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Un compromiso con el malambo

Danzas: El entrerriano que representará a la provincia en el 48º Festival Nacional de Malambo de Laborde. Nicolás Ellemberger se dedica a la danza tradicional desde hace ocho años. Ahora llegó el desafío más grande

Lunes 10 de Noviembre de 2014

Luciana Actis / De la Redacción de UNO
lactis@uno.com.ar

 

 

 

 

Nicolás Ellemberger se dedica a la danza tradicional desde hace ocho años. Ahora llegó el desafío más grande
El malambo no es un baile para cualquiera. Esta danza –una de las más antiguas danzas criollas– requiere destreza, conocimiento, y actitud. El paranaense Nicolás Ellemberger,  a pesar de su juventud, reúne esos requisitos. Tras ocho años de preparación en esta especialidad, llegó el momento de encarar su máximo desafío a puro zapateo.
En octubre se hizo el preselectivo del 48º Festival Nacional de Malambo de Laborde, Córdoba, y Nicolás ganó en la categoría mayor, que es la que presenta a los aspirantes a campeón nacional. El festival se desarrollará del 6 al 11 de enero de 2015.
“Uno lo ve y parece sencillo, pero preparar un malambo para una competencia del nivel de Laborde lleva años. Uno puede preparar un malambo durante un año y medio, pero después tiene que afianzarlo, y ese malambo tiene que crecer a medida que uno va creciendo y madurando como persona.
El malambo lleva un tiempo extra de dedicación, en entrenamiento físico, alimentación específica”, explicó a Escenario.
Se trata de una danza que originalmente hacían solamente los hombres –actualmente, existen grupos de malambo femenino–, y consiste en hacer mudanzas, una combinación de movimientos y distintos zapateos. Todo el acompañamiento del zapateo debe caber en ocho compases musicales.
Cada mudanza es de creación propia, con un sonido distinto, no hay una estructura que respetar, como en otras danzas. Hay dos estilos de malambo, y Nicolás deberá desplegar ambos en Laborde si quiere aspirar a ser el  campeón: el norteño, que es el más moderno, y que comúnmente se baila con bota fuerte y bombacha; y el sureño, que es el estilo en que se usa bota de potro, calzoncillo cribado, chiripá, y es el malambo más antiguo.
“Ninguno de los dos tiene que nada que ver con el malambo estilizado, que tiene boleadoras, piruetas de ballet y hasta acrobacias con fuego. En el malambo tradicional, uno trabaja una estructura para que no sea algo monótono, porque sino es puro ritmo y golpe. Pero no puede haber efectismos, ni giros de danzas clásicas u otro tipo, porque se saldría de la línea”, precisó Nicolás, y añadió que el malambo sureño requiere un particular compromiso: “Al llevar gran parte del pie descalzo, uno siempre se lleva unas astillas de regalo, los nudillos quemados por arrastrarlos, los pies sangrando. No te das cuenta en el momento, por la adrenalina. Además, es lo más difícil de interpretar, porque al no haber golpe, hay que expresarse bien con los movimientos del cuerpo”.
Originalmente, el malambo era un contrapunto, un desafío. Un gaucho hacía una mudanza, y el otro tenía que responderle con una mejor. Y así todo el tiempo. Y el que más tiempo aguantaba, ganaba.
“El malambo también implica un desafío con uno mismo, por ejemplo hay que hacer lo mismo, simétricamente con ambos pies. Y uno no tiene la misma destreza en ambos pies y ambas manos. Entonces esto implica mucha preparación y control”, continuó.
Por último, se refirió a los estilos según cada provincia, y dejó una expresión de deseo: “El cordobés es mucho más pícaro que el pampeano al zapatear. El santiagueño es mucho más bailarín. Y Entre Ríos está en vías de construir su estilo, porque en los 47 años del festival de Laborde, nuestra provincia nunca sacó un campeón. Y estamos en vías de abrir ese camino para los más jóvenes”.

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