Miradas
Martes 14 de Mayo de 2019

Noticias falsas, peligros reales

Los movimientos antivacunas son, quizás, la muestra más cabal de los peligrosos efectos de las noticias falsas y la información tergiversada. A pesar de que distintos estudios han demostrado que no existe relación entre las vacunas y el autismo –uno de los argumentos más esgrimidos por los antivacunas, entre otras fábulas– lo que hasta hace poco era un fenómeno insignificante, ahora crece de manera alarmante.
En Facebook existen varios grupos y fanpages que promueven dejar de vacunar a niños, incluso a animales. La página Argentina Sin Vacunas alcanza cerca de 22.000 seguidores, pero existen miles de estos sitios a nivel global. Por ejemplo, en India, la peligrosa idea se propaga especialmente vía grupos de WhatsApp y cerca de 2,9 millones de menores no han recibido la primera dosis contra el sarampión. Solo en Bombay, decenas de colegios han impedido que los funcionarios sanitarios realizaran las campañas de vacunación en los últimos meses "debido a rumores sobre sus posibles peligros" compartidos en WhatsApp, según un reportaje del Wall Street Journal reproducido por el diario español El País.
Pero así como en la India, estas ideas retrógradas se han expandido por Europa y los EE.UU., donde el aumento de padres que no vacunan a sus hijos ha llevado a no admitir a niños no vacunados en las escuelas e, incluso, tiendas, bares y restaurantes.
La vacunación ha sido un avance decisivo para reducir la mortalidad infantil. En 1796, el médico británico Edward Jenner desarrolló la primera vacuna contra la viruela generando la inmunidad adquirida contra esa enfermedad por la estimulación de la producción de anticuerpos. Desde entonces, y con los subsiguientes avances, anualmente las vacunas evitan entre 2 y 3 millones de muertes y ha permitido erradicar enfermedades como la viruela o reducir a la mínima expresión otras como la poliomielitis, la difteria o el sarampión.
Precisamente, por haberse erradicado hace tiempo, las nuevas generaciones prácticamente desconocen el peligro que significan epidemias de difteria o sarampión. Así, muchos padres sostienen que la vacunación es una decisión personal, pero olvidan que tal decisión tiene consecuencias para toda la población, pues pone en jaque la inmunidad colectiva.
Lamentablemente, no existe una vacuna para evitar la propagación de las noticias falsas, especialmente en redes sociales, donde la falta de jerarquía y control propician que cualquier persona pueda poner a circular contenido que no se corresponde con la realidad. Por eso, en Twitter y Facebook se esparcen desinformación, ideas extremistas y mensajes polarizadores, a veces desde la ignorancia, como en lo que respecta al movimiento antivacunas; y en muchos casos de forma deliberada para engañar a la población, generar malestar público y hasta manipular procesos electorales.
Por el momento, solo queda analizar mejor la procedencia de la información que se consume en línea, más allá del impacto que tenga en cada quien o que se ajuste al sistema de creencias e ideología de quien comparte.

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