Las actividades al aire libre y en contacto con la naturaleza se trasformaron en un fuerte atractivo para quienes visitan la provincia. En este marco, las propuestas de turismo rural en Entre Ríos cobran mayor impulso, sobre todo en la costa del Uruguay, donde supieron adaptarse a las nuevas exigencias que trajo la pandemia y ofrecen una amplia gama de posibilidades para quienes prefieren este tipo de espacios para el descanso durante un día, un fin de semana largo, o algún tiempo más prolongado durante las vacaciones.
El turismo rural cobró un fuerte impulso en pandemia
Por Vanesa Erbes
Gentileza Establecimiento La Angélica
Turismo rural, una opción que es cada vez más elegida.
Sobre este producto, que crece y capta cada vez más adeptos, Leonardo Schey, presidente de la Cámara Entrerriana de Turismo (CET), comentó a UNO: “El principal desarrollo de turismo rural se da hoy en la costa del Uruguay, aunque en el corredor centro le están dando mucha importancia e incorporando propuestas, sobre todo en la zona de Federal, Villa Domínguez, en Gualeguay también se quiere hacer algo”.
“Desde la CET acompañamos el fuerte desarrollo que está teniendo el turismo rural y de naturaleza, que llegó para quedarse. La pandemia nos dejó esta opción como saldo positivo. En la provincia el principal atractor es el termalismo y hoy no dejó de serlo, pero teniendo un montón de ofertas más, como este tipo de turismo de naturaleza”, agregó.
A su vez, destacó que la cercanía con Buenos Aires es una ventaja. “Estamos a un termo de mate de la provincia de Buenos Aires y la gente del principal centro emisor que tenemos llega en poco tiempo para disfrutar de los verdes que ofrece Entre Ríos, así que estamos muy contentos y apostamos a este desarrollo. Creemos que tenemos mucho para crecer y debemos incursionar en esta materia, porque lo que se viene de acá a futuro es todo lo que es al aire libre. En este sentido, se incluyen los eventos culturales en estos ámbitos, avistaje de aves, senderismo, muestras de la producción que hay en la región y demás”.
Uno de los lugares que ofrece esta opción es el establecimiento La Angélica, en Concordia. Fue una estancia de propiedad de Justo José de Urquiza y los descendientes de la familia que la adquirió hace 121 años hoy la destinaron para el turismo rural. Situado a unos 3 kilómetros de las termas y de la represa de Santo Grande, ofrece las comodidades de un hotel de categoría y numerosas actividades para que los visitantes estén a gusto.
Martín Campopiano es uno de sus referentes y contó a UNO que desde mediados de diciembre hasta marzo ya tienen un 85% de reservas. Rescatando su riqueza histórica mencionó que allí funcionó el primer tambo de la región, con “cría de ganado con la mejor genética” y la primera fábrica de yogurt de la zona. “Luego de quebrar en la década del 70, mi señora, que es de la cuarta generación, heredó un sector de este lugar y empezamos el proyecto de recuperar parte de las instalaciones para ofrecer hospedaje en casas de campo. Luego fuimos creciendo en otro tipo de servicios, como senderismo, observación de aves, talleres temáticos para niños y adultos, cabalgatas. Fuimos avanzando sobre experiencias y esa recuperación histórica nos hizo rescatar la fórmula original del yogurt que se fabricaba acá, que es emblemático para nosotros y para la ciudad. Hace un año y medio lo estamos elaborando y lo compartimos con los huéspedes que pasan un día de campo o los que se hospedan, y lo comercializamos en algunos hoteles también”, comentó con orgullo.
A su vez, subrayó: “Estamos creciendo, ofreciendo días de campo que constan de almuerzos, meriendas, cenas, con actividades que vamos planificando según el cronograma que tengamos. Después tenemos hospedajes en casas de campo para quien quiera alojarse, espacio para eventos al aire libre, y también visitas educativas”.
Según contó, reciben a viajeros de todo el país interesados en conocer y disfrutar de esta opción; y anteriormente, cuando era factible, del extranjero. También, desde la pandemia, registran una fuerte expansión de público local que elige esta alternativa de paseo.
Declarado reserva natural, el establecimiento propone experiencias vinculadas a la conservación, la educación ambiental, la recuperación del paisaje, y el rescate de lo palmares. “Tenemos un palmar y trabajamos fuerte en la recuperación de lo que era el antiguo palmar de Concordia. Con senderos establecidos, la gente puede venir a conocer todas esas bondades que tiene la flora y la fauna nativa, y hacemos también taller de artesanías con palmeras yatay u otros elementos de la naturaleza”, refirió.
Por otra parte, remarcó: “Estamos viendo cómo el turismo cambió tanto y hay más gente que está eligiendo este tipo de experiencia en espacios al aire libre. A nivel microrregión, en Concordia y los alrededores pueden encontrar espacios de recuperación de lo que son antiguos viñedos entrerrianos, bodegas que están trabajando también sobre algunas visitas históricas, con algunos eventos puntuales como algunas catas de vino y demás. Está además la parte productiva, donde la gente puede visitar campos de arándanos, o cultivos cítricos o de nuez pecán. Y puede hacer recorridas orientadas a productos con valor agregado, como mermeladas, por ejemplo”.
Graciela Taylor es una de las productoras que abrió las puertas de su quinta, a 22 kilómetros de Concordia, para recibir este tipo de visitas. Su espacio se llama El Viejo Roble, y desde hace cuatro años llega gente de todo el país para conocer cómo se produce el arándanos, las naranjas u otros citrus, las nueces pecán y otros cultivos. “Son visitas guiadas con preferencia de contingentes con reserva previa. Vienen contingentes y muchos escolares, desde el nivel primario al universitario”, contó a UNO.
También explicó: “Mi local es una quinta productiva que abre las puertas para explicar de qué se trata esta proceso. Nos gusta mostrar, con respeto hacia la naturaleza y valorándola, por qué podemos producir en esta zona estos cultivos. Tenemos básicamente la parte más fuerte, que son cinco hectáreas de arándanos orgánicos con certificación para exportar y se destinan a Europa y Estados Unidos 60.000 kilos anuales; hay 22 hectáreas con citrus, un híbrido entre salsamora y frambuesa, y nueces pecán. Y tengo diversas variedades de durazno, ciruelas, higos, membrillos, peras. A la gente le gusta mucho esta propuesta”, destacó, sobre las posibilidades de poder compartir lo que es típico de una región y que cada vez despierta mayor interés.














