Causa Ilarraz
Martes 24 de Abril de 2018

El valiente testimonio de dos curas dejó aún más complicado a Justo Ilarraz

Para la jornada de hoy está prevista la declaración de ocho testigos, entre ellos una víctima que no pudo hacerlo ayer.

Un grupo de sacerdotes y exsacerdotes que tuvieron algún tipo de conocimiento de los acontecimientos ocurridos en el Seminario Arquidiocesano de Paraná a principio de la década del 90 y en particular en lo que atañe a la responsabilidad que tuvo en los hechos Justo Ilarraz, brindaron valiosos testimonios en la tercera jornada del juicio por abusos iniciado tras las denuncias de siete exseminaristas en 2012.

La carta que algunos curas del Decanato III de la Arquidiócesis de Paraná le escribieron en 2010 al arzobispo emérito monseñor Mario Maulión para pedirle que denunciara en la Justicia a Ilarraz, la poca información aportada por el párroco de la iglesia Santa Teresita y hermano de una de las víctimas, Diego Rausch; las contradicciones mostradas por el cura David Hergenreder y la contundencia de los relatos de Leonardo Tovar y José Dumoulin, fueron los aspectos salientes de la tercera jornada del juicio.

Para la jornada de hoy está prevista la declaración de ocho testigos, entre ellos una víctima que no pudo hacerlo ayer y los sacerdotes Alfredo Nicola, Gabriel Battello y José Barreto.

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El imputado volvió a gozar de privilegios: el auto en el que lo trasladaba su hermano se estacionó frente a la puerta de ingreso a Tribunales sobre calle Córdoba. Se bajó del vehículo a las 8.30, y la guardia de dos policías que estaba apostada en ese lugar le facilitó el acceso. Todo al servicio del victimario.

La audiencia que debió interrumpirse por un cuarto intermedio, se extendió durante ocho horas, según pudo registrar UNO.

Leandro Bonnin, cumpliendo actualmente tareas pastorales en la diócesis de Presidencia Roquez Sáenz Peña, en Chaco, habló de la carta que redactó en 2010 donde se describían apellidos, circunstancias de los abusos que habría cometido Ilarraz. Se supo que en la audiencia reconoció la existencia de ese documento que tenía entre sus firmantes a los expárrocos de San Benito y de Villaguay, Leonardo Tovar y José Dumoulin. "Esa carta es fundamental, porque hay un reconocimiento absoluto de los hechos, de los abusos a los menores. Y de qué forma tanto Karlic, como Puiggari y Maulión se fueron enterando de la gravedad de los hechos", explicó una fuente ligada al caso.

Señaló que en ese momento buena parte de la curia estaba preocupada por la información que había trascendido en relación a supuestos abusos ocurridos en el Seminario. Por esta razón se le exigió a la conducción de la Iglesia –mencionó al arzobispo Puiggari– que estas conductas debían ser denunciadas, tanto por la vía eclesiástica como en el ámbito de la Justicia ordinaria.

Bonnin también refirió acerca de la reunión a la que en 2012 Puiggari convocó a casi un centenar de sacerdotes en la zona de Mariápolis, donde reconoce que existieron los abusos. A partir de esta declaración se podrían sumar tres nuevos testimonios en el juicio: una psicóloga que atendió a una de las víctimas, un exseminarista y un excura. El nombre del exseminarista surgió del relato de Bonnin, y habría sido quien lo puso en conocimiento de los abusos: "En el Seminario la pasé muy mal me cagaron la vida", le había confesado.

Con reserva
Leandro Bonnin se trasladó especialmente desde Chaco para declarar en el juicio por abusos que interpela a la conducción de la Iglesia católica en Paraná. Vestido con sotana blanca, se detuvo ante el requerimiento de los medios, pero se excusó de brindar detalles de lo expuesto en la sala de audiencia.

"Todo lo que tenía que decir, todo lo que tenía para aportar lo hice con toda la veracidad, la sinceridad y el desarrollo que fue necesario, porque son declaraciones largas. Ese es el ámbito adecuado donde he hecho mi aporte en la causa", explicó.

Ante la insistencia de la prensa pidió que se lo respete, pero que ya había hablado en el lugar oportuno.

