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De granero a basurero

Domingo 08 de Septiembre de 2019

“Vamos a pagar para recibir contaminación”, advirtieron desde Greenpeace al conocerse los términos del Decreto Nº 591/19 sobre gestión de Residuos Peligrosos, y flexibiliza la entrada de desechos contaminantes al país. El cuestionado decreto, que lleva la firma de Macri, Sica y Peña, especifica que se permitirá el ingreso de materiales como aluminio, papel, cartón, vidrio y plásticos, provenientes de EE.UU. y Europa, y su letra chica no garantiza que esos residuos sean inocuos para la salud de la población, ni para el medio ambiente. La nueva disposición, que entrará en vigencia en menos de un mes, está hecha a medida de EE.UU. (y Europa), que así podrán desprenderse de miles de toneladas de basura que los chinos ya no les permiten ingresar a su territorio por la guerra de aranceles que dirimen con Donald Trump. Lo curioso del caso es que, para el cierre de sus fronteras a la basura importada, China argumentó que “le metían cualquier cosa”. La decisión del gobierno nacional se suma a la nula gestión ambiental del cuestionado ministro de Ambiente, Sergio Bergman, quien ni siquiera firmó el decreto, porque su aplicación –llamativamente– no dependerá de su área sino del Ministerio de la Producción. Por estos días, y para activar la memoria de incautos, los ambientalistas desempolvaron el tema del basurero nuclear que quiso instalarse a finales de los 70 y principios de los 80 en Sierra del Medio, territorio de Chubut. El “Proyecto Gastre”, de corte militar, comenzó a desactivarse durante la gestión de Raúl Alfonsín y se terminó de cancelar durante el menemismo, solo por la férrea oposición de pobladores y activistas ambientales. Hace pocos días –siguiendo con el tema de la memoria– se celebraron 25 años de la reforma constitucional de 1994. Esa Convención Constituyente incorporó al texto de la carta magna una serie de tratados de cuidado ambiental inéditos hasta el momento. Pues bien, el decreto de Macri viola todo aquello. También se lleva puesto los principios de “no regresión ambiental”, es decir el de no retroceder en el derecho humano de gozar de un ambiente sano, y el de “progresividad”, esto es “legislar hacia el futuro”. En cuanto a las consecuencias, esta decisión es irreversible para el medio ambiente, pero también conlleva una triste arista socioeconómica, que es el perjuicio que la importación de basura provocará a miles de familias que viven del reciclado. Representados por sindicatos y cooperativas, los cartoneros advirtieron el daño que ocasionará la apertura a la importación de residuos: caerá el ya magro precio de la mercancía y propiciará el contaminante y millonario negocio de la incineración de desechos que Rodríguez Larreta pretende instalar en CABA. Por donde se lo mire es basura. Los municipios más importantes y grandes del mundo se ahorrarán uno de los costos fijos más abultados que pueda tener un gobierno comunal, que es la disposición final de residuos. Argentina no solo seguirá gestionando deficientemente la basura propia sino que también pagará para gestionárselas a los países más poderosos del mundo. ¿Se entiende? Al grave problema ambiental, se suma el suculento negocio para unos pocos y hasta a un problema de soberanía; porque, cuando un país debe mucha plata, permite toda clase de atropellos de los acreedores, tal como en la mafia.

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