Daniel Caraffini/ De la Redacción de UNO
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Pensar para despertar a una sociedad
“Papi, Mafalda dice que en los diarios solo salen las malas noticias. Y qué bueno sería que den buenas noticias”, me arrojó Delfi de manera sorpresiva, con espontaneidad, lucidez y frescura infantil.
Quino fue eje de la 40ª feria del libro por los 50 años de Mafalda. Números redondos para ideas bien formadas que siempre supo hacerle expresar a una niña de 6 años, que aún divide a la sociedad entre Mafaldas y Susanitas, pese a que pasaron décadas de su creación.
Al escuchar la frase de una niña de 8 años fanática de la tira, trae a cuenta una discusión que se vive en la realidad. ¿Por qué los medios venden más con noticias trágicas que con buenas noticias? ¿O eso es una ilusión y realmente la gente se quiere enterar de las cosas buenas que pasan en la sociedad? Tal vez no sea necesario que marchen a la par, pero el mundo tiene zonas de guerra y lugares de paz desde su creación.
A partir de allí se convive con la muerte y desolación, el hambre y los niños sufrientes que tampoco son noticia, porque son historias demasiado tristes.
Entonces qué mostrar o mejor dicho cómo contar. Quino describió por años un ambiente familiar donde el menú era siempre el mismo: sopa, verduras y con suerte alguna milanesa; donde el papá de Mafalda trabajaba muchísimo en una oficina para llevarla en verano de vacaciones o para comprarse un auto que después se le hacía difícil de pagar.
Escuela pública, almacén de barrio, televisión en familia, plaza, amigos, valores que hoy se difunden pero tal vez no bien descriptos. También un permanente cuestionamiento a los problemas sociales, y el deseo por su superación.
En cambio, los actores de nuestra realidad son niños y adolescentes que buscan notoriedad (y la logran) a través de la violencia, no por méritos educativos o deportivos. Las imágenes que recorren el día entero muestran a chicas tirándose de los pelos y pegándose golpes de puño como el mejor boxeador, pero si tienen que hablar no hilvanan una oración coherente.
La educación se derrumba, muchas veces deslinda responsabilidades atribuyendo factores familiares y sociales sin asumir su función inexcusable. Y son pocos los que fortalecidos por una familia y un apoyo diario que tiene que ver con el diálogo, el compartir, y no tanto el dar y obtener, alcanzan trascender mediáticamente por un proyecto educativo, emprendimiento, por su divulgación de valores o buenas acciones, o por un título deportivo.
Y como todos somos responsables, hay que parar la rueda en algún momento: evitar la violencia aunque se pierda plata y el público esté ávido de ver imágenes sangrientas –con programas especiales para ello–, que terminan naturalizando situaciones escandalosas, cultivando la cultura del ‘todo vale’, o generando conductas imitativas.
El dibujante Liniers, en el homenaje a Quino, expresó: “Yo tuve la suerte de arrancar a leer con Mafalda, y no se trata de alguien que te ayuda a portarte bien, sino que te hace reaccionar, te enseña a cuestionar todo el tiempo. Sus tiras no son para encontrar respuestas, sino para formular preguntas”. A veces no hay que mostrar todo, sino generar pensamientos.









