Descubriendo Entre Ríos
Domingo 04 de Marzo de 2018

Un gualicho que no falla para Macri, Evo Morales y Cartes

Las provincias debemos colaborar para evitar que una diferencia económica transitoria por la atención de la salud melle la milenaria unidad

Era la hermandad del Paraguay, Bolivia, la Argentina, Uruguay, Chile cuando nosotros no habíamos nacido, y será la hermandad cuando de nosotros no quede ni el recuerdo.

En estos días, los jefes políticos de la región estuvieron a punto de ahogarse en un vasito de agua, una pena porque el remedio para esa gripe contagiosa es gratis a la vuelta de la esquina.

Virus de fácil cura, pero tal vez por falta de costumbre se desconfía del brebaje. Rueda de mate, se llama en nuestra tradición guaraní, y en nuestros saberes del altiplano se resume en la palabra aruskipasipxañanakasakipunirakispawa.

El diálogo sincero, indispensable, se aceita y ahonda con un mate, y se comprende con esa palabra casi infinita como las posibilidades que brinda la comunicación entre hermanos.

Esa voz con tantos sufijos apilados dice que tenemos que hablar sí o sí, sin más remedio, porque somos hermanos. Y hablar con el paisaje testigo y protagonista, no solo entre seres humanos. La aprendimos de nuestros paisanos de Bolivia, es decir, estamos ante un tesoro que se guardó por siglos en nuestras propias fuentes.

Escuchar y aprender
Y bien: atender la salud de los hermanos de al lado pasó a ser, de pronto, un problema. Como la patria es grande y nuestro paisito un retazo llamado Argentina, nos dirigimos más al presidente Mauricio Macri, por cercanía, para animarlo a esta pregunta: ¿cuánto podemos recibir y aprender de los pueblos originarios, desde esa concepción de salud que llamamos vivir bien y buen convivir, o sea, desde la armonía? E incluso mirando lo económico, ¿cuánto nos ahorraremos en curaciones si cambiamos la vida loca occidental por la paz, el equilibrio, la reciprocidad que está en los principios fundamentales, tan conocidos y cultivados en Bolivia?
Nuestros gobiernos, abiertos a las caras consultoras, no tienen orejas en general para los consejos gratuitos de los saberes milenarios. Pero digamos que, ante millones de argentinos atestados de pastillitas, abrirnos a otros conocimientos y a una vida sana en sintonía con la naturaleza puede dar origen a una revolución en las conciencias. Y eso no tiene precio.

La Quiaca
Una mirada integral de patria grande nos mostrará que si hay salida de estos pantanos será en comunidad. No habrá argentino feliz y en armonía en sus pagos si no comparte con la vecindad. Nadie puede gozar hondamente de la salud en La Quiaca si no se goza en Villazón. Y viceversa. Qué duda cabe. Lo mismo para los entrerrianos: Colón y Paysandú son hermanas por igual. Y qué difícil nos resulta zafar, en la conciencia, de esas malditas fronteras.
La Quiaca es un punto caliente. Allí se atiende la salud de bolivianos en una proporción que no es alta, pero el porcentaje engaña: ocurre que algunos bolivianos que pasan la frontera son en verdad argentinos, porque sus madres ya vinieron para el parto, de manera que los registros confunden un poco. Y esto que parece tan complejo en verdad es una bella curiosidad regional. Lógico: cualquiera busca un beneficio si está a la vuelta de la esquina.
Pero avancemos un poco y veremos que, atentos a los monstruos imperiales agazapados en el horizonte, la independencia y la soberanía argentinas se resumen en la unidad con los pueblos hermanos. Por eso hay que cuidarla con manos de seda. Para el caso viene al pelo aquella antigua parábola del mazo de varas: una a una se quiebran fácil, juntas te las debo.

