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El castigo de ser indigente y vivir en la calle

Sábado 06 de Julio de 2019

Con la llegada de los intensos fríos aparece nuevamente el debate sobre la pobreza, la indigencia y las personas en situación de calle.

Lo más loable de todo esto es que hay numeras ONG que se mantienen con un gran corazón para contener, ayudar, asistir y dar la mano. Están en el lugar que el Estado no llega, tanto en Paraná, como en Entre Ríos y el país.

Simplemente para recordar, el kirchnerismo con todas las mejoras que dejó, se fue en el 2015 –según la UCA– con casi el 30% de pobres que no estaban visibilizados en los informes oficiales del Indec.

Hablando mal y pronto, escondieron a los pobres.

El macrismo, pese a prometer pobreza cero, cierra la gestión con el 35% de pobres. Triste realidad de ineptitud y de un gobierno que se preocupó más por los amigos empresarios que por los más necesitados.

Dicho esto, marcamos claramente que los referentes que hoy lideran las encuestas tanto en el oficialismo como en la principal oposición tienen en sus espaldas el mérito de haber agrandado la pobreza.

En Paraná hay ciertas situaciones que son penosas por donde se las mire, pero en especial que mezclan la hipocresía de una parte de la comunidad a la que no le gusta ver la pobreza.

Hay varias personas que lamentablemente no tienen donde ir, no tienen un presente y mucho menos un futuro. Que duermen a la intemperie en las plazas o en los frentes de algunos céntricos locales comerciales.

Muchos son enfermos, alcohólicos o adictos a las drogas porque prefieren consumir cualquier cosa, para durante un tiempo “irse de este mundo”.

En esta sociedad pacata, algunas personas son capaces de llamar a la Policía porque no les agrada el panorama que tienen frente a sus coquetas propiedades de la zona del Parque o el Rosedal.

No les tiembla el pulso y pueden llegar hasta a inventar situaciones delictivas que deriven en el traslado a la comisaría de los molestos indigentes que gritan, se ríen o sufren el frío de la noche o la madrugada.

Otros pretenden que la Policía ordene este espectáculo de pobreza y que disponga la rápida desconcentración de las personas en situación de calle. La Policía está para otra cosa.

También es cierto que estas personas, al estar olvidados por todos, tienen necesidades fisiológicas, alimentarias y en especial de ser tenidos en cuenta por alguien.

Al lugar que van, ‘molestan’. De allí que es importante potenciar al máximo la presencia del Estado para ayudar con personas especializadas para hacerles entender a estas personas que el mejor lugar para estar es en una residencia donde puedan alimentarse, estar abrigados y con ropa limpia.

El maltrato que padecen a diario para obligarlos a salir de las plazas es permanente, por lo que es más que importante la llegada de personal capacitado en el trato para convencerlos de la necesidad de estar en un lugar más adecuado.

Se sabe que algunas de estas personas se resisten a los traslados y que incluso ni bien llegan a las residencias optan por escaparse porque no están acostumbrados a algunas pautas sanitarias.

Habrá que insistir, tener paciencia y marcar cuál es el mejor camino para enfrentar la ola polar.

Lo peor que se puede hacer como sociedad es mirar para el costado, ocultar una realidad o bien tratar de minimizarla.

Otro gran defecto es endilgarles la responsabilidad de los actos a estas personas, que prefieren embriagarse a alimentarse adecuadamente o contar con una cama para descansar.

El año pasado en el ámbito de la Justicia de Paraná se organizó un trabajo conjunto impulsado por la Defensoría del Pueblo de la capital entrerriana. Se bregaba por la coordinación de tareas de los estados provincial y municipal y otras áreas especializadas en la temática con el fin de tratar de evitar la muerte de algunas de las personas en situación de calle.

El tiempo pasó, y las plazas céntricas volvieron a contar con el doloroso paisaje nocturno de pobres tirados a la buena de Dios. El frío, que nos duele, se ve que no a todos sensibiliza de la misma manera.

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