A renglón seguido dijo que seguirá este caso "desde la oración, acompañando como se puede y a la distancia, haciendo el aporte en el ámbito jurídicamente válido que es la declaración en tribunales".

Consultado por el resultado que debería tener este proceso, respondió: "Esperamos que la verdad y la justicia se hagan presentes; y para nosotros, como sociedad y como Iglesia, es que siempre podamos ser una institución que cuide a todas las personas. Y que nunca más pueda haber algo que dañe a personas, especialmente a menores, para que seamos la Iglesia que estamos llamados a ser, la Iglesia Santa, una Iglesia que muestre el amor de Dios".

Rausch, poco para aportar
Llamativamente la declaración de Diego Rausch, párroco de la iglesia Santa Teresita y familiar de uno de los denunciantes, no agregó demasiado, según los acusadores. En todo caso, su exposición pudo haber favorecido la situación de Ilarraz, porque negó haber tenido conocimiento de los abusos y se mostró reticente a contestar preguntas que profundizaran en el caso. Mencionó haber participado en la reunión de Mariápolis y que Puiggari le comunicó que había denuncias de abusos.

"Fue el testigo menos comprometido, porque ocultó la verdad, a pesar de tener el hermano abusado. Dijo que a él no le constaban los abusos, que el hermano nunca le dio detalles de lo sucedido", se señaló desde la querella a UNO.

Frente al tribunal también contó sobre los viajes que realizó a Europa con Ilarraz, y sostuvo que esas estadías fueron pagadas por el sacerdote ahora acusado de graves delitos. Al abandonar el edificio de tribunales se negó a realizar declaraciones.

Posible falso testimonio
La situación del responsable de la capilla de Colonia Avellaneda, David Hergenreder, estuvo seriamente comprometida en un tramo del debate. En su testimonio incurrió en severas contradicciones, diferencias con lo que había asentado en una declaración en el juzgado de Instrucción, por lo que la Fiscalía y los querellantes pidieron que se lo impute por falso testimonio, a lo que el tribunal no accedió. Los jueces establecieron que esta situación será materia de análisis en los alegatos.

Luego siguió el turno de los curas Agustín Hertel y Daniel Ponce.


Comprometidos
Una decena de personas, en su mayoría mujeres, se acercaron hasta el Palacio de Justicia para acompañar al cura Leonardo Tovar. Lo saludaron cuando ingresó a la 8.30, compartieron algunas anécdotas, hasta que se marchó a una sala donde tendría la espera más larga. Para los querellantes Marcos Rodríguez Allende, Santiago y Victoria Halle, Lisandro Amavet y Walter Rolandelli, y el representante del Ministerio Público Fiscal, Francisco Ramírez Montrull, los testimonios más relevantes fueron los de Leonardo Tovar y José Dumoulin.

Explicaron con una sorprendente precisión cómo se dieron los abusos a los menores, y de qué forma tanto Karlic como Puiggari tomaron conocimiento de los hechos. Tovar escuchó de la propias víctimas la manera en que fueron sometidos sexualmente y en la misma audiencia reconoció como suya la carta del Decanato III en donde se le exige a Maulión que denuncie estas prácticas.

"Karlic –según Tovar– reconoció que hubo abusos en el Seminario. Que no habían sido 50 como lo denunció la revista Análisis, sino que le consta que habían sido 15", se indicó a este medio.

Tovar prestó declaración durante una hora y media. Afuera lo esperaba la comunidad de San Benito Abad, pero eligió fundirse en una fraternal abrazo con Hernán Rausch, uno de los sobrevivientes de abuso del cura Ilarraz.

"Me sentí muy cómodo, muy protegido y muy respetado. Fue una experiencia dura y sentí que cumplí con mi granito de arena con el compromiso que asumimos con las víctimas cuando empezó todo esto en 2010", le dijo a UNO.

Mencionó que en el recinto afloraron muchos recuerdos, sobre todo el dolor de las víctimas que le pidieron ayuda, de tantos años que pasaron para conocer la verdad. "Todo eso es como una impotencia, un dolor, y a su vez la paz y la tranquilidad de que había llegado el día de a mi aporte", subrayó.


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