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Norteados
Frente a las discordias fogoneadas en estos días aflora este interrogante: ¿no buscan los imperios malquistarnos por la menor tontería?
Estados Unidos, Europa, China, Rusia, prefieren negociar con cada uno de nuestros países por separado, en vez de tratar con una confederación. La fragmentación, la pelea permanente, la desconfianza entre hermanos, son el abecé de las intrigas coloniales, del dominio imperialista, y nosotros parecemos proclives a caer en la trampa.
Cuando nos reconozcamos en la hermandad milenaria, e incluso por ahí en los organismos internacionales fundados (Mercosur, Celac, Unasur, OEA, y tantas cumbres y pactos), no buscaremos soluciones unilaterales. Claro: todas esas organizaciones están en crisis, varios países vienen con un pie adentro y otro afuera. Eso no sería preocupante si no viéramos por las rendijas los tentáculos del pulpo. La dirigencia anda norteada, obnubilada con los cantitos de sirena. Con los amos. Y muchos gobiernos se afanan desde hace décadas en romper caminos de la patria grande.
Escuchamos al jefe de Gabinete, Marcos Peña, anunciar el envío de un proyecto para que el Congreso estudie las inversiones en la atención de la salud de familias vecinas, principalmente paraguayos y bolivianos. De pronto apareció en la boca de nuestros políticos la palabra "reciprocidad", y bienvenida. La reciprocidad es otro tesoro que no debiéramos manosear en los espasmos.
Bolivia aclaró que en la reciente reunión técnica bilateral realizada en Santa Cruz de la Sierra, en enero, la Argentina no incorporó este tema de la salud en las conversaciones. Luego, el canciller Fernando Huanacuni Mamani reconoció que buscarán adecuar su régimen de salud y atender el reclamo de reciprocidad. Esa es la noticia más novedosa que tenemos. En seguida, el presidente Evo Morales agregó: "Hermanos argentinos, no se preocupen, somos de la patria grande".
Ha sido un tironeo nomás, pero el gobierno de Macri quedó conforme a medias. En los detalles de las reglamentaciones habrá diferencias, y descartamos que con buena onda y sin atropellos podremos trabajar por soluciones como se lo hace en reciprocidad. El ayni, por caso, es una fiesta. Occidente no lo entiende bien. Los pueblos del cono sur del Abya yala nos debemos un ayni, una familia ampliada, una patria grande en suma.

Balanza deficitaria
Ahora: aceptemos la existencia de ese desfase en pesos, "en contra" de la Argentina. Entonces, otras preguntas: además del vivir bien, y ya en términos de ganancia, ¿calibramos cuánto gana la Argentina sembrando las semillas de unidad heredadas? Y otra: ¿qué ley propone Peña para revertir de un hachazo el déficit multimillonario en la balanza comercial que sobrelleva la Argentina, desde hace años, con los Estados Unidos y con China?
Y una más: ¿no somos pacientes para buscar un equilibrio (que nunca llegará), con las potencias, e impacientes por un pequeño desacomodo con los países que son hermanos hasta los tuétanos?
El rojo en la balanza comercial con Estados Unidos fue de 160 millones de dólares en enero, y con China de 1.000 millones de dólares, solo en un mes. Años así, ¿y qué ley plantean? ¿Por qué ponemos paños fríos en el comercio, mientras que en salud echamos leña al fuego?
Si seguimos así con China, a fin de año acumularemos un déficit de más de 10.000 millones de dólares. ¿Cuánto pagamos por atender la salud de hermanos, en un supuesto desbalance?
Estas cosas se pueden conversar en una rueda de mate, con dos premisas: la hermandad y la paciencia. Salud y hermanos se potencian mutuamente. Si Macri y Morales están enemistados por las visiones distintas que tienen, por ejemplo, en torno de Nicolás Maduro, Venezuela, Unasur, eso jamás debiera afectar la hermandad, que subyace a salud de los compatriotas argentinos y bolivianos. No es una frase cándida la nuestra sino un principio sine qua non.

Tema menor
El canciller argentino Jorge Faurie aclaró que su cartera le presentó el tema a todos los países de al lado. Busca acuerdos que establezcan reciprocidad en la atención gratuita de ciudadanos no residentes. Es razonable. Con Chile la cosa está mejor encaminada. Los viajes masivos se registran de Bolivia y Paraguay, y las migraciones (siempre bienvenidas), en estos años son por lejos mayoritariamente de esos dos países.
Miles de esos inmigrantes no están aún registrados, por distintas razones (no debe extrañarnos, si en la Argentina el trabajo informal es norma). Y por eso muchos bolivianos y paraguayos radicados en la Argentina, con quienes compartimos el trabajo a diario, pueden parecer viajeros temporales, cuando se atienden en el hospital, y en verdad ya están conchabados aquí hace rato. Bolivianos en las huertas, paraguayos en obras de construcción, por ejemplo.
Aquel desfase que decíamos puede dar vía a algunos tours de salud, de manera que situaciones transitorias pueden hacerse permanentes y generar incluso negocios, intermediaciones, lo cual tarde o temprano llama la atención. Bueno, es un tema también para conversarlo con la amistad de siempre y buena fe.

