Miradas
Lunes 14 de Mayo de 2018

Largo, como espera de pobre

"Más largo que la esperanza de pobre", dice el atinado dicho popular. La esperanza tiene que ver con la confianza de lograr una cosa o de que se realice algo que se desea. Pero, su etimología, claro está, remonta al verbo esperar. El pobre tiene esperanza, porque aún sigue esperando que algo bueno pase, que la prosperidad llegue. Precisamente, la esperanza es lo último que pierde el pobre, porque está acostumbrado a la espera.
En una entrevista de 2017 con el diario El Ciudadano, de Chile, el sociólogo argentino Javier Auyero sintetizó: "Hacer esperar a los pobres es una herramienta de control para el poder que le permite vigilar y castigar. A la vez, genera una subjetividad en los pobres, quienes creen que 'deben' esperar y que, en ese sentido, actúan como buenos esperantes".
Auyero es autor del ensayo Los pacientes del Estado (Eudeba, 2013), que bucea en lo que hay detrás de las esperas y burocracias que utilizan los gobiernos como herramienta represiva pero pasiva.
En su ensayo, el sociólogo –académico de la Universidad de Texas– postula que la raíz de la palabra paciente tiene dos connotaciones muy relacionadas. La primera habla de quien sufre una enfermedad y tiene una raíz latina "pati" que significa "sufrimiento". La segunda acepción tiene que ver con la paciencia: pacientes, en el sentido de que tienen que verse sometidos cada vez que la acción de esperar o estarse quieto es una orden.
Las horas perdidas en la sala de espera de un hospital, las decenas de minutos malgastados a diario en una parada de colectivo, la interminable burocracia a la hora de hacer un trámite, las largas filas en el banco para cobrar una pensión. Ni hablar las demoras en las investigaciones judiciales y los abusos de las prisiones preventivas que dejan a los pobres en una literal situación de stand by. Todas estas esperas, según Auyero se transforman en una herramienta de dominación del poder contra los desposeídos.
"Los largos períodos de espera cansan. Se usan para ir despejando las filas de esperantes y son interpretadas subjetivamente por ellos según sus intereses y perseverancia, toda vez que el funcionario les contesta: sentate ahí y esperá. Esto está descrito y estudiado", sostuvo Auyero. Por supuesto, la espera es distinta para quien tiene las necesidades básicas medianamente cubiertas que para quien depende de ser atendido ese día para, por ejemplo, poder darle un almuerzo a sus hijos.
Ya que Auyero lo trae a colación, en Vigilar y Castigar, el filósofo francés Michel Foucault postula que desde el siglo XVIII, las instituciones estatales (cárceles, escuelas, hospitales) incorporan técnicas –disciplinas– que permiten un control minucioso del cuerpo y le imponen docilidad. Esas técnicas se fueron perfeccionando con el transcurso de los siglos. Sin ir más lejos, el presidente Yrigoyen, durante sus mandatos, se ocupaba personalmente de las personas que acudían a la casa de gobierno solicitando empleos o favores. Esta situación provocaba largas colas de aspirantes en la casa de gobierno y popularmente se la llamó la "amansadora". Amansadora, no "emboladora", ni "quitadora de tiempo". La amansadora, porque aplacaba los ánimos de las personas, el ánimo de quejarse, de rebelarse; las dejaba mansitas como a un corcel al que le quitaron su natural bravura.
Y, aunque pasaron casi 90 años de la última presidencia de Yrigoyen –con las subsiguientes dictaduras y gobiernos de diversos colores políticos– la amansadora de pobres se ha mantenido incólume hasta el presente.
Es importante destacar que el problema no se debe a la mala predisposición de los empleados de las reparticiones estatales. Lo que produce la espera –dice Auyero– no es la acción individual, sino la indiferencia burocrática, que es sistemática. El pobre es sistemáticamente despojado, incluso de la facultad de disponer de su tiempo; y las víctimas de esta lógica han asimilado esto como si fuera algo inherente a su casi nulo poder adquisitivo. "Si querés algo, tenés que esperar. Al final de la larga y sacrificada espera, vendrá la recompensa", dice el sistema, y los pobres esperan que ese postulado sea verdad. Sin embargo, la espera no viene con garantía.

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