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Controles migratorios

Son extranjeros y encontraron en Paraná los motivos para radicarse

Inmigrantes de distintos países compartieron sus vivencias y opinaron sobre la xenofobia

Lunes 30 de Enero de 2017

A las antiguas corrientes migratorias que poblaron el país en distintos contextos históricos, se suman las experiencias de quienes contemporáneamente eligen la Argentina para edificar un proyecto de vida. Según el censo 2010, la población nacida en el extranjero representa el 4,5% del total, es decir, casi 2 millones de personas. Atraídos por diferentes motivos y sin posibilidades de generalizar, en Paraná viven inmigrantes de distintos orígenes que adoptaron a la ciudad como propia, adaptándose a una idiosincrasia muy particular y a costumbres ajenas a las que se cultivan en los lugares de donde vinieron.


Tal es el caso de Osiris Russo, un venezolano de 50 años que hace 26 reside en la capital entrerriana. Fue el amor lo que lo trajo a estas latitudes, y aunque ya no está en pareja con la mujer de la que se enamoró de tal manera que se mudó de país, decidió quedarse. "Llegué en 1992 y me establecí en Paraná. Luego de varios años me separé, pero me quedé porque ya había adquirido algunas herramientas que tenían que ver con las actividades que a mí me gustaban hacer", contó a UNO. Empecé a trabajar en la escuela pública Secundaria, y en aquel momento todavía tenía un valor muy importante la figura del personal idóneo. Llegué a tener alrededor de 30 horas cátedra", contó a UNO, y recordó que sostuvo ese ritmo vertiginoso de trabajo como docente hasta 2010. Luego empezó a estudiar y se recibió de psicólogo social. Al respecto señaló: "Desde entonces empecé a transitar lo laboral, pero desde el ámbito de la salud pública. Hoy trabajo en el centro Huella, un lugar que tiene que ver con el diagnóstico y el tratamiento de conductas adictivas".


Como militante social también viene recorriendo un importante camino, en barrios de la zona sur, en dependencias municipales con programas relacionados con la prevención y salud comunitaria, y ahora como uno de los referentes de Casa Solidaria y del Centro Huella.


Consultado sobre si alguna vez tuvo ganas de volver a su país, fue contundente: "A Venezuela viajo una vez por año a visitar a mi madre y a mi hermana, pero es en Entre Ríos y en Paraná donde encontré el respaldo afectivo y social como para poder continuar con mi proyecto de vida. Eso es algo fundamental entre los inmigrantes, el saber que estamos en un lugar donde podemos desarrollarnos y creo que tiene que ver con la apertura que tiene la gente de acá, y también un poco con mi compromiso".


Si bien destacó que en términos generales nunca se sintió discriminado en la Argentina, reconoció que las conductas xenófobas están presentes en el país: "A partir de este modelo económico en algún punto ha aumentado la cuestión xenófoba en algunos sectores más rígidos, pero no creo que el gobierno incida directamente en eso", sostuvo, y explicó: "Al plantear un mayor control y una mayor organización en las condiciones de legalidad, de alguna manera se permite indagar quiénes somos los inmigrantes que realmente estamos dándole un valor fundamental y esencial a lo lugareño. No me parece que sea contraproducente; sí se advierte que algunos sectores toman esto como bandera política para posicionarse desde un lugar xenófobo".


Por último, opinó: "Hay que tener en cuenta a los extranjeros que llegan con la buena voluntad de construir un proyecto de vida y de colaborar con el país, pero es cierto que hay sectores que han encontrado en la pobreza y en la fragmentación social que el país tiene un lugar para prácticas vinculadas al delito".



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Estudiar en Paraná



Renata Goulart es una brasileña de 33 años y arribó a Paraná hace casi 10 años desde Salvador de Bahía. También llegó por amor y al finalizar esa relación de todas maneras se quedó, ya que había iniciado una carrera universitaria en la capital provincial. Ya le falta poco para recibirse de licenciada en Comunicación Social y mientras estudia trabaja en una productora de contenidos digitales, entre otras tareas relacionadas a su formación.


Si bien hace prácticamente una década que reside en Paraná, confió que no cree que sea el lugar donde vaya a quedarse definitivamente. "Tengo intención de irme, pero no a Brasil, ya que tengo la sensación de no pertenecer a estos lugares. No sé todavía cuál será mi destino final. Primero me tengo que recibir", dijo a UNO.


