Paraná nunca fue fundada. Al principio se llamó Baxada de la otra Banda del Paraná, nombre que se fue acortando hasta llegar al actual. Con el tiempo, el caserío se fue organizando, institucional y políticamente, hasta que la Asamblea del Año XIII le otorgó el rango de villa. Fue el 25 de junio de 1813, el 26 de agosto de 1826 era ciudad de Paraná.
Paraná, 200 años de una ciudad: arquitectura que narra su identidad
Desde el antiguo rancherío de Paraná hasta el presente, edificios, plazas y esquinas reflejan el crecimiento urbano, la memoria colectiva y su patrimonio vivo.
Paraná, 200 años de una ciudad: arquitectura que narra su identidad.
La vida de la ciudad se desarrolló alrededor de la plaza principal. Así lo testimonian los edificios que allí se erigen, los que aún se conservan y también los que fueron derrumbados. Allí se asentaron las principales instituciones sociales, educativas, políticas y religiosas.
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Una ciudad con nombre de río, una ciudad de calles angostas y sinuosas, una ciudad con un paisaje único, una ciudad de constantes recuerdos de los tiempos de Francisco Ramírez y Justo José de Urquiza, una ciudad llena de historias, una ciudad de arquitectura rica y notable que se fue construyendo de a poco, paso a paso, como el pasar del tiempo.
La arquitectura es fiel testimonio del progreso urbano
Como en toda ciudad la arquitectura es fiel testimonio del progreso urbano, en ella se observan movimientos artísticos, estilos, modas y épocas y Paraná no escapa a esa metáfora, donde arquitectos y obras van contando el progreso, el avance, el transcurrir del tiempo, con edificios tan distintos uno del otro, donde la influencia inmigratoria interviene aportando nombres propios y donde los modelos arquitectónicos se hacen dueños del espacio urbano, desde edificios oficiales, religiosos o la arquitectura privada.
Paraná no fue fundada, surgió como un rancherío. Luego, se convirtió en villa, y lentamente en ciudad. Pero hacia los años ‘30 del siglo XX comienza adquirir cierto brío en el desarrollo y progreso arquitectónico y urbano, principalmente durante la Intendencia de Don Francisco Bertozzi. En la fotografía publicada el 30 de julio de 1939 se aprecia su perspectiva urbana: calle San Martín, al fondo el Palacio Bergoglio y a la derecha la tradicional Tienda Gath & Chaves, una postal de época, transeúntes y viejos automóviles.
Historias de viajantes y turistas
La esquina de Corrientes y Uruguay, está repleta de historias de viajantes y turistas, pero también de recepcionistas, botones y personal de los servicios administrativos, de limpieza y gastronómicos. Es que allí, desde 1925, supo funcionar el Hotel Central, austero, simple y familiar. El establecimiento estuvo a cargo de Carlos y Miguel Calecas y de Miguel Demiryi. Y formó parte de una constelación de empresas del rubro que también integraron el Hotel France, el Hotel España y el Hotel Cransac. Para tener una idea, en ese símbolo urbano, se alojó Carlos Gardel, una de las veces, cuando cantó en Paraná. La fotografía, publicada en noviembre de 1939, muestra detalles de una época de brillo, esplendor y progreso.
Como es sabido, españoles e italianos fueron los grupos inmigratorios más numerosos que llegaron al país entre la segunda mitad del Siglo XIX y principios del Siglo XX. En Paraná fue tan contundente esa presencia que muchos de ellos se dedicaron al comercio y a la industria. Hacia 1894 se fundó la Farmacia Del Indio, ubicada en la esquina de Corrientes y Andrés Pazos, hoy ocupada por el anexo del Honorable Concejo Deliberante de Paraná y que por años fue y significó todo un símbolo urbano, testimonial y comercial de la ciudad.
Comparaciones con el presente
Tomar contacto con una imagen de hace medio siglo lleva irremediablemente a realizar comparaciones con el presente. Y, muchas veces, a asombrarnos de los cambios producidos. Es probable que en ese juego multidimensional haya quienes vean defectos en las virtudes y viceversa. Así, la delicia de disfrutar de un horizonte profundo, que se pierde en la lejanía, sea para otros una señal de épocas comarcanas que nuevos conceptos de ciudad vinieron a reemplazar. Lo cierto es que Paraná, la ciudad que no fue fundada, surgió como un rancherío y luego se convirtió en villa, con un crecimiento poblacional y edilicio muy lento. Pero esa vida aldeana, marcadamente insular, hacia los años ’30 comienza a adquirir el carácter de ciudad con desarrollo y progreso arquitectónico y urbano, principalmente durante la intendencia de Don Francisco Bertozzi. En ese contexto, la Plaza 1° de Mayo es y será el centro neurálgico del día a día de todo paranaense y la Plaza Alvear, conocida por la familiar apelación de Placita de San Miguel, es una especie de paso intermedio hacia el coqueto pulmón verde que ostenta la ciudad, el Parque Urquiza. En la fotografía, publicada en 1969, se aprecia justamente la Plaza Alvear o Plaza San Miguel, las torres de la Iglesia San Miguel, y al fondo la Casa de Gobierno.
La arquitectura es un instrumento indispensable para la construcción de identidad de las ciudades, verdaderos testigos de una ciudad que fue construyéndose de a poco, ciudad que mira al futuro, y que hoy, este año Paraná, cumple 200 años, y así la homenajeamos desde UNO.
Fernando Ponce / Especial para UNO

















