Secciones
Circo

Sin funciones desde marzo, el circo que nació en Entre Ríos se reinventa

Cambio de vida: lejos de sus hábitos itinerantes, los artistas del circo están varados hace seis meses en un pueblito de Corrientes y se la rebuscan para vivir.

Martes 22 de Septiembre de 2020

Cuando se tomaron las primeras medidas de aislamiento para frenar el avance del coronavirus en el país, el 20 de marzo, los integrantes del circo entrerriano Varekay justo habían llegado a San Luis del Palmar, un pueblo de unos 10.000 habitantes situado a 25 kilómetros de la capital de la provincia de Corrientes.

Sin poder trabajar con su espectáculo ni seguir viaje hacia otros destinos, debido a la cuarentena, se instalaron en un gran predio que habían alquilado, esperando reanudar su gira en poco tiempo.

Sin embargo, las restricciones se fueron extendiendo, y por primera vez en años debieron dejar de lado sus costumbres nómades, propias de los circos, y ya llevan seis meses en el mismo lugar. En este marco, Eduardo Ovejero, el representante de Varekay, comentó a UNO: “No creo que este año podamos abrir el circo. Y de acá no nos queremos mover, porque se nos complica ingresar a otra ciudad. Y a nuestros lugares de origen tampoco podemos ir, porque es difícil trasladarnos con las carpas y con todo”.

Para sobrevivir no les quedó más opción que reconvertirse laboralmente, como le ocurrió a mucha gente, renunciando por ahora a sus números artísticos en el escenario para empezar a hacer malabares con otras actividades que les permiten ganarse el sustento y parar la olla, ya que ninguna ayuda estatal de las tantas anunciadas llegó para paliar las necesidades del sector, a excepción de alguna colaboración del gobierno correntino, meses atrás.

circo varekay.jpg
Sin funciones desde marzo, el circo que nació en Entre Ríos se reinventa

Sin funciones desde marzo, el circo que nació en Entre Ríos se reinventa

Si bien en un momento se plantearon hacer un show virtual, junto con sus pares dispersos en otros puntos del país, a los que la pandemia también los sorprendió lejos de sus casas, pronto advirtieron que no iba a ser redituable. Así que encararon otras acciones, y al respecto, Eduardo comentó: “Somos alrededor de 40 personas en el circo, que integramos unas 10 familias. En este contexto nos tuvimos que transformar y empezar a encarar otras cosas que no hacíamos antes. Las mujeres comenzaron a hacer tejidos y comidas, otra gente del grupo hace artesanías; vendemos algunos juguetes; yo fabrico hornos y parrillas, y con las camionetas hacemos fletes y lo que sea, porque se hizo muy larga la cuarentena”.

Según mencionó, algunos además se dan maña con la herrería, otros con las instalaciones eléctricas, y salen a hacer trabajos afuera. “Lo que salga se hace”, afirmó, y refirió: “Hemos armado un horno de barro en la parte de atrás del terreno, las chicas elaboran postres, tortas, pan casero, y por suerte la gente de acá les compra todo. No sé si es por empatía hacia nosotros o porque les gusta lo que hacemos”.

Con lo que recaudan, hacen una olla popular todos los días y comen todos juntos, conservando los lazos solidarios y fraternales a los que están acostumbrados en la rutina diaria del compartir que se gestó a lo largo de 13 años de existencia del circo Varekay.

Los chicos, acostumbrados a cambiar de escuela en cada ciudad en la que recalan, hoy siguen estudiando de manera virtual y llevan casi un año lectivo en el establecimiento educativo de San Luis de las Palmas. “Las maestras les mandan vía Internet las cosas y seguro los van a evaluar a fin de año”, explicó Eduardo, quien es oriundo de Tucumán, pero el amor lo trajo hace muchos años a Entre Ríos y la mayoría de sus hijos nacieron en Paraná.

En San Luis de las Palmas hubo solo un par de personas contagiadas con Covid, pero desde hace tiempo no hay nuevos casos, por lo que permanecen en una Fase 5 y casi todo está permitido, con los cuidados correspondientes.

Por otra parte, Eduardo contó con simpatía que hasta los horarios de sus rutinas han cambiado desde que están en el pueblo: “Nosotros habitualmente hacíamos la última función a las 22, terminábamos a la medianoche, y hasta que nos sacábamos el maquillaje y comíamos se hacía de madrugada. Terminábamos por dormirnos a las 3 o 4 de la mañana. Ahora a las 21 o 22 a más tardar ya estamos acostados y nos levantamos antes de que salga el sol”, dijo entre risas.

A su vez, reflexionó: “Esto que estamos pasando es algo insólito, supongo que se da una vez en la vida atravesar una pandemia que nos haya obligado a parar. Más allá de alguna que otra rencilla que se genera por la ansiedad, el estrés de este momento, estamos todos muy bien de ánimo”.

Espíritu itinerante

En el circo Varekay ayer aprovecharon el día de sol para sacar al aire libre algunas alfombras que permanecían guardadas, para que se ventilen y estén listas, junto con el resto del equipaje, para cuando puedan irse.

“Pensamos que nos íbamos a quedar 10 días acá y dejamos todo cargado en los semirremolques, es decir los camiones. Ya pasaron casi siete meses y ahora estamos sacando las alfombras y demás cosas para ver en qué condiciones están, si no les agarró humedad, y aprovechamos a limpiar, para dejar todo listo para el momento en que nos toque partir”, indicó el referente del circo, quien aclaró: “No nos vamos a olvidar más de este pueblo ni de su gente. Ya somos como unos vecinos más de acá, nos han hecho sentir muy bien y nos han ayudado sin conocernos, sin saber quienes éramos nos apoyaron y estamos muy contentos. Pero la verdad es que nosotros estamos como máximo un mes y medio en ciudades grandes como Paraná, y en las localidades más pequeñas es menor el tiempo, y a lo largo del año viajamos muchísimos kilómetros con el circo”, destacó Eduardo Ovejero.

“Hoy nos toca estar varados acá y nos hemos mentalizado, pero nos gusta viajar, lo llevamos en el alma”, concluyó, rescatando el espíritu itinerante de la gran familia circense.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejá tu comentario