Miradas
Jueves 14 de Marzo de 2019

Chistes que no lo son

"Paola parece el Google... tiene todo lo que busco (...) y a las mujeres hay que tratarlas así, si no te denuncian". "Levanten las manos todas las mujeres que son vírgenes (risas)". "Dice mi amigo: 'sería lindo hacer un asado con nuestras mujeres'. 'Pero primero carneamos a la mía', le contesto". "Mi suegra se tiró del quinto piso y ahora está en el cielo... mirá que rebota la vieja". "Cuando hizo al hombre, Dios le dio algo para que las mujeres se vuelvan locas cuando lo agarren: y ahí creó la plata". Y para rematar: "Mi novia de adelante no tiene nada de busto, parece prócer olvidado. Y se compró una remera que dice 'En caso de violación esta parte va para adelante".

El párrafo de arriba es tan solo una pequeña selección de los no-chistes misóginos que desplegó el humorista contratado para animar la 30ª Fiesta Nacional del Mate.

El humor es algo tan sublime y sutil que si se lo trata de explicar, pierde la gracia. Creo que el humor no debería tener límites, concuerdo con los comediantes que sostienen que no hay nada de lo que uno no se pueda reír. El asunto es cómo y desde dónde se para quien va a decir un chiste: no es lo mismo un chiste sobre judíos contado por un sobreviviente del holocausto que un chiste sobre la misma temática contado por Joseph Goebbels.

El repertorio del humorista que actuó el fin de semana pasado en Paraná son no-chistes porque eran simples frases misóginas, carentes de sutilezas y dichas por un varón cis heterosexual en tono de burla. El espectáculo parecía el contenido de un grupo de WhatsApp de un equipo de papi fútbol, pero revelado sobre el escenario de una de la fiestas oficiales más importantes de la capital entrerriana.

Su presentación no consistió en un despliegue de gracia y humor, fue violencia simbólica con el objetivo –consciente o no– de reforzar una dinámica social que impone a las mujeres el status de objeto, de un cuerpo del que el varón puede disponer: ya sea para encontrar "algo" que busca, para juzgarla de acuerdo a su actividad sexual, para compararla con una vaca apta para la parrilla, para burlarse de su muerte o, incluso, violarla.

La sociedad va evolucionando y el humor debería hacerlo también; la correlación de fuerzas ha cambiado, hay resortes del patriarcado que están herrumbrados. Porcel y Olmedo podían despertar carcajadas en 1980, pero "A los cirujanos se les va la mano" hoy solo produce asco. ¿O a qué sádico podría parecerle chistoso que un par de camilleros zafados violen a dos médicas tras anestesiarlas?

De todas maneras, sería injusto cargar las tintas contra el humorista. Probablemente, quienes arman la grilla de la fiesta deberían tener en cuenta el contexto, ya que se trata de una fiesta popular, que no tiene por qué ser emparentada con la chabacanería y, mucho menos, con la violencia. Pero especialmente, tener en cuenta el clima político y la lucha de las mujeres, que ese mismo viernes marchaban masivamente por sus derechos, y a pocas cuadras de la Plaza de las Colectividades, donde desde un escenario oficial se las atacaba con ignominias.

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