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Árbol y "divertad"

"Cuántos árboles tiene un monte común ... no es lo mismo en las islas que en las lomas, no es lo mismo un bosque nuevo que uno maduro".

Miércoles 05 de Mayo de 2021

Le preguntamos a un biólogo amigo cuántos árboles tiene un monte común y nos respondió sobre el pucho con una distinción: no es lo mismo en las islas que en las lomas, no es lo mismo un bosque nuevo que uno maduro.

En las islas encontramos renovales, montecitos jóvenes recién colonizados con aliso y sauce, de dos o tres años. “Ahí podés tener por hectárea arriba de 50.000 árboles, hasta 100.000”.

Con el tiempo, esa densidad afloja, entran otras especies en competencia, y en un bosque maduro, de unos 70 años, pueden encontrarse 200 árboles por hectárea. Eso en islas. Así las cosas, el incendio de una isla puede matar miles de árboles o algunos cientos.

“Más arriba tenemos por un lado el bosque en galería, siguiendo los cursos de agua. Por otro, el algarrobal y el monte abierto. Y además los renovales de espinillos, que vienen en los campos abandonados”, señaló nuestro amigo.

Los bosques que siguen los cursos de agua suelen ser más estables, con un uso ganadero quizá, y ahí la densidad puede ser de unos 400 individuos por hectárea. Los montes de algarrobo, cuando recién inician tienen densidades mayores, pero si maduran podemos contar unos 200 o 300 individuos por hectárea (por manzana, diríamos los urbanos).

En los renovales de espinillos y otras especies pasamos a más 5.000 arbolitos por hectárea, en la etapa inicial. Después, esos valores empiezan a disminuir con la entrada del algarrobo, el ñandubay y otras especies que terminan reemplazando a los espinillos. Queda un monte abierto con 200 individuos por hectárea.

En los montes invadidos por ligustro, por caso, los arbolitos son incontables, pero ese es otro cantar.

Y bien: cuando hablamos de tala rasa, ¿a cuántos árboles nos referimos? Solo en Entre Ríos se han talado unas 10.000 hectáreas por año, en promedio, y esto repetido por décadas. Si tomamos los montes más ralos, los más maduros, podemos decir que estamos talando unos dos millones de ejemplares cada año. (10.000 ha por 200 individuos en cada hectárea).

Bulevar Racedo árboles portada.jpg

Esos 2 millones de árboles que talamos en solo un año no faltan un día, no faltan diez días, faltan todos los días y para siempre, y con ellos faltan los arbustos, las aves, los insectos, los mamíferos: el paisaje. ¿Puede medirse esa destrucción? Y el suelo degradado, ¿se mide solo en toneladas?

Al año siguiente serán 2 millones más 2 millones, con sus circunstancias. En 10 años, ni hablar. Ahora: si no podemos medir la destrucción porque no se trata de suma de individuos sino de sinergia, de interacción entre ejemplares, entre especies que se potencian unas a otras, ¿qué podríamos decir de la pérdida de cultura, de saberes, cuando nuestras comunidades por milenios se han desarrollado en ese paisaje, en relación con ese arroyo, esa arboleda, esos trinos, esos alimentos, ese clima?

El canto, la danza, la poesía, el trabajo, la comunidad, en nuestro territorio parecen ahogarse cuando el paisaje tiende a la uniformidad.

Creemos que el conflicto desatado en bulevar Racedo de Paraná esconde cierta impotencia de las personas que pueden hacer poco y nada por el monte que está a dos kilómetros, y por eso se abrazan al árbol de al lado. Son pocos ejemplares, claro, en comparación con el conjunto, pero esos vecinos verdes simbolizan el paisaje.

El paisaje con sus encuentros, ciclos, interacciones, músicas, no tiene medida. Y es probable que el árbol adquiera, por muchas razones que se nos escapan, el estatus de emblema. Salvar un árbol equivale, entonces, a gritar por la vida. Jallalla, decimos, jallalla. Por la vida, con el compromiso de hacer todo por acompañar la vida.

Cada vez que nos saluda la poeta paranaense Ana María Martínez termina su frase con un neologismo que reúne la dignidad y la libertad en la diversidad: divertad. Es la inclusión de uno mismo en la comunidad, y en una comunidad en la que el ser humano es un miembro más, con el árbol. Desde allí seguramente empezaremos a conversar y por fin nos entenderemos. Divertad, y lo demás se dará por añadidura.

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