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Lo que no les importa

Sábado 03 de Agosto de 2019

Una camperita raída y un gorrito de lana, en uno de los días más fríos de este invierno, eran el único abrigo de la mujer que apretaba una bolsita de friselina debajo del brazo. Allí guardó tres cajitas de remedios con cara de desolación. Se había gastado más 2.000 pesos de su raquítico sueldo para que a su madrecita no le faltaran los remedios para el Alzheimer y la presión. Mientras sacaba los billetitos arrugados de un monedero le contaba a la cajera que su mamá la confundía con su tía abuela y le hablaba de cuando vivía en el campo, allá por la zona de Lucas Norte. “Menos mal que ya no se da cuenta de nada. Siempre fuimos pobres y vivimos con lo justo, pero a estos remedios no los pagábamos, porque estaban en el programa de Crónicos del PAMI. Ahora, todos los meses más caros. No tienen piedad con los pobres viejos que cobran la mínima… La pensión de mamá no alcanza ni para la comida, ni hablar de los pañales”, se desahogó la mujer, mientras la empleada le daba el ticket sin nada que agregar.

Cuando hay ajustes en la economía los que más sufren son los que menos tienen –y eso no es una novedad–. Pero cuando hay insensibilidad en quienes deciden ajustar y por dónde hacerlo, asusta la liviandad con la que mienten y el cinismo con el que lo hacen.

El lunes se conoció que los centros de diálisis no atenderán más pacientes de PAMI porque el sistema está colapsado, y la obra social no ha renovado los contratos con esas entidades para actualizar aranceles, ni han cancelado deudas pendientes.

Referentes de la Confederación de Asociaciones de Prestadores de Diálisis de la República Argentina dijeron que PAMI no atiende sus reclamos desde hace dos años. En 2017 fijó unilateralmente la cápita que ya era 50% menor al valor de la prestación y ahora, con la inflación y el precio de los insumos en dólares, es insostenible. La diálisis es un tratamiento de sostén de vida; es decir “de vida o muerte”; pero no les importa.

Hace pocos días, la Dirección Nacional de SIDA y Enfermedades de Transmisión Sexual difundió que, desde junio, faltan en laboratorios tres drogas retrovirales y que, de no revertir la situación, a fin de año se agotará el stock de otros 15 medicamentos para el tratamiento del VIH. Desde la Secretaría de Salud de la Nación salieron prestos a aclarar que el faltante “solo se dio en algunas jurisdicciones” y que, “los tratamientos, están garantizados”. A pesar de estas declaraciones al cruce, profesiones de la salud que trabajan con las personas en tratamiento, saben que estos faltantes se deben a los recortes presupuestarios y a las irregularidades en las compras. Lo mismo pasó, en el inicio del invierno, con las vacunas y los medicamentos para tratar la tuberculosis. El fardo lo recibieron las provincias, ya de por sí desfinanciadas por la rapiña de las coparticipaciones. A esto se suma el vaciamiento de los programas de salud comunitaria y los abordajes territoriales, allí donde la pobreza ha aumentado por las políticas de ajuste.

Esta devaluación del área Salud ya se había hecho evidente desde el “primer semestre”, se había patentizado con el descenso de rango del Ministerio a Secretaría, y se terminó de empaquetar con el recorte presupuestario, una de las tantas tareas que Macri le entregó en tiempo y forma al Fondo.

La degradación de un área tan sensible, la desprotección de ancianos, enfermos, niños, es una evidencia más de la falta de sensibilidad de este Gobierno. Los derechos que NO les importa defender, los definen como personas y como proyecto político.

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