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Orgullosamente lgbt+

En el mes del orgullo lgbt+, algunas consideraciones sobre la visibilización de las disidencias en los medios y el pinkwashing que realizan algunas marcas

Viernes 25 de Junio de 2021

La semana pasada pedí un coche de Uber a través de la aplicación. La línea que marcaba el recorrido del auto, que siempre es azul, me apareció pintada con diversos colores. Claro, estamos en el mes del orgullo y las grandes marcas los saben. Desde hace varios años muchas empresas incorporaron en su calendario anual de marketing el mes de junio para lanzar publicidades renovadas y multicolores con sus productos. En la mayoría de los casos solamente se trata de pinkwashing, estrategia utilizada para promocionar un producto o una persona a través de posicionarse como simpatizante de la lucha lgbt+.

El mes del orgullo gira en torno al 28 de junio en conmemoración de los disturbios de 1969 en el pub Stonewall, donde se alzaron las manifestaciones espontáneas de la comunidad lgbt+ alrededor de este local neoyorquino luego de una redada policial cargada de la violencia habituales y habilitadas en esa época. Fue la gota que rebalsó el vaso y que dio inicio a marchas, manifestaciones y lucha en pro de la igualdad.

En nuestro país existe el Día del Activismo por la Diversidad Sexual el 20 de agosto en conmemoración de la muerte de Carlos Jáuregui, primer presidente de la Comunidad Homosexual Argentina, fundada en 1984 y quien encabezó el 28 de junio de 1992 la primera marcha del orgullo gay lésbico en Buenos Aires. La mayoría de quienes marcharon lo hicieron con máscaras ya que temían perder su trabajo. A partir de 1997 la marcha comienza a realizarse el primer sábado de noviembre ya que, por un lado, el mes de junio es primaveral para los estadounidenses mientras que para nosotros el frío es sinónimo de enfermedades, y por el otro, se eligió recordar la creación del Grupo Nuestro Mundo, el primer intento de organización homosexual en Argentina en 1967. Fue Jáuregui quien militó por años, mediática y legalmente, por la visibilidad y derechos de las disidencias, en un proceso que comenzó terminada la dictadura cívico-eclesiástica-militar y que atravesó los años de estigmatización de la comunidad homosexual ocasionado por el SIDA.

El puto inolvidable (2016) es un documental argentino que relata la vida de Jáuregui como parte de una serie de películas basadas en las vidas de grandes activistas de las últimas décadas a nivel mundial. En esa línea son recomendables los documentales La muerte y la vida de Marsha P. Johnson (2017) que recorre la vida de esta mujer trans, activista neoyorquina en los tiempos de Stonewall, asesinada en 1992; El odioso Peter Tatchel (2020) que se detiene en la militancia política y controversial de este activista británico que continúa actualmente realizando denuncias en países donde los derechos lgbt+ son vulnerados. Milk (2008) es un film de ficción que fue nominado al Oscar, basado en la vida de Harvey Milk, activista de San Francisco que fue el primer gay en tener un cargo público en Estados Unidos.

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En junio, la comunidad lgbt+ celebra el mes del orgullo a nivel internacional.

En junio, la comunidad lgbt+ celebra el mes del orgullo a nivel internacional.

Entre los estrenos de las últimas semanas podemos considerar la película El baile de los 41, que narra la discriminación hacia los homosexuales en el México de 1901; el film posee una belleza estética que la obliga a dejar de lado el verdadero y atroz desenlace de la historia real. Otra narrativa reciente es la miniserie británica It’s a sin (2021), que se detiene en las estigmatizaciones de la comunidad homosexual en la década de los 80 en la época de la aparición del SIDA, con leyes que vejaron sus derechos. El mismo período histórico está representado en la serie Pose, que hace unas semanas emitió su último capítulo después de tres temporadas exitosas, desarrollando además el mundo de los “ball rooms” y las “casas”, pequeñas comunidades, familias elegidas y ensambladas con personas que fueron echadas de su hogar biológico por su condición sexual o de género. Ese universo está retratado claramente en el documental clásico Paris is Burning (1990) constantemente referenciado en Ru Paul’s Drag Race que este año emitió su 13ª temporada como espectáculo de entretenimiento y competencia entre drag queens pero también como espacio de igualdad por los derechos lgbt+. Recuerdo uno de los episodios en que explicaron cómo la frase “¿sos amigo de Dorothy?” era una manera en Estados Unidos de preguntarle a alguien si era gay sin terminar preso.

Estas representaciones culturales comenzaron a multiplicarse con fuerza en el siglo XXI y nuestro país no fue la excepción. Recordemos a los gays famosos que salieron del closet en 2000-2001 y que fueron tapa de revista solamente por eso: Juan Castro, Fernando Peña, Julio Boca. Las trans que ocuparon la pantalla grande como Cris Miró y luego Florencia de la V que llegó a protagonizar una serie en horario estelar, Los Roldán, donde su condición de trans no era lo central de su personaje sino uno más de sus elementos constitutivos. Pensemos también en las narrativas literarias, en la escritora trans Camila Sosa Villada que el año pasado ganó el premio internacional Sor Juana Inés de la Cruz con su novela Las malas.

El pasado 17 de mayo se festejó el Día Internacional contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia, en conmemoración de la fecha del año 1990 en la que la Organización Mundial de la Salud eliminó de su lista de enfermedades a la homosexualidad. Uno lo piensa desde el presente y esa realidad es entre cómica e indignante: hace 31 años las personas lgbt+ éramos consideradas enfermas mentales. Hoy en día se está remplazando la terminación -fobia (miedo a) por -odio, ya que, como ha sintetizado magistralmente el actor Morgan Freeman: “Detesto la palabra homofobia. No es una fobia. Vos no estás asustado. Vos sos un imbécil.”

Este mes el orgullo se contrapone al odio. Estamos en un mundo donde 71 países criminalizan la actividad sexual privada y consensuada entre personas del mismo sexo; todas estas jurisdicciones consideran un delito la intimidad entre hombres y 43, las relaciones entre mujeres; 11 países imponen pena de muerte; 15 criminalizan la expresión o identidad trans. En Argentina se han conseguido a través de luchas que llevaron décadas, leyes como la del Matrimonio Igualitario (2010) y la festejada y fresquita de Cupo Laboral Trans, por la que tanto lucharon activistas como Diana Sacayán y Lohana Berkins, entre tantas, para conquistar un derecho para la comunidad más vulnerada: la esperanza de vida de la comunidad trans en Argentina es de 41 años. Convivimos con realidades como la de no saber dónde está Tehuel De la Torre, joven trans desaparecido desde el 11 de marzo, mientras hace un par de semanas en Salta encontraron los restos de Santiago Cancino, otro joven trans desaparecido pero hace cuatro años.

Existe ese doble camino que sin dudas ayuda a un proceso que permite ir avanzando hacia la igualdad: por un lado lo legislativo que amplía y garantiza derechos; por otro el universo de las representaciones sociales que permite la llegada a un público que desconoce la vulneración de los derechos de las personas lgbt+. El simple hecho de aparecer en un programa de radio o televisión sin tener que esconder quién unx es, es una conquista insuperable y al mismo tiempo es parte de un camino que es lento y en el que hay que ayudar a los demás. A raíz de publicaciones similares a esta que usted está leyendo o de posteos en redes sociales a mí me han escrito adolescentes buscando ayuda o consejo ante una situación de vulnerabilidad ante su familia o sus pares. Para eso sirve el orgullo: para recordar lo perdido pero también lo conquistado, para consensuar cuáles son las nuevas luchas y para ayudar a quien lo necesite.

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