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Cannabis: sopesan la "tolerancia social" en una condena

El sentenciado cultivaba cannabis y almacenaba 2,6 kilos de cogollos y hojas, pero no se probó que era para consumo ni para vender. Recibió pena condicional

Domingo 18 de Abril de 2021

En un allanamiento donde la Policía buscaba un celular robado, encontraron más de dos kilos y medio de cogollos de marihuana en una vivienda de San Benito. El muchacho que fue detenido en aquel procedimiento el 12 de mayo del año pasado, fue juzgado y recibió una condena de prisión condicional por “tenencia simple de estupefacientes”. En el fallo de la jueza del Tribunal Oral Federal de Paraná, Noemí Berros, se tuvo en cuenta, entre otros aspectos, “la mayor tolerancia social” que existe en torno al cultivo de cannabis sativa con fines recreativos y medicinales.

El acusado, un albañil y pintor de 32 años, estuvo hasta la semana pasada alojado en la Unidad Penal N° 1, y tras la sentencia de dos años y medio de prisión condicional.

La causa se orinigó por una denuncia de robo de un celular en Paraná y el señalamiento del hombre de San Benito como quien lo estaba ofreciendo a la venta. Por esto, la Justicia provincial autorizó el allanamiento que fue llevado adelante por el personal de la División Robos y Hurtos. Tras ingresar al domicilio, encontraron 36 frascos de vidrio en distintas partes de la casa que contenían cogollos de la especie cannabis sativa, un recipiente plástico, una caja de cartón y dos recipientes de metal con más flores del mismo vegetal, ramas y hojas de la planta de marihuana, 12 plantas de esa misma especie en el pasillo, recortes de nailon y 21.130 pesos en efectivo.

La Dirección de Toxicología pesó todos los elementos, que en total sumaron 24,1 kilos, y la pericia arrojó que el material tenía una concentración promedio de THC que permitiría la extracción de un total de 52.334 dosis umbrales.

El detenido fue procesado por almacenamiento de estupefacientes y quedó con prisión preventiva. En el juicio declararon testigos civiles y policías, y al momento de los alegatos el fiscal general, José Ignacio Candioti, destacó los testimonios de los policías que intervinieron en el allanamiento, quienes detallaron el hallazgo.

Resaltó que todos ellos habían referido a la gran cantidad de frascos y de cogollos secuestrados y que un efectivo de Toxicología aportó que, a su criterio, se trataba de una cantidad tan elevada que impedía inferir que fuera para consumo personal. En este sentido, el especialista dijo que el precio en el mercado de 100 gramos de cogollos asciende a unos 35.000 pesos. Y el fiscal refirió que el perito dela Gendarmería Nacional explicitó que la flortiene la mayor cantidad de THC, que un “porro” puede contener dos dosis umbrales y que el material secuestrado alcanzaba para 50.000 dosis.

Candioti analizó los distintos aspectos del caso, y sostuvo que se trata de una tenencia agravada.

A su vez, tuvo en cuenta que no se han probado indicadores que habiliten a vincular dicho estupefaciente al tráfico. Mencionó que no pesaba sobre el imputado ningún estado de sospecha, no había ninguna denuncia anónima, no existieron tareas de vigilancia que lo sindicaran en alguna tarea de comercialización, ni escuchas. Tampoco se secuestraron celulares ni pudo verificarse la existencia de mensajes de texto indicativos del referido comercio, detalló el fiscal.

En este sentido, agregó que al momento del procesamiento, el juez federal (Leandro Ríos) refirió expresamente que la actividad constatada no se hallaba vinculada al tráfico, pese a lo cual lo procesó por almacenamiento por la cantidad importante de estupefacientes.

Finalmente, Candioti acusó por el delito de tenencia simple de estupefacientes y solicitó una pena de tres años y cuatro meses de prisión.

A su turno, el defensor Claudio Berón expresó que durante el allanamiento se probó que los cogollos eran guardados por su deendido con cuidado, en lugares secos y oscuros, para garantizar la calidad de lo que consumía, no obstante lo cual la importante cantidad secuestrada aleja la posibilidad de calificar su comportamiento en la tenencia atenuada para consumo personal. En este punto, coincidió con el fiscal.

Dijo que los testigos que declararon en el juico fueron muy claros, como el amigo del imputado que explicó cómo consumían esos “super porros”. A su vez, Berón sostuvo que al momento del hecho el hombre estaba sin trabajo, que no tiene antecedentes penales, que colaboró con la fuerza policial en el allanamiento haciendo entrega de lo que tenía guardado. Por esto, concluyó pidiendo se le aplique a su defendido la pena mínima de la tenencia simple de estupefacientes.

Un experto

En la declaración indagatoria, el acusado dejó en claro que es un experto en la materia: fecha de siembra (septiembre) y de cosecha (abril), cuidados requeridos para el cultivo, técnica del doblado de la planta para que produzca más y cuidados que se deben brindar para el “buen curado” de los cogollos que se cosechan, consistente en el guardado en lugar oscuro y seco.

Contó que hace 12 años que fuma marihuana y que se hacía cargo de ello. Dijo que fuma unos 18 o 19 cigarrillos al día: un cigarrillo cada dos horas, antes o después de trabajar; que cultiva porque ir a comprar a una villa es peligroso y que, por eso, hace unos tres años comenzó a sembrar para consumir, junto a un grupo de amigos a quienes convida.

Detalló que obtiene las semillas comprando prensado de Paraguay a un vendedor del barrio, y relató que la tarea requiere sus cuidados para que salga el cultivo. Dijo, además, que aprendió a hacerlo por internet en un sitio que se llama “doctor sativa”, que es “un pelado” que enseña a cultivar. Destacó que aquella vez antes del allanamiento, era la tercera y su mejor cosecha.

Asimismo, justificó que el dinero que le secuestraron procedía de su último “laburo en el Club Atlético Estudiantes”, durante dos meses, y que por la pandemia ya no tenía mucho trabajo.

“Un replanteo”

En la resolución, la jueza Berros analizó toda la causa y cada testimonio que se escuchó en el debate, como la mujer que dijo que el detenido les mostró toda la marihuana que tenía en su casa. que la guardaba tenía en frascos y que “cuando la policía llegó lo encontró enfrascando lo último de la cosecha”. Refirió también esa testigo que habí dos plantas en tierra “que se hicieron como árboles”, ubicadas delante de la casa.

Refirió que el juez federal de instrucción consideró que tener 1,8 kilos de cogollos y 570 gramos de planta, de la especie cannabis sativa, configuraba el delito de almacenamiento. Aunque, al procesarlo, expresó que la conducta “no alcanza a abonar la hipótesis de que dicha guarda o almacenamiento lo sea con finalidad de comercialización”.

La cuestión pareció ser que la droga hallada no era ni “una magnitud significativa” ni tampoco “escasa cantidad”, por lo que la magistrada coincidió en que el acusado debía ser condenado por tenencia simple de estupefacientes.

Por otro lado, Berros valoró otra cuestión: “Sin ingresar en aspectos atinentes al uso medicinal del cannabis y los alcances de la ley Nº 27.350 y su decreto reglamentario Nº 883/2020 –por ser ajeno al caso-, tampoco es posible soslayar la mayor tolerancia social existente al respecto y que, en la actualidad, existe un replanteo sistemático y generalizado acerca del uso recreativo de la marihuana, que se halla legalizado en Canadá, Uruguay y 15 estados de Estados Unidos, y su posibilidad de legalización se está estudiando en otros países”.

Por todo esto, le impuso al hombre de San Benito la pena de dos años y meses de prisión condicional.

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