Este fin de semana se hizo viral en las redes la imagen de una escultura de arena que alguien hizo en la playa del balneario Thompson, en Paraná. La obra era una figura humana en tamaño real, y despertó la admiración colectiva. La mayoría de los mensajes felicitan al talentoso artista desconocido: “Una verdadera obra de arte. Sería buenísimo que la Municipalidad alentara este tipo de muestras en la playa. Hay mucha gente con talento aquí”, escribió una de las personas que interactuó, y otra agregó: “Busquen al artista. Es muy bueno”.
Con una escultura de arena un talentoso artista anónimo cautivó a los paranaenses
Una figura efímera fue tomando la forma de una mujer. Gustavo Romero se llama el autor de la escultura de arena que despertó la admiración de la gente.
Por Vanesa Erbes
Gustavo Romero sorprende y encanta a los presentes en alguna playa con una escultura en la arena
“Un cuerpo dibujado en la arena, una obra de arte efímera y poderosa. No sabemos quién fue el artista, pero sí que este tipo de expresiones merecen ser vistas, valoradas y reconocidas en nuestras playas”, acotó alguien más. En general, los comentarios coinciden en que es arte para destacar, y muchos piden que aparezca el genial autor.
UNO lo encontró: se llama Gustavo Romero. Oriundo de Urdinarrain pero residente en Paraná desde hace décadas, es ingeniero electromecánico, y durante muchos años fue uno de los referentes del museo interactivo Puerto Ciencia. Hoy trabaja en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) y en sus ratos libres sobresale con sus expresiones artísticas y otras facetas.
Para hacer esculturas en diferentes playas aprovecha alguna tarde de verano, proponiendo algo distinto. Mucha gente se detiene a observar y con sus celulares buscan capturar el momento en el que, sobre la arena húmeda, una figura comienza a emerger como si siempre hubiera estado ahí. Y él, con un gesto paciente, casi meditativo, transforma un material frágil en una imagen poderosa.
La escultura nace sin bocetos ni moldes, guiada por su intuición y por la textura justa del suelo. Y donde antes había apenas arena, hay un cuerpo, un rostro, una postura que transmite calma, misterio o descanso.
Arte espontáneo
En diálogo con UNO, Gustavo contó que hace décadas hace esculturas en la arena. Lejos de los castillos y otras formas habituales en un balneario, su especialidad son las figuras humanas. Cuerpos recostados y posturas distintas cada vez. “Nunca hago lo mismo, sino que depende del día, de la inspiración. A veces busco una posición que no hice antes, para desafiarme. El desafío es contra mí mismo: ¿cómo me saldrá hoy?”, explicó.
Si algo acompaña siempre a este arte es el público espontáneo: vecinos, turistas, chicos que preguntan cómo se hace, adultos que observan en silencio. “Se arma una ronda. La gente se queda mirando, pregunta, conversa. Rompe el hielo”, dijo, y recordó que incluso en Brasil, donde también ha realizado esculturas durante sus vacaciones, la experiencia se repite. “Los vecinos se acercan, te traen una cerveza, un trago con sombrillitas. Una vez hasta me hicieron una nota para un diario. Esa es la magia del arte: genera encuentro”, valoró.
Gustavo se define como autodidacta y se apura a aclarar: “No soy escultor. Lo mío es muy modesto, como diversión y desafío”.
El secreto para hacer escultura en la arena
Las esculturas suelen llevarle entre media hora y una hora, aunque el tiempo nunca es exacto. Todo depende de un factor clave: la arena. “La arena en sí son piedritas que no se juntan, salvo que tenga algo que haga que quede pegada, como pasa en el mar con la sal. En el río Paraná el ligante es el limo, ese barrito amarronado”, detalló, y comparó: “Por ejemplo, en el río Gualeguay la arena y el agua son más limpias, y no tiene ese ligante. Vos hacés algo y al secarse se desmorona enseguida. Tal vez pasa lo mismo en el río Uruguay. Ajá. Lo que tiene la arena del Paraná es que queda firme, estructurada. Y eso es una ventaja, porque se pueden hacer esculturas de arena que quedan armadas. Entonces, es una buena oportunidad para hacer concursos de arena”.
Al respecto, su mirada va mucho más allá de lo personal. Desde hace años insiste en una idea que considera una oportunidad desperdiciada: la posibilidad de organizar concursos de esculturas de arena en la capital entrerriana. “El río Paraná tiene una ventaja enorme para esto. Se podrían hacer concursos, estimular a los chicos, sacarlos un poco del celular, darles una opción creativa que no cuesta nada”, subrayó.
Incluso llegó a redactar un reglamento y a intentar que haya un certamen de este tipo con la Universidad, aportando su experiencia, pero no prosperó por cuestiones ajenas al proyecto. “No hace falta invertir mucho: el premio puede ser un helado. Lo importante es hacer visible algo que estimula la creatividad”, remarcó, consciente de que más allá de que su arte le encanta a gente de todas las edades, genera un gran interés en quienes transitan la niñez, y es una ocasión propicia para que lo lúdico le gane, aunque sea por un rato, la pulseada a las pantallas.
Por eso, mientras trabaja, suele invitar a los más chicos a sumarse. Les dibuja una tortuga en la arena y los anima a intentarlo. “Se enganchan enseguida”, contó, y su reflexión es que ese gesto simple es una forma de recuperar el juego, la imaginación, el tiempo compartido.
Creatividad natural
Más allá de la arena, Gustavo ha desarrollado una intensa trayectoria en el ámbito de la divulgación científica, con muestras interactivas de Ciencias y proyectos educativos. Actualmente impulsa una propuesta en Paraná para implementar en el Islote Curupí: una consola interactiva llamada “Las aves cantan”, que permitirá observar y escuchar los cantos de las aves del lugar.
Es un proyecto que convive con ese otro arte, silencioso y transitorio, que no se guarda. “La escultura de arena queda ahí, hasta que el agua o el viento la borra”, explicó, sin dramatismo, y quizás ahí esté su mayor belleza: en existir sólo por un rato, en sorprender sin prometer permanencia.
Así, las esculturas de arena de Gustavo Romero aparecen, emocionan y siguen su curso. Y recuerdan, a quien se detenga a mirarlas, que la creatividad también puede ser un acto simple, gratuito y profundamente humano.
Julio Federik le dedicó una poesía
Destacando su talento, el reconocido abogado y poeta de Paraná Julio Federik le dedicó una poesía a Gustavo Romero por sus esculturas en la arena:
HERMOSA FORMA FUGAZ DE UNA MUJER EN LA ARENA
Bajo los soles de acuario
En la playa junto al río
Hay una mano en la arena
buscándose un desafío.
Mientras lanzan las chicharras
Su larga nota de estío
Y el camalote rebasa
agua y tiempo sin desvío.
La arena que estuvo presa
En la piedra contenida
Anda con las libertades
de su granulometría
Y cuando queda en la costa
y su argamasa es el agua
poco le importa la forma
que sabrá diluir el río.
Por eso a las manos deja
Su libertad y se entrega
Para que la figura sea
Tan bella como pudiera.
Y las manos, con la arena
En un acuerdo callado,
Van tallando la escultura
De una mujer junto al río.
Y al rato va apareciendo
lo que siempre ha preferido
dibujando una sonrisa
con el gesto enaltecido.
Si con un soplo de vida
Como el cincel o la mano
Pudiera hacer respirara la mujer esculpida…



















