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La educación sexual integral, una oportunidad para la ternura

La especialista Liliana Maltz dice que la ESI es una instancia posible para tender puentes entre las escuelas y las familias

Domingo 01 de Diciembre de 2019

“Mi papá dice que no sabés nada porque vos decís que todos podemos jugar con todo, pero yo te quiero igual”, le dijo un nene a su maestra mientras la abrazaba en la sala de 5. Se refería a que en clases habían charlado que no había juguetes exclusivos de nenes o nenas. La anécdota es una de las que recoge Liliana Maltz en el libro Educación Sexual Integral (ESI). Una oportunidad para la ternura (Novedades Educativas), con reflexiones y propuestas concretas para abordar la ESI en el nivel Inicial. Pero Maltz –licenciada en Ciencias de la Educación y psicóloga social– no habla de “ternura” desde un lugar naif, sino como concepto político que pone el acento “en la necesidad de resistir la barbarización de los lazos sociales”, como lo entiende el psicoanalista Fernando Ulloa. “Creo que uno de los obstáculos más importantes para la implementación de la ESI, por lo menos en el nivel Inicial, tiene que ver con el vínculo y el miedo a las familias”, sostiene la especialista. Por eso afirma que la educación sexual integral, además de ser un derecho de los niños y niñas, es una oportunidad para tender puentes con madres y padres. En la introducción de su libro, Maltz afirma que la ESI es una oportunidad “para armar lazos y devenir comunidad por otros motivos que no sean los dictados por el mercado, que hoy pareciera ser el gran organizador de nuestras relaciones, el nuevo y gran agente de socialización”.

—Durante la anterior gestión nacional se sancionaron importantes leyes educativas ¿Cómo evaluás la aplicación de la ley de ESI?

—Tuvo un impulso muy importante bajo la gestión de (Alberto) Sileoni a la cabeza, con el programa de ESI de Nación que produjo materiales y capacitaciones en todas las provincias. Había una puesta en marcha y una política con presupuesto para que esto se implementara a nivel nacional. De todas maneras, había provincias que devolvían el material, por ejemplo Salta. Que después se les decía: “No, esto es ley, no es optativo”. Entonces, por un lado había muchos gestos traducidos en presupuestos que daban cuenta de que esto había que instalarlo. Hoy es mucho más dispar, el programa nacional de ESI está más que desfinanciado y las capacitaciones masivas a todas las provincias se han reducido. Y esto es un tema central. Pero también hay otra cuestión importante, que es trabajar las resistencias al interior de las escuelas respecto de la aplicación de la ESI, que implica una movida muy fuerte de toma de posición en relación a los derechos, a la sexualidad, a cómo pensamos los cuerpos o al otro que escapa a la norma. Y esto amerita espacios de reflexión, de capacitación y de preguntas que cada docente necesita hacerse para que esto tenga una real modificación en las y los docentes y también en las chicas y los chicos. Que sea obligatorio es necesario, pero no es suficiente.

—De hecho muchas veces queda a la buena voluntad de un docente o un buen equipo directivo, lo que deriva en experiencias muy disímiles en las escuelas.

—Tal cual, no es lo mismo cuando una supervisora o supervisor o el equipo directivo se pone esto al hombro que cuando queda de la mano de un docente sí y otro no. Por eso digo que el impulso que se le brinde desde el Ministerio de Educación es fundamental. Para que no queden los docentes solos con la responsabilidad de darlo o no.

—Estela de Carlotto decía que hablar de identidad y memoria, incluso desde el jardín, no solo es posible sino necesario ¿Lo mismo se puede decir de la ESI?

—Es necesario y obligatorio. Pero más allá de eso es también una oportunidad. Me gusta pensar la ESI como un derecho, una obligación y una oportunidad, en el sentido de poder revisar algunas cuestiones y algunos mandatos desde las edades más tempranas. ESI no es hablar de sexo, genitalidad o la charlita de Johnson & Johnson en sala de 4 y 5. No es enseñarle a masturbarse grupalmente, como algunos hicieron circular el año pasado en grupos de WhatsApp, sino que implica trabajar acercando al otro, respetando las diferencias, alojando a la diversidad sexogenérica, la diversidad de culturas y la diversidad de maneras de pensar. Aceptando al propio cuerpo por fuera de los modelos desde edades muy tempranas, porque desde muy pequeños las nenas y los nenes se sienten mal con su cuerpo porque no entran en esos parámetros. Esto es fundamental trabajarlo desde chiquito. O lo que, entre comillas, se dice que “corresponde” para una nena o un varón. Revisar y replantear relaciones de poder que estaban en las escuelas, pero ocultas.

—En ese terreno de las oportunidades, planteás en el libro el tender puentes de confianza con las familias.

