Miradas
Jueves 27 de Septiembre de 2018

La debacle de un gigante de la carne equina

La situación de los trabajadores del Frigorífico Equino de la ciudad de Gualeguay no ha variado demasiado. El cierre de la planta que supo ser modelo en la región dejó en la calle a más de 100 trabajadores y sin el sustento diario a sus familias, con el agravante del atraso en el pago de los salarios que todavía siguen caídos. Lo más curioso de toda esta historia es que la crisis se desató a partir de un conflicto familiar entre el entonces presidente del directorio, Javier Veronesi, y su exesposa, quien había iniciado una demanda de divorcio. Tanto fue el desgaste en el plano judicial que un juez de Gualeguaychú decidió quitarle el manejo de las acciones a Veronesi y, por lo tanto, apartarlo del manejo del negocio de la carne equina. Pero para entender este culebrón y el cierre del frigorífico gualeyo, es necesario remontarse a 2011, cuando la expareja de Veronesi, Corina Rivas, entabló una demanda por violencia de género y otra serie de reclamos vinculados a alimentos y división de bienes, que posteriormente derivó en una denuncia por fraude a la administración societaria del frigorífico. Según revela el expediente –al que tuvo acceso UNO– los recursos de la firma entrerriana estaban siendo destinados a la compra de otros dos frigoríficos en la provincia de Buenos Aires: Lamar, en la localidad de Mercedes, e Indio Pampa, en Trenque Lauquen. La voluminosa prueba recolectada en la etapa de investigación –documentación electrónica y otros elementos– permitió determinar que esas empresas estaban a nombre de una hermana de Veronesi. Con el tiempo, se sumó como damnificado a esta causa José Veronesi, el hermano mayor de Javier, que supo estar al frente del Feersa, en Gualeguay.
En cuanto a la causa, la Justicia de Gualeguay dispuso una serie de imputaciones, entre ellas la de Javier Veronesi, la de un grupo de contadores y de dos personas que intervenían como testaferros, según se pudo determinar. El proceso está a un paso de ser elevado a juicio, pero aún faltan concretarse algunas medidas de prueba.
Ese fue el principio de la debacle de un frigorífico modelo, que exportaba la mayoría de sus cortes al exterior, y era dueño de un prestigio reconocido mundialmente; para graficar esta afirmación vaya el siguiente dato: en el mundo hay 12 frigoríficos equinos de los cuales cuatro son argentinos, siendo uno de ellos el Feersa. Nuestro país llegó a representar el 25% mundial de la oferta de carne equina. Todos estos desaciertos no solo debilitaron la fortaleza financiera del emprendimiento, sino que además le quitaron clientes y yegüeros que se dedican a conseguir la materia prima para producir. Pero en esta historia los verdaderos damnificados son los trabajadores, que de un día para el otro se encontraron con la fábrica paralizada, y con una deuda salarial que es difícil calcular como consecuencia de la creciente inflación. El malestar se canalizó en protestas en la ruta de acceso a Gualeguay, ollas populares con acampe frente a la planta y otras medidas de fuerza, pero nada de eso alcanzó para que sean atendidos los reclamos. El cese de pagos sumado a la falta de fuentes reales de trabajo obligó a muchos operarios a tener que adaptarse a esta nueva realidad: los menos consiguieron nuevo trabajo, y el resto se la rebuscó con tareas informales para poder subsistir. En este contexto, la mayoría de los afectados inició juicios laborales que tramitan en el Juzgado a cargo de Mónica María Terraza, a la espera de que se notifique a los demandados, que en este caso sería la empresa Feersa. La expectativa de este grupo de trabajadores –alrededor de 70– es que de tener una respuesta favorable de la Justicia luego avanzar con el pedido de quiebra de la firma. Por esa misma estrategia también se inclinó Martín Veronesi, uno de los socios del frigorífico, confió una importante fuente judicial. Finalmente, el resto de los operarios acudió a la vía legal en forma particular para poder reclamar lo que les corresponde.
Los empleados llevan al menos un año sin cobrar sus haberes, cargas sociales, multas y otros ítems. Ni la intervención del intendente de Gualeguay, Federico Bodgan, ni la gestión del gobernador Gustavo Bordet pudieron destrabar un conflicto laboral, pero que tiene como telón de fondo peleas intestinas dentro de una misma familia, al parecer por ambiciones desmedidas, por pujas de poder sin resolver y otras razones que solo ellos conocen.

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