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Lo que tejieron
De Entre Ríos a Neuquén, de Buenos Aires a Mendoza: todos sin excepción estamos involucrados en el asunto (que no es un problema), con motivo de la atención recíproca de la salud en ambos lados de la frontera.
Los presidentes Evo Morales, Mauricio Macri y Horacio Cartes nos deben una rueda de mate. Se deben ellos, y nos deben a los pueblos, para hallar una manera de superar el conflicto aunque no sea de forma inmediata. Un acuerdo sustentable.
Es cierto que Cartes entregará su mandato en agosto, faltan solo dos meses para las elecciones en el Paraguay, pero podría allanar el camino. En el caso de Evo Morales, su mandato expira en 2019 y muy probablemente vaya por otra reelección. Macri ya empezó su tercer año.
El mate les garantizará el ámbito, la presencia de la biodiversidad en la que nos desenvolvemos los seres humanos y que no reconoce fronteras ficticias; y la presencia de los pueblos sin tiempo, o dicho de otro modo: el espíritu de los antepasados y de los que vendrán. Esa es la esencia de la rueda de mate, allí se habla con el corazón. Con la certeza de que nosotros, hoy, no tenemos derecho como especie humana a poner en riesgo, siquiera, lo que es de la biodiversidad toda, ni a dilapidar en un año lo que tejieron los milenios.
Hay fotos de Macri y Morales con la wiphala de fondo. Ese símbolo dice arcoíris, dice equilibrio del ser humano en la naturaleza, complementariedad. ¿Nos dejaremos alumbrar por la luz de la wiphala?

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Jujuy o Mendoza
Sabemos que en la emigración hay tristezas, dolores, tremendos distanciamientos, pero también sabemos que las migraciones entre países hermanos dan frutos exquisitos y consolidan más aún el precioso legado de la hermandad. Los poderes pueden y deben limar las aristas de ese desarraigo.

Nuestras antiguas culturas guaraní, aymara, quechua, kolla, mapuche, etc., que compartimos con los países vecinos, pueden ayudarnos desde tradiciones milenarias que nos ubican mejor en la geografía. El problema de un boliviano no es el de un extranjero, es nuestro. Y lo mismo a la inversa. Desde la filosofía del vivir bien y buen convivir, la unidad está en la biodiversidad, y en la biodiversidad los pueblos, las culturas. De manera que las fronteras no son más que una ilusión que destruye el equilibrio.

Hoy, las provincias en el límite con Paraguay y Bolivia atienden la salud de muchos hermanos. La Nación, y las demás provincias, debemos colaborar con ellas para facilitar las cosas. De lo contrario haremos como aquellos cobardes bien pintados por esa frase nacida en el humor: animémonos y vayan.

Todos los argentinos, sin distinción, somos hermanos de paraguayos y bolivianos. No solo los fronterizos, no solo aquellos que comparten asuntos regionales más definidos quizá. Fuimos lo mismo ayer, seremos lo mismo mañana y, aunque transitemos un largo período de oscuridad con la fragmentación de los estados, hoy somos lo mismo en la raíz.

Igual con orientales, chilenos, peruanos, brasileños, en fin, por nombrar los más cercanos. Las cuencas, las montañas, los montes, son expresiones de esa unidad, como las luchas, los saberes, el arte, los sueños. Nuestra honda hermandad con el Paraguay, por caso, tiene dos nombres: Basualdo y Toledo, es decir, la valiente resistencia a la guerra contra hermanos.

Por fin: el gualicho para Macri, Morales, Cartes, se pronuncia aruskipasipxañanakasakipunirakispawa, se prepara con yerba mate, agua a setenta grados y pico, y se bebe con bombilla compartida, en una rueda. Si hay un fogón, mejor. Así es como el diálogo fluye saludable, sin macaneos. Hechizo fulminante y santo remedio.

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Foto. http://waraysabel.blogspot.com.ar
Foto. http://waraysabel.blogspot.com.ar


Herencia de los "próceres"

No vamos a reproducir las expresiones que leímos en las redes sociales y algunos medios masivos contra nuestros hermanos, en estas horas, porque sería dar crédito a manifestaciones de la ignorancia promovida por el Estado argentino durante siglos.
No nos sorprende que tantos aprovechen cada intersticio para meter cizaña contra sus hermanos, a quienes menosprecian siguiendo el mandato de varios de nuestros próceres que no solo los menospreciaban sino que mandaban liquidarlos, deslumbrados como estaban por el norte europeo, lo mismo que Hitler y los suyos. (Dice un autor que algunos próceres creían que la mitad de los argentinos eran una basura, y a la otra mitad había que aniquilarlos).

Lo que la estructura estatal construyó por siglos no se resolverá de un plumazo, es cierto, pero a los gobernantes (en este turno el presidente Mauricio Macri y los gobernadores de varios signos partidarios), les debemos exigir esclarecimiento.

