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El día que a la cárcel de Paraná llegó la "justicia social"

El gobernador Uranga apoyó a un peronista para que "revolucionara" la cárcel. Impulsó, entre 1958 y 1962, talleres y acciones que fueron vistos por Israel

Miércoles 21 de Abril de 2021

El mandato constitucional es muy claro, las cárceles deben ser sanas y limpias y deben ser el lugar para resocializar a las personas. Y en estos tiempos, tal orden de la ley, muchas veces no se cumple. Al menos en la cárcel de Paraná, hay una buena historia para contar.

Hablar de los presos, es hablar de personas que cometen delitos, pero que tienen derechos. Y remontándonos en el tiempo, cuesta encontrar a gobiernos que hayan hecho algo por los reclusos.

Hoy vamos a conocer la historia de una persona que intentó llevar la justicia social, los derechos humanos, el trabajo y una nueva oportunidad a los privados de libertad.

Ese proceso se dio en la gestión de Raúl Uranga, el gobernador que es reconocido por sus valores, obras y proyectos desarrollistas en la región.

Uranga gobernó Entre Ríos entre 1958 y 1962, y decidió que un peronista “de Perón”, fuera el director del Servicio Penitenciario provincial.

Fue designado Luis Bernardino Alberto. El exintendente de Paraná, exinterventor de Colón y Basavilbaso y taquígrafo, era un ferviente defensor de la doctrina peronista y en Entre Ríos, acompañó al gobernador Héctor Domingo Maya.

Uranga, en su amplia visión, entendió que Alberto podría “revolucionar” la cárcel de Paraná, y así fue. Alberto nació en 1918 y cuenta la historia que falleció en Paraná en 1993.

Estuvo cuatro años al frente de las penitenciarias en la provincia, y la verdad es que dejó su impronta en su paso por el lugar.

La justicia social

Entre 1958 y 1962, hubo un proceso jamás visto en la cárcel de Paraná. Por decisión del gobernador y de Alberto, se la convirtió en cárcel Modelo.

Los hijos de Alberto dialogaron con UNO, para recordar lo que ellos vivieron en su infancia y adolescencia.

Lucio Alberto y Rudecindo Alberto contaron anécdotas, historias y no ocultaron su orgullo por la gestión de su padre al frente del Servicio Penitenciario.

Hicieron notar que apenas lo designaron director, fue hasta la cárcel de Paraná y pidió hablar con la población penal. “Pidió a la guardia que no fueran con él. Y habló uno por uno con cada preso, para contarle sus ideas y qué quería que pasara con los reos”, alertó Alberto.

Se ve que el nuevo director, no solo que se la bancaba en el mano a mano, sino que imponía autoridad.

Allí les adelantó que construiría talleres para dignificar su paso por la cárcel, para que aprendieran un oficio, y al mismo tiempo pudieran ganar un dinero.

Derechos humanos

Impartió precisas órdenes a los penitenciarios de terminar con los apremios ilegales, los tormentos y castigos. Algo que en esos tiempos en las cárceles de la Argentina eran moneda corriente.

Es más, los penales del país eran verdaderos depósitos de personas.

Alberto juntó una vez más a los presos y penitenciarios y, en el patio central, ordenó amontonar todos los instrumentos utilizados para castigo y sometimiento de las personas. “Dijo que desde ese momento, los detenidos tenían derechos, no podían ser torturados, y los elementos de castigo fueron quemados ahí mismo”, hizo saber Rudecindo.

“Nuestro padre autorizó la colocación de televisores en los pabellones, como otras comodidades para los presos”, relató Lucio para detallar: “Alberto creía, como peronista, en la Justicia Social, y de allí es que era un loco de darle a las personas privadas de la libertad herramientas para que pudieran crecer”.

Esplendor

Fueron tiempos de trabajos, refacciones, construcciones e inauguraciones. Era habitual que esos meses, se los viera muy seguido en la cárcel de Paraná, a Alberto y ni hablar al gobernador Uranga, que apostaba a desarrollar un sistema de producción interno que pudiera permitir alimentar a distintos sectores del Estado y la comunidad.

Fue así que se crearon la panadería, la granja, los talleres de carpintería, talabartería, premoldeados de bloques y un taller mecánico.

