El lunes fue el cumpleaños de José, uno de los tantos paranaenses que no tienen casa ni trabajo y se la rebuscan para acurrucarse en el hospital San Martín cada noche para que el frío no le congele los sueños y para que la intemperie no le corroa el alma.
Una verdadera cultura de la solidaridad
11 de agosto 2016 · 08:53hs
Foto: Gentileza Suma de Voluntades
Quién sabe cuántos años habrá cumplido, y cuántos más le habrán sumado a su menudo cuerpo las inclemencias de la calle.
Un cuerpo convertido en número cuando se pretende desdibujar desde algún organismo estatal una cifra de cuántas personas viven en la calle; transformado en secuela social cuando se trata de justificar una coyuntura, de la que pocos se ocupan, diciendo que los desafiliados del sistema siempre existieron; desfigurado cuando insensiblemente se intenta imponer la falacia de que quienes deambulan por la ciudad sin techo, sin mayores oportunidades, sin un porvenir prometedor, eligen estar en situación de calle y no quieren cambiarla.
Sin embargo, afortunadamente, hay personas que descreen en esas posturas y desafían al destino para que quienes por años estuvieron ninguneados por un sistema excluyente, e incluso invisibilizados para que no molesten, puedan abrazar la dignidad de sentirse reconocidos, considerados, y se les devuelva la humanidad de la que en muchos casos fueron despojados. José cumplió años el lunes y no fue un día cualquiera. Los integrantes de la ONG Suma de Voluntades, que cada noche acercan un plato de comida y sobre todo comparten un vínculo cercano con quienes a menudo son postergados e ignorados, decidieron festejar. El menú fue distinto y hubo tortas, cotillón, sonrisas, abrazos, alegría. Fue un gesto maravilloso, que se suma a un trabajo permanente, extraordinario e incansable que excede la mera asistencia, que se expande y no discrimina, que silenciosamente se concreta, en la calle, en el barrio San Martín y las zonas aledañas, aunque algún interés se interponga, aunque no cuenten con un inmueble prometido. Nunca bajan los brazos e infunden esperanzas. "Queremos hacer de la solidaridad una cultura", repiten constantemente las personas que forman parte de Suma de Voluntades, y lo logran. Lo hacen con humildad y respeto, involucrándose e involucrando a otros. Llevando su legado a las escuelas y a otras instituciones. Dando cátedra de un respeto verdadero por los derechos humanos.