Principios como la hermandad de nuestros pueblos no se negocian, no deben estar expuestos a las redes sociales, y ni siquiera a la voluntad transitoria de presuntas mayorías.

La unidad de los pueblos es una riqueza. La hermandad de Bolivia, la Argentina y Paraguay trasciende asuntos geográficos, políticos, económicos, es integral, atraviesa las épocas. Todos los aspectos allí se complementan, y se potencian mutuamente para hacernos hermanos sin vuelta atrás.

Como hermanos vamos a conversar, festejar, debatir, es obvio, pero jamás poniendo en riesgo esa patria/matria que supera nuestras voluntades individuales, grupales y supera las épocas. Nosotros, hoy, no debemos ni podemos discutir esa hermandad arrogándonos facultades que no nos legaron nuestras abuelas, nuestros abuelos, nuestros nietos, nuestras nietas. Cuando nosotros iniciemos el nuevo viaje vendrá a abrazarnos, sin fronteras, sin engañosos gentilicios y nombres propios, la eterna Pachamama.

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Amanecer en Isla del Sol. Bolivia. Foto Gentileza Diego Páramo.
Amanecer en Isla del Sol. Bolivia. Foto Gentileza Diego Páramo.


¡Bienvenidos hermanos chapacos!

D.T.F. *
Cualquiera que trate a un boliviano como extranjero deberá revisar sus conocimientos sobre las raíces y el futuro de la argentinidad. Y si llama extranjero a un chapaco, entonces está loco.
La Argentina nació a la vida independiente con el Alto Perú, llamado Bolivia ahora, tanto como el Alto Perú nació con la Argentina.
Toda la región, sin los límites actuales, tembló al grito libertario de la revolución de los pueblos originarios y allí, en Chuquisaca, forjaron sus ideas revolucionarias Mariano Moreno, Juan José Castelli. No hay más que decir, pero si además Ernesto Guevara eligió esas tierras para sembrar la nueva revolución y eligió morir allí, veremos que es un disparate tratar de extranjero a un boliviano.
Jamás podría pensarse en un desarrollo argentino al lado de una Bolivia pobre, y lo mismo sirve para Uruguay, Chile, Paraguay. Argentina se desarrolla con ellos o no se desarrolla (nos referimos al despliegue de potencialidades), y hasta en términos prácticos la idea de una solución individual es impensable.
No es un capricho, es una realidad con razones que se miden por siglos. Cornelio Judas Tadeo Saavedra nació en Potosí, Juana Azurduy en Chuquisaca. Tarija está en el extremo sur de Bolivia, limita al norte y oeste con los departamentos de Chuquisaca y Potosí...
Ya sabemos que la Argentina fue un adjetivo que consolidó Martín del Barco Centenera en el poema que hacía referencia a Charcas, Chuquisaca o La Plata, la argentina, en la actual Bolivia (hoy Sucre). Y sabemos que el Acta de nuestra Independencia fue firmada, entre otros, por Esteban Gascón, nacido en Oruro, José Mariano Serrano, de Sucre, Pedro Ignacio de Rivera y Mariano Sánchez de Loria, bolivianos ambos; y por los Sáenz, Sánchez de Bustamante, Gorriti, Medrano, Boedo, Rivera, Darregueira Malabria, Pacheco de Melo, Anchorena, todos estudiantes de Charcas o revolucionarios en la actual Bolivia.

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Foto UNO Archivo.
Foto UNO Archivo.


Libres y sin odios
Los bolivianos que las autoridades de Paraná encontraron como siervos en las quintas del este son chapacos, oriundos del departamento Tarija, lindando con Jujuy. Nadie en el universo podría distinguir a un chapaco boliviano de un jujeño argentino.
No hay diferencias. Ni siquiera en la historia, si se recuerda que Tarija fue tan del Virreinato del Río de la Plata como Tucumán, como Córdoba, como Entre Ríos. Recién en 1889 la Argentina dejó de reclamar a Tarija como propia, hasta ese punto llega la unidad indisoluble.
Sabemos que nuestros hermanos en el fondo no se sienten esclavos, y que no guardarán odio en su pecho por el oprobio que han vivido aquí, justo aquí, en este suelo tan amable. Lo dicen ellos en el Himno a Tarija, que hoy, avergonzados, hacemos nuestro.

Ni tiranos ni déspotas nunca/ nuestro orgullo podrán abatir;/ somos libres, y a ser ay! esclavos/ preferimos mil veces morir./ Sólo amamos la industria, el trabajo/ dulces bienes que brinda la paz;/ con amor para todos, con odio/ para nadie en el pecho jamás.

*Fragmento de una nota publicado por el autor en la revista Análisis de Paraná, Entre Ríos, en junio de 2007.

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