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De la pobreza se sale trabajando

En este país, donde se está a un salto de justificar y tolerar todo por la desgracia de la pobreza, sería interesante en volver a poner las cosas en su lugar.

Jueves 22 de Octubre de 2020

Una vez más, en medio de la peor crisis que se vive en la Argentina, agravada por la pandemia, se corren los mojones de las normativas constitucionales. En este país, donde se está a un salto de justificar y tolerar todo por la desgracia de la pobreza, sería más que interesante en volver a poner las cosas en su lugar. Esto muchas veces es difícil, porque hay un gobierno que desde su postura ideológica permite, avala y fomenta las tomas de tierras, tal lo que sucede en el sur, donde organismos oficiales ayudan a –supuestos- familiares de descendientes de pueblos originarios, a tomar posesión de tierras, pasando por alto la propiedad privada y otros derechos constitucionales.

Hasta la propia gobernadora peronista de Río Negro criticó al gobierno nacional por la decisión de sectores oficiales de respaldar los cortes de ruta y la usurpación de terrenos. Sería interesante que los numerosos grupos de personas indigentes, pobres y de pueblos originarios puedan ingresar a los territorios de las personas denunciadas, procesadas y hasta condenadas por corrupción, para que de esa manera vuelva al pueblo lo robado impunemente. En Santa Cruz, Chubut y Río Negro hay miles de hectáreas, campos, estancias, hoteles que podrían ser “usurpados”, y que son fruto del esfuerzo de todos los argentinos. Ahí no se ve al gobierno nacional interesado en la ocupación de tales predios. En esta zona de Entre Ríos se está debatiendo en la Justicia la herencia de la familia Etchevehere, y por esas cosas de la política, el problema familiar alcanzó aristas de niveles insólitos.

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El conflicto familiar se debe dirimir en la Justicia, y se debería tomar como un ejemplo a imitar y a fomentar desde el Estado el proyecto Artigas, respaldado por la organización liderada por Juan Grabois. La verdad que es para valorar la idea de avanzar en un proyecto productivo-ecológico, y al mismo tiempo que se incentive la cultura del trabajo, de merecer un mejor futuro con el esfuerzo de la producción familiar y colectiva. Dejar de lado la industria de los planes para fomentar el trabajo digno para salir de la pobreza. Hablando con un referente de Grabois, que se encuentra en el campo de los Etchevehere, este ingeniero agrónomo me explicó que están buscando que la Nación, las provincias y los municipios “institucionalicen” este proyecto, para que la gente aprenda a cultivar la tierra, a producirla y con el apoyo del Estado se permita comercializar las hortalizas, verduras, frutas y cereales.

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De la pobreza se sale trabajando

De la pobreza se sale trabajando

Qué se debería priorizar, no ocupar terrenos privados o en litigio, sino –propongo- campos, predios fiscales del Estado. Por ejemplo, ¿cuántas extensiones de campo se encuentran improductivas en Paraná? Hoy el gobierno popular, solidario, kirchnerista, peronista, que lucha por los pobres, tiene el poder en la Nación, en la Provincia y en la mayoría de las ciudades de la provincia. Tienen mayoría absoluta en el Senado de la Nación, presidido por Cristina Kirchner. Tienen la mayoría de los votos en la Cámara de Diputados, donde Máximo Kirchner es el presidente del bloque oficialista.

No debería haber impedimentos para que esta ley que reclama el sector de Juan Grabois, de institucionalizar el proyecto de trabajo para ayudar a la salir de la pobreza, se apruebe en cuestión de minutos. Que el Estado fomente la capacitación de las personas, les dé herramientas para el trabajo de campo, les garantice la compra para los hospitales, hogares de ancianos, niños, madres y otros institutos nacionales, de los productos del campo, y el pago a los integrantes de los programas de trabajo. No solo hay que pensar en darle un poco de plata a la gente, para en definitiva no sacarlos de la pobreza, hay que darles la caña para que aprendan a pescar.

Hice un recorrido imaginario en Paraná de cuántas huertas comunitarias existen. La verdad que sabiendo de la existencia de programas, los mismos no están muy desarrollados, o al menos no se sabe cuánta gente trabaja dignamente para tener con su esfuerzo la comida para su familia.

Esto no es la solución definitiva de la pobreza, pero al menos sería un interesante impulso para volver a fomentar el valor del trabajo, como lo hicieron nuestros abuelos y padres, que tuvieron el mérito de saber que sin esfuerzo y sin dedicación las cosas no se consiguen. Lo único que viene de arriba es la lluvia, el resto se consigue trabajando.

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