Hoy por hoy
Viernes 11 de Mayo de 2018

Caer al vacío

La preocupación está latente en los vecinos desde hace ya varios años, solo que recrudeció con la seguidilla de días lluviosos y los consecuentes movimientos de tierra que se generan en la zona. Mientras muchos estaban preocupados porque no podían enviar los chicos a la escuela, porque la ropa sucia y húmeda llevaba días en el lavadero, cumplir horarios, por no poder continuar las edificaciones, o bien porque la lluvia ya los había hartado, en la jurisdicción de la comisión vecinal Antártida Argentina (Paraná) unas 10 familias dormían, y aún lo hacen, con "el corazón en la boca", porque sus humildes viviendas en cualquier momento pueden caer al vacío.

No hablo de una sensación. Y el caer al vacío tiene que ver no solo con que en cualquier momento se derrumba la barranca con todas las familias arriba, también tiene que ver con la precariedad en la que están inmersos y de la imposibilidad de obtener las mínimas condiciones para vivir dignamente.
El barro nauseabundo, los perros enfermos revolviendo todo, caballos atados en el patio donde a centímetros una vecina tiende la ropa al sol que por fin se dignó a salir, los cerdos casi domésticos y la basura, tanta y tan putrefacta, repartida por todos lados. Un señor mayor nos da lugar con su carro, en algo que parece ser un camino de salida. Desde ahí arriba, en calle Segundo Sombra al final, entre Barranquitas y Antártida Argentina puede verse cómo trabajan en el volcadero.
Junto a Hugo Altamirano, presidente de la comisión vecinal Antártida Argentina, y algunos de los vecinos afectados recorrimos el lugar. Margarita, una mujer de 38 años, mamá de cinco hijos, de los cuales uno de ellos fue operado del corazón hace seis meses, nos contó que le recomendaron que el pequeño viva en un ambiente sano. Necesitan ser reubicados. No se sabe dónde. Cuándo. Entiendo que son terrenos fiscales, que no son propietarios y que ellos están ahí por decisión propia, pero duele verlos, duele escucharlos.
Las autoridades de la comisión desde 2016 realizan presentaciones al municipio de Paraná explicando la gravedad de la situación. Lo hicieron nuevamente hace unos días y les contestaron que profesionales irían a analizar el terreno. No es necesario ser arquitecto para darse cuenta de que todo se viene abajo.
También les preocupa el precio de la garrafa, los aumentos de los alimentos básicos, de los medicamentos, pero les urge saber que en algún momento dormirán bajo un techo seguro. La inestabilidad económica pasa a segundo plano, y no, porque en el día a día tampoco les alcanza para comer. ¿Pensarán en ellos alguna vez quienes nos gobiernan? Los actuales digo. Los industriales, los trabajadores agropecuarios, los comerciantes, el ciudadano común la pelea. Les cuesta, resignan cosas, pierden calidad de vida, pero la pelean. Impactada por ese contacto tan cercano con su realidad, las de estas familias, pienso de qué forma la pelean quienes no tienen ni idea de cómo les afectan los nuevos acuerdos con el FMI, la inflación, la falta de protección al mercado interno y tampoco pueden planificar una salida, porque mucho más no pueden perder y aún así se los puede ver luchando por no caer al vacío.

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