—Creo que hoy uno de los obstáculos más importantes para la implementación de la ESI, por lo menos en el nivel Inicial, tiene que ver con el vínculo y el miedo a las familias. Estuve en una capacitación con docentes donde me decían que lo que les saca el sueño no es la planificación o la posibilidad de trabajar todos los ejes de la ESI, sino encontrarse con la familia que venga a decirles “yo no quiero que le des esto a mi nena”, o “hiciste homosexual a mi hijo”. Locuras que tienen que ver con años de patriarcado instalados y prejuicios que hay que trabajar. O una mamá o un papá que les dice “no quiero que le robes la inocencia” a mi hija o hijo. Palabras textuales. Como si los chicos vivieran en burbujas, cuando las redes les llegan a todas las familias y los chicos tienen mucha información a mano. Entonces, cuando vienen las familias a decir “no quiero que les roben la inocencia” ya se la robaron los medios hace rato. Desde la ESI se trabaja con la cuestión más cuidadosa, amorosa, no con lo que van a bajar del celular.

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—¿Qué otro episodio recordás que refleje estos temores iniciales de las y los docentes?

—Hay un tema ligado a la ESI que no toco en el libro pero que es muy fuerte, que es el miedo a tocar y a cambiar a las nenas y nenes. Cuando estaba dando clases de ESI y hablábamos de la importancia del cuerpo, del afecto y del abrazo, muchas docentes me decían: “Pero en mi jardín está prohibido, porque hay una resolución que prohíbe tocar y abrazarlos”. Y cuando les pedí que la traigan resultó que no existía. El miedo hacía pensar y casi afirmar que había una resolución por la cual no se los puede abrazar, cambiar o tocar. La ESI tiene que ver con la expresión de los afectos. No es solamente trabajar las mujeres importantes de la historia. Es muy loco abordar la importancia de los afectos en el cuerpo en un contexto donde no se los puede abrazar.

—También proponés trabajar la ESI por fuera de prevenir situaciones “desagradables”, como evitar que alguien los toque o prevenir embarazos adolescentes.

—Tal cual, porque así como está muy instalado que hablar de ESI es hablar de relaciones sexuales, está muy instalado que es para prevenir peligros, como embarazos no deseados o enfermedades. Y en los chiquitos, que nadie te toque. Y nos queda una pata central, que es hablar del placer, del disfrute, de todas las cosas buenas que uno puede hacer con su propio cuerpo y con el del otro. Disfrutar de la vida y de los vínculos. No hablo solo de disfrutar en relación a lo erótico y genital, sino que el cuerpo es también un espacio para hacer cosas que nos hacen bien, no solo para advertir peligros. Eso está muy instalado. Incluso a todas las mamás y papás nos resulta más fácil hablar con nuestros hijos con el dedito diciéndoles “cuidate” cuando van a salir, antes que preguntarles: “¿La pasaste bien?”. Nos sale más fácil la mirada y la perspectiva ligada a advertir peligros. Y está bueno darle una vuelta a eso.

—En los distintos ejes que involucran a la ESI profundizás la dimensión de la ternura ¿Cómo sería?

—Después de haberle puesto el título al libro, si tuviera que volver a escribirlo volvería a elegir este título y cada vez más convencida. Creo que el neoliberalismo ha debilitado y debilita terriblemente los lazos sociales. El otro es mi enemigo, el que me va a sacar el trabajo, me va a robar el celular. Es el que cercena mi posibilidad de vivir la vida y de gozar y consumir. Y creo que la ternura es una apuesta política. Como dice Fernando Ulloa, es volver a poner el valor en los lazos sociales frente a la barbarización de la destrucción de los lazos. Me parece fundamental trabajar en relación a la empatía. El entender que a vos no te pasa lo mismo que a mí, pero eso no significa que yo no pueda trabajar con vos y no pueda ayudarte, aunque pensemos diferente. Hay uno de los ejes de la ESI que es valorar la afectividad, que estoy convencida que ayuda un montón para poder consolidar lazos que tienen que ver con la empatía, con el ponerme en el lugar del otro en tanto otro, no como yo quiero que sea. Incluso Rita Segato, cuando habla de femicidio, habla de la empatía y la crueldad como el afecto que prima cuando alguien mata a algún otro. No solamente en relación a los femicidios, sino hacia los migrantes o diferentes. Ella habla de la pedagogía de la crueldad.

—¿Cómo habilitar en la ESI ese espacio de la ternura?

—Hay que habilitar el espacio, conectarnos con los otros diferentes, poder ayudarnos y trabajar juntos. Uno se amucha cada vez más con los que piensan parecido. Y la ternura tiene que ver con alojar al otro en toda su diferencia. Y hay otro eje de la ESI que es valorar la diversidad sexual desde la perspectiva integral, desde la diversidad de culturas y de maneras de pensar.

—¿Qué te pasa con la frase ‘con mis hijos no te metas’?

