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El ejercicio de juzgar todo por las redes sociales

Martes 31 de Enero de 2017

La opinión inmediata en las redes sociales se ha convertido en una práctica habitual. No es un hallazgo ni mucho menos, pero el impacto que causa ante determinados acontecimientos genera, al menos, una observación por parte del que suscribe. Los jueces morales opinan sobre cualquier hecho desde un lugar "cómodo" o mientras revisan el teléfono celular durante la rutina. No importa el dolor ajeno y menos aún las precisiones sobre el suceso. Parece automático. Al mismo tiempo sugieren condenas morales o en el peor de los casos piden la cabeza de los involucrados y sus teorías se alimentan de las mismas especulaciones que surgen a medida que los comentarios abundan. Desacreditan y aconsejan. Entre tanta calamidad vale la pena recordar algunos hechos que se han convertido en foros de opinión, por citar algunos ejemplos. El pescador Lole Orrego sacó un surubí en la Toma de 45 kilos y se convirtió en un asesino para la "sociedad moral del facebook". El hombre, que se pasó toda la madrugada en su canoa y levantó la bestia del Paraná y por la mañana la vendió para mantener a su familia fue blanco de críticas de todo tipo: hirientes y de mal gusto a partir de que la noticia ocupara un lugar en los portales digitales. Entre tanta violencia y en clara desventaja, su hija salió a defenderlo. En un comentario extenso deslizó dolida su descargo y aclaró que su papá no era "ningún asesino". Escribió, en un párrafo, que "a él le hubiese gustado tener un trabajo formal y una jubilación el día de mañana, pero se lo negaron". Y agregó: "Gracias a su trabajo de pescador, mi hermano está por terminar la escuela y yo puedo ir a la facultad".


Otras de las tantas noticias que causaron conmoción fue la aparición sin vida de una nena de 2 años y medio en el balneario de Valle María. Apenas se conoció su triste desenlace, cientos de usuarios condenaron la actitud de los familiares sin respetar el inmenso dolor de la pérdida de un ser querido y de un niño. Cuestionaron a su madre, que ni siquiera estaba en el lugar.


El último gran disparador fue la denuncia de abuso por parte de una menor en una fiesta de cumpleaños en una quinta de Paraná. Por la presentación judicial quedaron imputados tres mayores y un menor. El mismo día que la noticia tomó conocimiento público se convirtió en un foro de especialistas en Derecho. Por un lado las publicaciones de involucrados o conocidos. Dimes y diretes que se convirtieron en una especie de "causa paralela" y por otro lado los comentarios de ajenos que "emitieron su sentencia" y resolvieron el caso. Un cosa es condenar el hecho, si se comprueba que existió. Otra completamente distinta es juzgar mientras se desarrolla una investigación. Al mismo tiempo repudiar el accionar de una niña de 15 años por asistir a un determinado evento "sabiendo a lo que se expone" es de una bajeza tremenda. El tema es demasiado complejo. Desde qué lugar tomamos la decisión de intervenir y creer que tenemos la razón. Cada uno tiene derecho a opinar, pero comprendamos la trascendencia y la magnitud de lo que escribimos. ¿Qué pasaría si la historia fuese a la inversa? ¿Cómo tomaríamos que nos juzguen desde el desconocimiento?

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