suplementario sólo para patear penales, uno le pegó al palo, y al otro se lo atajaron. Eso demuestra que los penales son casi casi una lotería. Sin embargo, hoy nos queremos referir a la personalidad de Messi que se desató en esta Copa. Hoy es él. Hoy Messi se siente el viejo del equipo y organiza con su actitud, con sus manos, con su palabra. Es un líder, un líder blando, condescendiente, tranquilón. Cuando Rodrigo de Paul erra el penal contra Colombia, es él quien camina diez pasos para abrazarlo. Todo dicho.

Eso hace de Messi un Maradona. A su manera, a su estilo, Messi es hoy un Maradona, un chiquito gigante. Y en verdad que el fútbol le permite a él, y eso es un privilegio, un lugar maravilloso para la amistad.

Ayer nos llegó un video en el que los jugadores cantaban “dale campeón, dale campeón”. De pronto empezaron a gritar el contagioso “brasilero, brasilero…”, y saltó como un resorte Lionel Messi, levantó el índice: no, no, no, eso no, y se mandó a mudar.

La canción dice. “brasilero, brasilero, qué amargado se te ve, Maradona es el más grande, es mas grande que Pelé”. Nada taaan ofensivo, pero mucho para Messi. Todos amamos esta camiseta, pero también los brasileros son nuestros amigos, con ellos jugamos juntos. Ganar, ganamos, pero de ahí a burlarnos de su derrota, jamás. Lo que no entienden los sucesivos presidentes de la Argentina y de Brasil, lo mostró Messi, de una, moviendo el índice. No, no: hay algo más digno, que es saber ganar y saber perder; y algo más hondo: la amistad.

“Brasilero, brasilero”, tiene la melodía de “Zapatos rotos”. “Tengo mis zapatos roootos y es de tanto caminaaar...”. Un tema que compuso Francis Smith y que hizo famoso con su grupo Los Náufragos. “Ya me acerco a mi destino, queda poco por andar; si la suerte me acompaña, mucha plata he de ganar”. Todos queríamos cantar ayer como Los Náufragos contra los adversarios, pero “llegó el comandante y mandó parar”, como dice otra canción. Messi es distinto. Por años, un deportista fuera de serie y, desde ahora, capitán con todas las letras. La rivalidad, en la cancha, la amistad siempre.

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