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Chamamé: Padularrosa Romero y Terruñeros

El conjunto musical de Victoria fue distinguido con una mención especial en el marco de la edición 2020 de los Premios Escenario por su chamamé.

Sábado 09 de Enero de 2021

Oriundo de Victoria, el Conjunto Padularrosa Romero y Terruñeros ha sabido llevar la bandera entrerriana por diversos festivales chamameceros del país. A fines de 2020 el grupo celebró 10 años y fue uno de los conjuntos que obtuvo menciones en los Premios Escenario, que en su última edición decidió otorgar sólo dos estatuillas –el Proscenio y el Premio Escenario a la Trayectoria– debido a que la pandemia redujo considerablemente la actividad artística.

Sin embargo, este grupo encabezado por Joaquín Padularrosa y Marcelo Romero, junto a José Manuel Romero, Facundo Romero e Iván Oviedo se las ingenió para seguir actuando de manera virtual y produciendo su nuevo disco, que están grabando en Rosario y será editado en los próximos meses.

“A los 10 años del grupo los festejamos de manera virtual, pero no es lo mismo tocar para cuatro cámaras que interactuar con el público. Pero nos fue bien, mucha gente compró la entrada para ver nuestro streaming”, celebró Padularrosa, en diálogo con Escenario.

El conjunto ha sido premiado en la Fiesta Nacional del Chamamé de Corrientes y ha sido distinguido en varios festivales, incluyendo el de Federal. Su música se destaca por abrevar en las raíces del género y estudiar la vasta cultura chamamecera.

“El chamamé tiene muchas vertientes, distintas maneras de interpretarlohay cuatro fundamentales que son las líneas más clásicas que son las de Tarragó Ros, Isaco Abitbol, Tránsito Cocomarola y Ernesto Montiel. Los cuatro son instrumentistas, y de ellos se desprenden estilos intermedios, algunos que van haciendo escuela y van marcando nuevos caminos. Después viene la parte de las letras, que es posterior a la música: antes se trabajaba mucho lo que se denominaba el compuesto, que era el desarrollo en verso y el estribillo iba al final; y después se empezó a usar el formato actual, que son dos estrofas, el estribillo, una estrofa y el estribillo. La importancia del género es que puede describir un camino, cantarle al amor, hacer una denuncia social, relatar un suceso, cualquiera sea la realidad, el chamamé la puede contar”.

—Es importante, más allá de la interpretación, saber lo que se interpreta.

—Respiramos chamamé, nos gusta estudiarlo, debatimos entre nosotros cuando encontramos una obra y vamos viendo cómo y por qué se hizo, el contexto. Lo que nosotros decidimos hacer un repertorio rítmico, pero con letras interesantes de escuchar, nos pueden apreciar desde una bailanta a un teatro. En los últimos años hemos podido trabajar mucho nuestras composiciones propias, de hecho el disco que estamos por sacar este año estará íntegramente conformado por temas propios.

—También es destacable el hecho de seguir aportando al cancionero para que el género no quede congelado en el tiempo.

—El chamamé tenía cierta deuda, los temas que se transformaron en clásicos se han tocado y retocado mucho. Creo que gracias a la tecnología, en los últimos años uno ya no necesita que el director de un programa de radio o de un medio decida qué va a hacer sonar de un disco, sino que gracias a los canales alternativos uno puede subir y hacer escuchar el tema por sus propios medios. Entonces se han ido conociendo canciones que antes no hubieran llegado a sonar, yo me imagino que antes, a quien conducía un programa de radio le llegaba un disco de algún conjunto nuevo, leía el contenido del disco y al elegir qué compartir con la gente elegía lo que ya conocía, un Cocomarola o un Tarragó, no le daba importancia a la faz autoral de los nuevos compositores. E internet ha democratizado un poco eso.

—¿Cómo nació su amor por el chamamé?

—Padularrosa: en casa se escuchaba música, a mi mamá le gustaba el chamamé y mi papá era más afin al tango. Pero tuve la suerte de criarme frente al Club Sportivo Victoria, donde se hacía el Festival del Chamamé y el Tango. Siendo un chico de 6 años tuve la posibilidad de vivir esa magia de una manera cercana, de estar desde la tarde cuando se regaba el tierral que era la cancha, sobre la que luego se colocarían sillas plegables de madera, cuando venían los sonidistas que acomodaban las pocas bocinas que tenían. A mí me llamaba la atención esa magia que podía generar alguien desde un escenario. Sin siquiera tocar a nadie, con la música cambiaban el aire, le pegaban un empujón imaginario a la gente para que salga a bailar, o hacían brotar un sapucay de otros, o despertaban la nostalgia en algunos. en ese entonces, nunca imaginé que yo estaría sobre un escenario, recién a los 22 o 23 subí a un escenario y casi de casualidad. Pero el gusto por el chamamé vino gracias al festival.

—Romero: Mi viejo es correntino, y era amante del chamamé. Y los abuelos de mi madre eran músicos chamameceros, pero a mí la música me llegó a la cuna por otro camino. Cuenta mi papá que cuando yo nací no podía dormir, lo único que me calmaba era un programa de chamamé de LT 14, que duraba una hora. Cuando terminaba, yo empezaba a llorar otra vez. Y así todos los días. Hasta que mi papá compró un radiograbador, grabó un programa y lo pasaba todo el tiempo para que yo no llorara. Tal es así que hoy me duermo escuchando chamamé, lo escucho todo el día en mis auriculares, soy parte del chamamé y mi forma de vida es chamamecera.

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