—(suspira) A ver, por un lado creo que hoy estamos bajo otro paradigma, que es que la niñez, los niños y las niñas, son sujetos de Derecho, no son sujetos de tutela. Entonces, en tanto sujetos de Derecho tienen el derecho a recibir educación sexual integral. No puede quedar librado a que una familia quiera o no quiera que su hijo reciba un contenido que es curricular y obligatorio. En todo caso, la escuela no va a obligar a nadie a pensar, hacer o decir lo no desee. Y la ESI no se trata de decirle al otro cómo tiene que vivir la vida. Ni invadir la intimidad con la excusa de dar ESI. Lo que hace la escuela es alojar lo que las chicas y chicos traen. O lo que ellos muestran. No vamos a forzar a nadie. Entonces, cuando dicen “con mis hijos no te metás”, parten de un presupuesto que es forzar, obligar, presionar y transformar valores. Y la verdad que no tiene nada que ver con eso, tiene que ver con una cuestión mucho más de la mano de la democracia. En todo caso, quienes lo plantean desde ese lugar sesgado no tienen una postura democrática. Nadie va a imponer que se piense diferente a lo que quiere pensar desde la ESI. Me parece que ahí hay una distorsión que no es ingenua y que uno tiene todo el tiempo que explicarle a las familias de qué se trata.

—¿Qué rebotes has tenido desde los chicos sobre la ESI?

—Hay desarrollos desiguales. Pero en general las nenas, nenes y las y los adolescentes tienen muchísima más apertura. Uno dice: “¿Cómo le explico que hay dos papás?”. Pero ellos viven con eso. Es como con el celular, lo tienen incorporado. “Y... porque se quieren”, te dicen. Lo tienen muy naturalizado y me parece maravilloso. Yo he aprendido muchísimo de mi hija y de mi hijo interpelándome en muchas cuestiones. Y esto le pasa a muchos docentes, que dicen: “La verdad que me quedo pensando con lo que mi hija o hijo me va diciendo”. Porque vienen con otros planteos que me parecen interesantísimos escuchar.

—¿Entonces hay más temores del mundo adulto?

—Sí. Hay mucho más temor del mundo adulto, mientras ellos (los chicos) van conviviendo con la diversidad de parejas, con la diversidad de cuerpos. Forma parte de su hábitat.

—¿Qué le dirías a un padre o madre que está con estos temores?

—Buscaría un punto central común que tenemos y que es fundamental. Y que es que queremos que las niñas y niños sean felices. No solo individualmente, sino que sean felices y solidarios. Y empáticos con los otros que no piensan y sienten igual que él. Que sean felices con sus propios cuerpos y sus decisiones, que puedan pelear por lo que quieran ser. Creo que en eso tenemos más puntos en común que diferencias. Tenemos que ir por ese lado los dos, la escuela y las familias.

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La formación docente, una incorporación escasa

Liliana Maltz presenta Educación Sexual Integral. Una oportunidad para la ternura. Pero también brinda un taller sobre ESI y la relación con las familias. Maltz es capacitadora en espacios educativos y comunitarios; y capacitadora docente en el área de Inicial y de Educación Sexual Integral en la Escuela de Maestros (escuela de capacitación docente) perteneciente al Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires. Además fue coordinadora del área de Educación Sexual Integral y técnica nacional en el Programa Nacional Interministerial de Desarrollo Infantil Primeros años (2009-2014).

—¿Cómo ves la formación docente en el tema ESI?

—Fui profesora en institutos de formación docente y desde 2011 se empezó a incorporar la ESI como materia cuatrimestral. Terminado el cuatrimestre, las chicas (porque la mayoría eran mujeres) decían: “Profe, no alcanza, tiene que ser más transversal como se propone en las escuelas”. Y tenían razón. Entre eso y la nada, maravilloso que empiece a darse como materia, pero creo que hay que ir por más y todavía no se está dando en los profesorados de todas las provincias del país, que es lo que debería suceder. Todavía en ese punto hay mucha desigualdad. Por eso una cuestión central es que se dé en los profesorados de todos los niveles y carreras. Y como segundo paso, que pueda ser durante más tiempo, por lo menos anual.

¿Qué dice la ley sobre la ESI en las escuelas?

La ESI cuenta en la Argentina con un importante marco legal y curricular. Sancionada en 2006, la Ley Nº 26.150 establece la obligatoriedad de la Educación Sexual Integral en todos los niveles y modalidades del sistema educativo de todo el país. Además crea el Programa Nacional de Educación Sexual Integral como parte de una política pública que considera a la ESI como un derecho de la niñez y la juventud. Pero también, y tal como señala el artículo 9 de la ley, se propone como objetivo “vincular más estrechamente la escuela y la familia”. “Una cuestión central para destacar –dice Maltz en el libro– es la concepción de sexualidad integral que se plantea la ley, ligada a los afectos, al cuidado, al amor, que se aleja del modelo mercantilizado que hoy imponen la mayoría de los medios”.

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