La humanidad, a lo largo de la historia, debió adaptarse a las transformaciones de su entorno y a los desafíos que siempre supone vivir en un planeta cada vez más degradado por la contaminación, el desmonte, y el avance de mega proyectos industriales que nos venden la ilusión del progreso y el bienestar. Somos rehenes de un modelo social y productivo que nos está llevando a nuestra propia extinción, tanto que los menos favorecidos por el sistema deberán conformarse con sobrevivir. Que no se entienda este suelto como una declaración con sesgo fatalista, porque lejos está de serlo, pero cada una de nuestras acciones tiene sus efectos y consecuencias.
Todavía estamos a tiempo de cambiar
UNO/Mateo Oviedo.
Tiempo de coronavirus: la adherencia a las medidas sanitarias permitió salvar muchas vidas.
Los primeros habitantes de la Tierra, por una cuestión de supervivencia, tuvieron la necesidad de organizarse en comunidades más densamente pobladas. Ese cambio de conducta no solo fue el germen de la agricultura moderna, sino que permitió que los virus se propagaran rápidamente para convertirse en un problema sanitario.
Desde la viruela y el sarampión –entre las enfermedades más antiguas que infectan a los seres humanos– hasta la emergencia declarada por el Covid-19, se han perdido gran cantidad de vidas humanas. El coronavirus, que nos obligó a confinarnos y a usar tapabocas, nos dejó varias enseñanzas para evitar futuras pandemias. En primer lugar, que la higiene personal y del ámbito doméstico previene muchas enfermedades infecciosas.
El cambio de hábitos es una forma de cuidar nuestra salud y la del conjunto de la sociedad, pero modificar lo aprendido, a deconstruirnos en cuestiones cotidianas es lo que más nos cuesta.
Un claro ejemplo de ello es lo que está sucediendo con el dengue: los casos aumentan por la falta de adherencia de la población a las medidas de prevención. Paraná es la ciudad más afectada por la enfermedad, sin llegar a los niveles de contagio registrados en 2020, pero pese a ello algunos vecinos siguen incumpliendo con las pautas de cuidado.
De los bloqueos sanitarios surgen los testimonios que dan cuenta que no aprendemos la lección: se siguen encontrando en los domicilios recipientes con agua (baldes, palanganas, tambores, portamacetas, bebederos, botellas retornables) que luego se transforman en criaderos de mosquitos. Estar informado es la herramienta más valiosa en esta causa, por eso se insiste tanto con la eliminación de los recipientes, porque en ellos el mosquito adhiere sus huevos a las paredes del mismo. Por lo que además se refuerza que es clave, más allá de cambiar el agua con frecuencia si no se puede eliminar los recipientes que la contienen, cepillar el interior de las paredes para eliminarlos.
Esa fue la forma que encontró el Aedes aegypti para comenzar a reproducirse, luego picar estando infectado, para transmitir un virus que en Paraná se ha transformado en un brote.
Se advierte entonces, que no hay conciencia de la gravedad que pueden presentar algunos casos, sobre todo de aquellas personas que se han reinfectado.
Poder incorporar prácticas o hábitos de higiene domiciliaria reducen la capacidad de daño de los arbovirus (virus transportados por los artrópodos, entre ellos las moscas y los mosquitos).
Asumir esa responsabilidad conlleva un beneficio colectivo que debe evolucionar de lo micro a lo macro para poder controlar al menos los brotes de enfermedades como el dengue y la cikungunya que afectan a ciertas zonas geográficas del país.
La tolerancia y el buen trato a los operadores sanitarios es otros de los aspectos fundamentales en esta lucha: los mismos trabajadores han confiado que no son bien recibidos, o en el peor de los casos, no los dejan entrar a los domicilios. Qué nos pasa realmente para que el empleado que quiere cuidarnos sea tratado como el enemigo.
Estamos a tiempo de hacer un cambio de mentalidad y es una práctica que comienza por casa, junto a nuestros hijos y es un beneficio para toda la sociedad. Si bien se está en un proceso de investigación, el acceso a una vacuna para erradicar el virus está cada vez más cerca. Es una herramienta fundamental y así quedó demostrado en la pandemia, pero no la única en esta cruzada.