Renata afirmó que al empezar a estudiar no percibió mayores obstáculos para que en la universidad le aceptaran su título Secundario. Distinto fue el caso cuando gestionó los trámites para radicarse en el país: "Tuve que hacer un periplo, porque no sabía a dónde debía recurrir. Pero una vez que encontré el camino a seguir y con quién hablar, también fue bastante sencillo y ahora trato de orientar a otras personas que vienen de otro país y necesitan esa información", dijo, y agregó: "La cuestión laboral sí es complicada, pero no sé si es así en Argentina en general o es una cuestión que se da para los extranjeros en Paraná. Un problema que tuve fue que gané un concurso para dar clases en Oro Verde y por la burocracia entre el Consejo General de Educación (CGE) y el Ministerio de Educación de la Nación no pude tomar esas horas".


Sobre los mayores controles migratorios que promueve el gobierno nacional en la actualidad, expresó: "La verdad es que me cae horrible, porque refleja una postura gubernamental que no solo habla de xenofobia y no tiene que ver exclusivamente con el control de inmigrantes, sino que refiere a la posibilidad de que tengamos las personas migrantes de trabajar, estudiar o usar los servicios públicos en Argentina. Hay quienes rechazan que los extranjeros tengamos estos accesos, porque se dice que es un despilfarro de plata, como se quiso mostrar en un informe que hizo Jorge Lanata en el programa de televisión que tenía el año pasado. Pero lo que se busca, además de restringir que los extranjeros podamos estudiar en la universidades argentinas, es también la posibilidad de arancelamiento de la universidad pública y eso lo sabemos".


En este marco, manifestó: "El argumento de que no pagamos un arancel en el caso de la universidad y la salud pública en realidad es una gran falacia, porque por cualquier cosa que compro pago impuestos, también pago impuestos por mi trabajo, por mi casa. Además, el hecho de que quieran restringir la entrada de inmigrantes va contra el Preámbulo de la Constitución Argentina".



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Quedarse en Argentina



Alexandra Gherson vivió en Normandía, al Noroeste de Francia, hasta los 14 años. Antes de que decidieran radicarse en Paraná, sus padres ya habían tenido una experiencia migratoria anterior: su papá llegó a la Argentina en la década del 50 escapando a la Segunda Guerra Mundial, pero al inicio de la dictadura en 1976, volvió a Europa.


Para ese entonces se había separado de quien fue su primera esposa y había conocido a la mamá de Alexandra. "Tenían un taller de costura y en 1994, durante el gobierno de Carlos Menem, a través de acuerdos internacionales pudieron ingresar al país con máquinas sin pagar impuestos, por lo que ya tenían con eso una fuente de trabajo. Mi papá tenía una jubilación en euros y el cambio de moneda era importante, y mi mamá tenía una casa en Paraná. Para ellos era un negocio redondo y decidieron retornar a la Argentina", contó a UNO, con un acento que evidencia su procedencia, a pesar de que ya pasaron 23 años desde que dejó su tierra natal.


Hoy es profesora de Francés, formó una familia y está feliz por vivir en la capital provincial. Sin embargo, sus primeros tiempos en Entre Ríos no fueron fáciles: sus padres no gestionaron su documento y esto le generó muchos inconvenientes: "Costó un poco adaptarse nuevamente acá. Paraná no trata muy bien a los recién llegados y sin documentos yo estaba ilegal en el país. En mi casa sufrí situaciones de violencia familiar y me iba a volver a Francia, pero justo conocí a quien es mi esposo y me quedé", recordó.


Sin documento estaba limitada: "No me podía casar porque no tenía papeles, entonces me junté. Empecé la escuela Primaria gracias a que en la escuela Bompland me aceptaron y logré cursar el Secundario en la Zuluaga, aunque al principio no querían admitirme", dijo, y agregó con alivio: "Cuando tuve el documento mi vida cambió. Pude ir a la facultad y también trabajar como profesora de Francés".


