Hoy por hoy
Domingo 19 de Noviembre de 2017

De víctima de "pasajero disruptivo" a "feminazi"

El caso de la pasajera de Air France que denunció a su vecino de asiento por estarse masturbando en pleno vuelo, no solo generó un escándalo diplomático por denuncias y respuestas cruzadas entre la Cancillería francesa y la Justicia argentina, sino también un encendido debate en la opinión pública y redes sociales.

El caso de la pasajera de Air France que denunció a su vecino de asiento por estarse masturbando en pleno vuelo, no solo generó un escándalo diplomático por denuncias y respuestas cruzadas entre la Cancillería francesa y la Justicia argentina, sino también un encendido debate en la opinión pública y redes sociales.

Para aquellos que no hayan seguido la noticia, el domingo 29 de octubre, una médica argentina de 29 años, que estaba haciendo un curso en Croacia, tomó un vuelo de Air France para regresar al país. Antes de tocar tierra en Ezeiza, durante el vuelo nocturno, la mujer tuvo que soportar –según su denuncia– que su vecino de asiento en la clase turista, se masturbarse a su lado.
Cuando se levantó para denunciar la situación, y siempre según su relato, no fue contenida como se hubiese esperado en estos casos. Tras pedir cambio de asiento la ubicaron en el "jump set", un lugar destinado a las aeromozas. Y luego, el comandante de a bordo la amenazó con hacerla detener al final del vuelo, si durante el aterrizaje no volvía a sentarse en su sitio, junto al onanista.
Ante la Policía Aeroportuaria, la mujer denunció por acoso al atrevido francés; a la tripulación por maltrato, y al comandante por coacción, y todos pasaron varias horas detenidos, escándalo diplomático "in progress".
Los hechos fueron contados con pelos y señales en los medios nacionales, donde el foco de análisis se centró en que la mujer era hija de un exfuncionario de la gestión de Carlos Menem y que la intención de la médica era viajar en primera clase por lo que "se inventó" una historia.
Los concienzudos panelistas de la tele hablaron del aspecto jurídico y diplomático del caso, de los protocolos de acción de las aerolíneas y hasta de "qué hacer en caso de viajar con pasajeros disruptivos".En las redes sociales nadie utilizó eufemismos. La mayoría dudó del relato de la mujer ("la mina", dijeron) y opinaron que era la típica argentina "vivaracha" que "había querido chapear" para conseguir un asiento en el "business class". Mucha gente se refirió solo al maltrato sufrido por la tripulación de esa empresa tan de Primer Mundo y opinaron "que debería dejar de volar a un país bananero como Argentina".
Otros tantos comentaristas hicieron hincapié en la personalidad "histérica" de la denunciante y muchos la (des)calificaron como "feminazi", término peyorativo con el que –hoy en día– se etiqueta a las mujeres que reclaman vehementemente por sus derechos.
Así se pudieron leer comentarios de este tenor: "A esa feminazi habría que contestarle igual que cuando ellas se pasean en bolas intempestivamente por la ciudad: La decisión de sacudir MI ganso la tomo YO". ¡Sin palabras!
Nadie habló de la incómoda situación a la que fue sometida, ni de la revictimización ejercida por el comandante de a bordo cuando la hizo sentar nuevamente junto al degenerado. El eje de la discusión siguió destrozando a la mujer/víctima/denunciante.
A esta altura valdría aclarar que esta columna de opinión no tiene como propósito postular la veracidad o la falsedad de la denuncia de la viajera. El planteo es reflexionar sobre la reacción social ante el hecho y tratar de entender por qué las mujeres que exigen el respeto de sus derechos irritan tanto a la opinión pública. Por qué se las cuestiona o se las descalifica con tanta facilidad.
Y, yendo más lejos, por qué situaciones de acoso se naturalizan y se terminan aceptando en silencio "para no ser acusadas de feministas", como si reivindicar derechos, pedir igualdad y respeto fuese un delito.
En tanto, el acoso sexual, tan difícil de probar y atestiguar, sigue sin tipificarse en el Código Penal y las mujeres que exigen y cuestionan públicamente estos modelos retrógrados siguen cargando el mote de "feminazis", un aggiornamiento del otrora "histéricas" del siglo XIX.

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