Bordet
Domingo 07 de Abril de 2019

El Mausoleo de Urquiza como un atractivo histórico y turístico

Interés. El lugar agrega un capítulo más a la historia de una de las figuras más importantes de Concepción, de la provincia y del país.

Esta semana estuvo en Concepción del Uruguay el gobernador, Gustavo Bordet, y dentro de su derrotero por distintas instancias de gestión de gobierno y campaña política, dedicó un tiempo especial para recorrer y conocer más profundamente las obras de restauración a la que fue sometida la Basílica Inmaculada Concepción. Uno de los puntos de interés que incluyó la recorrida fue el mausoleo que contiene los restos del General Urquiza dentro del templo, un espacio que motivó una larga charla del primer mandatario provincial con quienes lo acompañaron en la recorrida. El mausoleo es hoy un atractivo que causa admiración entre quienes recorren la Basílica uruguayense y se encuentran con este espacio socavado en el piso del templo, a la izquierda del altar principal. Esta sensación de asombro e interés puntual por este lugar agrega un capítulo más a la historia de una de las figuras más importantes de la historia de Concepción del Uruguay, de Entre Ríos y de la Argentina Su historia política, su vida personal y el posterior derrotero de su cadáver, hacen de Justo José de Urquiza un personaje importante en las anécdotas que se fueron popularizando, no solo en esta ciudad, sino también en la provincia y en casi todo el país. Desde la cantidad de hijos que trajo al mundo, hasta su gigantesca fortuna, pasando por logias masónicas, batallas épicas y retiradas heroicas, la vida de Urquiza tejió un enorme entramado de relatos que con el tiempo mezclaron la realidad con el fanatismo de quienes lo exaltaban y el odio de quienes lo combatieron. En cualquier caso, su vida particular estuvo lejos de pasar desapercibida y dejó un legado que hoy forma parte del acervo cultural entrerriano. Pero como sucede casi siempre con este tipo de personajes, su muerte también se convirtió en un hito para la historia de estas tierras. Asesinado en un palacio enclavado en medio del campo, frente a su familia y traicionado por gente de su confianza, murió dando batalla con un balazo en la cara y cinco puñaladas que aseguraron su final. El velorio no fue menos dramático. Se hizo en un clima cargado de miedo. Ricardo López Jordán, el hombre que lo había mandado matar, había asumido la gobernación y la persecución a los urquicistas hizo que la tensión social se palpara en las calles de Concepción del Uruguay como en ningún otro lado. Su hija Ana buscó el lugar más seguro y se llevó el cadáver a su casa para rendirle los honores finales. No fueron muchos a despedir al general y fueron ellos los últimos en ver el cuerpo del caudillo entrerriano. La persecución jordanista se intensificó, y un año después del asesinato el odio hacia Urquiza traía consigo la amenaza de un ataque a La Histórica y la inminente profanación de la tumba ubicada en el cementerio local. Dolores Costa, la viuda, ordenó secretamente trasladar el féretro a la iglesia y a partir de allí nunca más se supo del destino del cuerpo de quien fuera el vencedor de Caseros. Seguramente era más seguro para todos no saber qué pasó con los restos del General, y con los años se perdieron el rastro y los testigos de la ruta final del cadáver. Pasaron 80 años desde aquellos días infaustos para que, por segunda vez, se intentara dar con el féretro del caudillo, luego de un primer intento de búsqueda en la Basílica Inmaculada Concepción, en una cripta donde la viuda había dejado una lápida. La mayoría pensaba que el ataúd estaba detrás de aquella piedra. Sin embargo, en 1901, con motivo del centenario del nacimiento de Urquiza, se buscó sin éxito en aquel lugar.


El hallazgo


Recién en 1951 se retomó la búsqueda y se resolvió pedir permiso al párroco de entonces para realizar una segunda constatación del lugar. Así lo hicieron, y mientras golpeaban las paredes buscando sonidos huecos, un ladrillo se cayó y dejó al descubierto dos ataúdes completos y los restos de otro destruido. El historiador entrerriano y miembro de la Asociación Justo José de Urquiza, Darío Garayalde, investigó sobre la marcha de los trabajos realizados tras el hallazgo, y remarca en uno de sus trabajos publicados, que el 5 de abril de 1951, la Comisión accedió a lo solicitado. Así fue como finalmente el Sr. Antonio P. Castro, miembros de la Comisión y los descendientes hallaron el único nicho sin identificación. Levantada la tapa de este se encontraba un ataúd sobre cuya tapa de madera se hallaba una cruz de metal, con la inscripción 'Gloria Deo'. Desclavada esta tapa de madera, apareció una caja de zinc, dentro de la cual se hallaba un cadáver cubierto con una mortaja, esta última en excelente estado de conservación.


El estado del cuerpo

El cadáver estaba reducido a estado esquelético, hallándose vestido con pantalón de brin, camisa, chaleco, saco, medias de lana y botines de color negro con elásticos en la parte superior, todo en bastante buen estado. Inmediatamente, los doctores Ricardo Castro O'Connor y Oscar García efectuaron el examen médico legal de los restos, con el siguiente resultado: 'cadáver sexo masculino, de una altura de 1,68 a 1,70 m según las tablas antropométricas de Rollet para esqueleto. Cadáver de unos 80 a 100 años de antigüedad, a juzgar por la desaparición total de las terceras falanges de los dedos de las manos. Presentaba, además, una destrucción de la apófisis izquierda del esfenoides... una consecuencia que se comprueba de la identificación y estudio médico legal del cadáver, es que el General Urquiza no falleció como consecuencia de la bala que le disparó el Pardo Luna, (oriental, capataz de la estancia San Pedro) hiriéndolo en la cara, como se creía hasta ahora, sino por las terribles heridas de arma blanca recibidas en el tórax'.



Descanso final

El 24 de marzo de 1955 se dio por finalizada la investigación y se procedió al traspaso de los restos del General Urquiza al cofre que hoy descansa en el mausoleo que comenzó a planificarse siete años más tarde. En enero de 1962 se conformó la Comisión de Lugares y Monumentos Históricos para su diseño. Se le solicitó a Luis Gonzaga Cerrudo, en su carácter de pintor, que presentara un boceto ante la Comisión. En líneas generales el proyecto contemplaba "un recinto cerrado en forma oval que tuviera en la parte de arriba una baranda de hierro forjado desde donde se podría mirar el mausoleo que estaría abajo y un pedestal de mármol levantado algo del piso que sostendría en su parte superior el ataúd", según se relata en el libro de Miloslavich de Álvarez. La inauguración tuvo lugar el 7 de mayo de 1967 con la presencia del presidente de la Nación general Juan Carlos Onganía. Hoy sigue siendo un punto de interés donde la muerte no deja de generar un atractivo especial que incita a conocer más sobre la historia de este hombre.

Comentarios