De esa manera, parte de la producción de la granja era para la cocina de la cárcel, como también para hospitales e institutos de niños y ancianos.

El proyecto se hizo realidad y se logró al mismo tiempo que la gran mayoría de los privados de la libertad tuvieran un trabajo y un oficio.

“Eso antes no ocurría, y los presos comenzaron a sentir el gusto de estar mucho mejor que en las otras gestiones”, reseñó Lucio, para marcar: “No hubo en esos años problemas con los presos. No hubo fugas o situaciones graves”.

En el “proceso revolucionario”, como le gusta decir a los familiares de Alberto, se construyeron casas de fin de semana, donde los reos podían pasar varias horas con sus parejas, esposas, hijos y el resto de la familia.

Resistentes al tiempo

En la casa de Alberto, aún se encuentran muebles de todo tipo y otros elementos que fueron construidos en la cárcel de Paraná.

El despacho del exdirector del Servicio Penitenciario cuenta con sillones, sillas, un escritorio y vitrinas confeccionadas en la carpintería de la Modelo.

“No se les nota el paso del tiempo, y esto habla de la calidad de la madera, como de la habilidad de los internos que trabajaban en ese taller”, destacó Rudecindo.

Los hermanos Alberto, hoy cuentan con 74 y 75 años, y tienen aún colgados en la pared un par de remos. “Esos fueron hechos en la cárcel, junto con canoas que eran portentosas”, hizo notar Lucio.

La orden del gobernador y de Alberto, era que las embarcaciones debían ser entregadas gratis a pescadores de Paraná, para que pudieran realizar sus tareas en el río.

Palabra de honor Alberto había impuesto un código a los presos, manejarse con la palabra y la responsabilidad. De esa manera se podrían realizar una serie de

actividades sociales y familiares, pero sin tener que formar parte del sistema rígido de la cárcel.

El funcionario de Uranga creó los denominados “días de fiesta”, donde a la penitenciaria asistían las familias a pasar el día, sin controles externos ni internos.

“Lo único que les pedía es que cumpliera con la palabra de honor, que no se fueran a escapar, y durante su gestión no hubo ni una fuga”, recordó Lucio. Eso sí, mencionó: “A un preso, que tenía el apodo de La Araña, porque antes de la llegada de papá se había escapado varias veces, mi viejo lo habló y le marcó la cancha, y así fue que no tuvo más problemas”.

“Recuerdo que un día se le dio el permiso para ir a visitar a un familiar, y se lo llevó en un auto oficial. El penitenciario se chupó en la casa, y Araña manejó a la vuelta, cumpliendo con los horarios dispuestos. Ahí demostró que quería cumplir con la palabra de honor”, valoró Alberto.

En esa línea, se organizaron partidos de fútbol entre presos y penitenciarios, e incluso detenidos de otros penales.

Modelo de exportación

La gestión de Uranga quedará en la memoria por las obras y proyectos de producción en favor de la provincia, pero lo que no se conocía es que el gobierno de Israel de

ese entonces había puesto la lupa sobre lo que ocurría en la cárcel de Paraná.

“En mi casa no fue un día más, ya que autoridades de Israel llegaron a Paraná a ver la cárcel, y querían saber cómo era la unidad modelo.

Les había llamado la atención lo que se hacía y los resultados altamente positivos”, mencionó Lucio.

“Recuerdo que esa gente habló con mi padre y le contaron que tenían intenciones de hacer algo parecido en Israel, y emprender un modelo de cárcel sin rejas”, informó.

La cárcel de Paraná llegó a contar en la granja con cría de vacunos, “incluso vacas y toros participaron de la exposición de Palermo y otras rurales”.

Alberto estuvo un buen tiempo en el Servicio Penitenciario, y muchas de sus obras aún son parte de la cara visible de la cárcel de Paraná, tal es el caso del arco de ingreso, los pabellones generales o espacios de disfrute de internos con sus familias.

Alberto solía decir a sus hijos, como “buen peronista de Perón”: “A los privados de la libertad los invité a buscar en su fibra más íntima los valores más nobles del ser humano. Esas personas tenían todo el derecho de tener una nueva oportunidad para ser persona en la comunidad”.

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