En la actualidad tiene 37 años, su esposo 50 y su hija 11. Ella nunca volvió a Francia, ni siquiera de visita. Hace poco les ofrecieron trabajo allá, pero descartaron la opción de irse. "La posibilidad de trabajo está. Pero para volver hay que alquilar y acá tenemos nuestra casa. Y aunque pudiéramos venderla, en Paraná están nuestros perros, nuestros gatos, nuestras aves, nuestros amigos. Yo ya pasé esa experiencia de irme de mi tierra y dejar todo, y no quiero que mi esposo y mi hija tengan que atravesar eso", analizó. Asimismo, aseguró: "Disfruto mucho de mi vida en Paraná. Estamos muy atados acá. El trabajo que hago me encanta, ya conozco a los chicos de Paraná, uno tiene muchos amigos, cuando te vas dejás todo eso. En tu tierra siempre te podés defender y afuera es difícil. Soy una gran defensora de los derechos humanos y tengo que reconocer que en Francia también hay racismo, como lo hay acá en Paraná, y no quiero que mi hija pase por todo lo que yo he pasado cuando llegué a la Argentina".


Sobre sus primeros tiempos en la provincia, también rememoró: "En Francia crecí en una comunidad latinoamericana, porque allá había muchos refugiados políticos, sobre todo chilenos. Se hablaba castellano en la casa de Normandía, pero era como un dialecto. Cuando llegué a Paraná comprendía el idioma, pero a mí nadie me entendía. Lo que hacía era escuchar la radio e imitar a la locutora para aprender a pronunciar como acá. Después, yendo a la escuela leía libros y en dos años pude aprender el idioma para hablarlo sin problemas. Lo que nunca logré fue sacarme el acento francés", señaló.



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El mate, pasión de multitudes que incorporaron


Osiris, como muchos extranjeros que viven en la región, sumó el mate a sus costumbres. Sin abandonar tradiciones típicas del medio oriente venezolano, el lugar donde nació y creció, como el desayuno con arepas y otras alternativas culinarias y culturales, también incorporó además el folclore ribereño: "Hay cosas que son un poco diferentes entre Venezuela y Argentina. Y acá aprecio mucho la relación que como ciudadanos podamos establecer con la costa, donde uno se encuentra con aspectos tradicionales y culturales que son muy importantes de la región que a mí en lo particular me han definido mucho en mi identidad", dijo, y destacó: "Me muero por ver un atardecer en el río, por salir a navegar o a cocinar por ejemplo pescado frito; todo eso hace a la relación que tengo con el contexto y la naturaleza propia de este lugar".


Renata también sumó el mate a su vida. En la zona de Brasil de donde es oriunda, no tienen este hábito y la comida es diferente, al igual que el clima. "En Paraná hace más calor que en Salvador. Pero hay otras cosas que son distintas y me llaman la atención. Vengo de una ciudad muy grande y turística y veo cosas que son un poco chocantes para mí, como por ejemplo que en Paraná hay muy poca movida cultural y la que hay es por autogestión de los artistas. Faltan lugares para salir, hay muchos boliches, pero no a todos nos gustan los boliches. Cuando quiero ir a algún recital de rock debo irme a Santa Fe", opinó.


Para Alexandra el mate es un compañero inseparable de su vida. "Soy una entrerriana más con el tema del mate. Soy argenta a morir", dijo concluyente, como para que no queden dudas de que este es el lugar que eligió y del que no va a irse más.


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Festejan el año nuevo chino en la Argentina

Comenzó el sábado el año nuevo chino, que en el calendario 2017 es el Año del Gallo de Fuego. En diferentes lugares del país, sobre todo en el barrio porteño de Belgrano en Buenos Aires, los inmigrantes de esta comunidad –cada vez más numerosa en la Argentina– celebraron el sábado y ayer con diferentes actividades y expresiones de su cultura el advenimiento del año 4715 de su calendario.


Estuvo presente el tradicional baile del dragón, también hubo talleres y exposiciones de productos del gigante asiático, y se destacaron las variadas propuestas gastronómicas de comida típica.


El fin de semana que viene, con auspicio del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y la Embajada China, se llevará a cabo la celebración y fiesta por el Año Nuevo Chino en Plaza Parques Nacionales.


Cabe destacar que en Paraná y otras localidades entrerrianas la comunidad china fue ganando espacio en los últimos años y su población fue creciendo. La actividad principal a la que se dedica la comunidad en la región es el comercio, sobre todo a través de los supermercados que se fueron instalando y generando una fuerte competencia con los locales del mismo rubro de otros orígenes.


En 2016 desde la Asociación de Almaceneros de Paraná manifestaron que la proliferación de supermercados de origen asiático es importante en el ámbito local, a los que consideran competencia directa de los almacenes de barrio. "Hay cada vez más chinos, hay más de 40 en la ciudad", habían asegurado sus referentes.


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