Hoy por hoy
Sábado 15 de Abril de 2017

Avisame cuando llegues

Vas a salir tipo 7.30 con el pelo revuelto y anteojos grandes para darle tiempo a tu cara a despertarse. Te vas a poner los auriculares apenas pises la calle porque si creen que no escuchás quizás no te griten nada. Así que salís en desventaja, con un sentido menos. Las groserías te enojan, pero de noche te asustan.


En la esquina un tipo de traje te va a mirar fijo, se va a pasar la lengua por el bigote. Vas a ignorarlo, pero el asco, y la pena que sentís por la nena que lleva de la mano te persiguen unas cuadras más.


Mejor no ver, algunos se sienten provocados si los mirás a la cara. Entonces vas por la vereda con la vista en el teléfono. Cuando ves la sonrisa de Micaela en las redes sociales la angustia te va a asaltar como un guachín pasado; te pide todo, te faja, y no se va. Compartís en tu muro su foto mientras cruzás la calle y el primer like lo va a poner uno al que le escuchaste decir más de cien veces que las nenas de 12 a veces quieren.


En el colectivo te vas a hacer lugar hasta el fondo como una serpiente, te tapas el culo con la cartera, y las tetas con los apuntes de la facu. Quedás atascada en el medio y preferís hacer equilibrio para no tirarte encima de nadie. Cuando encuentres un asiento, de reojo vas a ver el cierre de un pantalón a la altura de tu cara, te vas a mover un poco comunicando tu incomodidad, pero él se va a quedar ahí. Firme. Así que te vas a arrinconar contra la ventanilla, y vas a viajar así, total en 15 minutos llegás. Ponés en loop esa canción que te gusta, cerrás los ojos, y seguís.


Cuando bajes, uno va a aprovechar para tocarte el culo y decirte una guarangada; en el laburo lo vas a contar y tus compañeros van a decir que no es para tanto aunque no paren de repetir que no tienen problemas con el puto de la oficina mientras no se pase de la raya. Tus compañeras están de acuerdo en que es mejor no contestar, que la violencia genera más violencia y como no hay forma de violencia de género más naturalizada que el acoso callejero, van a decir que después de todo es lindo recibir halagos en la calle aunque sean de un desconocido, aunque no los hayas pedido. Aunque a veces también te insulten porque sí.


A la vuelta vas a tener dos opciones para elegir dónde bajarte del colectivo: cerca de tu casa, aunque sea oscuro, o bajar donde hay luz y caminar 4 cuadras. Apagás la música: tenés que estar alerta por si hay que correr. Caminás rápido, con la llave entre los dedos y el puño cerrado. Conocés de memoria el camino, pero igual el corazón te late fuerte. Van a pasar dos chicos caminando y vas a cruzar de vereda. Vos qué sabés. Todos pueden ser.


Te parecerá exagerado, pero las calles que caminamos son un monstruo que se comen mujeres y las devuelven en una bolsa. Una cada 18 horas, como un juego macabro que cada vez se pone peor. Porque no es la ropa, ni la fiesta, ni las calles desoladas. Son los violadores y el Estado cómplice, que subestiman el peligro que representa un violador suelto.


Y así van a ser todos los días, lidiando con el miedo de saber que no estás a salvo en ninguna parte, ni vos, ni yo. Porque lo que hace que haya sido Micaela y no vos es solamente el azar, yo no voy a dormir hasta no saber que por fin estás en casa, así que por favor: avisame cuando llegues porque siempre, siempre, cabe la posibilidad de no llegar.

Comentarios